domingo, 31 de agosto de 2014

Homai Vyarawalla - India’s first woman press photographer










Besides capturing the last days of the British Empire, Homai Vyarawalla was one of the key visual chroniclers of the post-independence era, tracing the euphoria and disillusionments of a new nation as India’s first female photojournalist. For years her vast archive chronicling three decades of Indian history received less attention than the Indian work of her international contemporaries, Henri Cartier-Bresson and Margaret Bourke-White. But a new retrospective titled “Candid, The Lens and Life of Homai Vyarawalla” at Manhattan’s Rubin Museum of Art is finally paying tribute to her groundbreaking work.
Born in Navsari, Gujarat in 1913, Vyarawalla learned photography from her boyfriend Maneckshaw Vyarawalla. Her training at the Sir J. J School of the Arts, Mumbai influenced her pictorial sense as did the modernist photographs she got to see in second hand issues of LIFE magazine. Her early portraits of everyday urban life and modern young women in Mumbai show these influences, but since Vyarawalla was unknown and a woman, these were initially published in the Illustrated Weekly and Bombay Chronicle under Maneckshaw’s name.
In 1942 Vyarawalla moved to Delhi to join the British Information Services. There she photographed a significant meeting when Congress members voted for the partition of India. Vyarawalla also documented the rituals of Independence, the building of dams and steel plants and the state visits of the most famous names in 20th-century history, including Mohammed Reza Shah Pahlavi, Martin Luther King, Jr., Ho Chi Minh, Marshall Tito and Russian leaders Brezhnev and Khruschev.
In 1956 Vyarawalla captured the first entry of a young Dalai Lama into India for TIME-LIFE. High-society magazines like Onlooker and Current requested her for “pictures of good looking women.” Not surprisingly, they published large spreads on the visits of Queen Elizabeth I and the fashionable U.S. First Lady Jackie Kennedy.
But Vyarawalla had a style of her own, too. Once, while waiting for Mrs. Kennedy to emerge for a photo shoot in 1962, a colleague of Vyarawalla whispered to the photographer: “She isn’t dressed properly as yet!” Though Vyarawalla was from the westernized Parsi community where women also wore dresses, she mostly dressed in a saree on assignment. Formal attire offered respectability in conservative times when she was the only woman among photographers. Her colleagues, many of them younger, nicknamed her “mummy.”
At a time when candid photography was favored, she got the best shots but was unobtrusive and respectful of the dignity of her subjects. She captured her favorite subject Jawaharlal Nehru, who was India’s first Prime Minister, in playful and vulnerable moments. Ironically, her most famous photographs of Gandhi were taken during his funeral in 1948. Vyarawalla loved black and white, and she processed her own images and believed that the choice of monochrome preserved them for posterity. And more than 50 years later, it’s easy to see why.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La hermana outsider Audre Lorde

Audre Lorde, Meridel Lesueur y Adrienne Rich en 1980 en Austian, Texas (foto: K. Kendall).
Audre Lorde, Meridel Lesueur y Adrienne Rich en 1980 en Austian, Texas (foto: K. Kendall).
La figura de Audre Lorde ocupa, por varias razones, un lugar central en el feminismo contemporáneo. Primero porque es, junto con Angela Davis y bell hooks, una de las voces fundamentales del feminismo afroamericano, precursora, desde los márgenes de la academia, desde la legitimidad que le da su propia historia, de la llamada crítica decolonial. Segundo porque, pese a estar firmemente arraigada en los acontecimientos que convulsionaron la sociedad norteamericana en las décadas de los sesenta y setenta (el movimiento de los derechos civiles, las revueltas raciales, la aparición de los Black Panthers, de Malcom X y Martin Luther King, la emergencia de la contracultura y el despertar de la segunda ola feminista), la suya es una voz imperecedera. Una voz que va al centro del conflicto, para nombrarlo.
“Como mujeres, algunos de nuestros problemas son comunes, otros no. Vosotras, las blancas, temeis que al crecer vuestros hijos varones se sumen al patriarcado y testifiquen contra vosotras. Nosotras, en cambio, tememos que a los nuestros los saquen de un coche y les disparen a bocajarro en plena calle, mientras vosotras dais la espalda a las razones por las que están muriendo.”
Ante todo poeta pero también ensayista, profesora de literatura y conferenciante, Lorde es autora de una docena de libros. Creció en Harlem en la década de los treinta, trabajó de bibliotecaria, fue madre de dos hijos, se divorció, empezó a escribir. “Tenía que encontrar una forma de expresar mis sentimientos. Solía memorizar mis poemas. Los decía en voz alta, no los escribía.” Se enamoró de la mujer que sería su pareja para el resto de la vida en una residencia para escritores en Mississipi, a la que llegó aterrorizada y de la que regresó convertida en autora. Murió en 1992 tras una década de lucha contra el cáncer, dejando tras de sí una obra profunda y cercana, de alcance multiplicador.
En los círculos feministas de tradición occidental, su obra sigue siendo poco conocida
El próximo 20 de junio se presenta en el Ladyfest de Madrid el documental “Audre Lorde. The Berlin Years, 1984 to 1992” de Dagmar Schultz, que retrata los últimos años de su vida y su influencia en toda una generación de feministas negras europeas. Pero aquí, y en general en los círculos feministas de tradición occidental, su obra sigue siendo poco conocida. Las citas recogidas a continuación provienen todas de Sister Outsider, su emblemática recopilación de artículos y discursos publicada por primera vez en 1984 y re-editada en 2007 (Traducido al español por María Corniero Fernández: “La hermana, la extranjera”, editorial Horas y horas, 2003)
“Muchas mujeres blancas están empeñadas en ignorar lo que nos distingue.”
En uno de los texto centrales de Sister Outsider, ‘Age, Race, Class and Sex: Women Redefining Differences’ de 1980, Lorde da su particular visión de la teoría de la interseccionalidad.  “Cuando las mujeres blancas ignoran el privilegio que supone ser blanca en una sociedad racista y definen a todas las mujeres únicamente en base a su propia experiencia, las mujeres de Color[1] nos convertimos en “las otras”, unas extrañas cuya experiencia es demasiado ajena para ser comprendida. Un ejemplo es la significativa ausencia de la experiencia de las mujeres de Color en los estudios de género. A menudo, la excusa es que la literatura de las mujeres de Color solo puede ser enseñada por mujeres de Color y que es difícil de entender porque proviene de experiencias “demasiado diferentes”. He escuchado este argumento en boca de mujeres blancas que, sin embargo, no tienen ningún problema en enseñar el trabajo proveniente de experiencias de vida tan dispares como las de Shakespeare, Molière, Dostoievsky o Aristófanes.”
Al analizar las diferentes experiencias de las mujeres negras y blancas en la sociedad estadounidense, Lorde insiste en la necesidad de pensar las divisiones de género en conjunción con otras categorías de exclusión, que den cuenta de las muchas variables que definen la posición de cada una de nosotras. “La palabra sororidad”, dice, “presupone una homogeneidad de la experiencia que en realidad no existe. En el sistema patriarcal, los mecanismos que nos neutralizan no son iguales. Para las mujeres Negras es fácil verse utilizadas en contra de los hombres Negros, no por su condición de hombres, sino por su condición de Negros. Nosotras debemos en todo momento distinguir entre las necesidades de nuestros opresores y nuestros propios y legítimos conflictos, como mujeres, al interior de nuestras comunidades. Este problema no existe para las blancas.”
“La palabra sororidad presupone una homogeneidad de la experiencia que en realidad no existe”
Además, a las mujeres blancas se les ofrece “un gran abanico de opciones y recompensas a cambio su identificación con el poder patriarcal”. Para ellas, dice Lorde, es más fácil creer que “si eres lo bastante buena, lo bastante guapa, lo bastante dulce, lo bastante discreta, si enseñas a los niños a comportarse, si odias a las personas adecuadas y te casas con el hombres adecuado, te será permitido co-existir en el patriarcado en relativa paz; al menos hasta que un hombre necesite tu trabajo o haga su aparición el violador de la esquina.” Pero, insiste, esta posibilidad tampoco se da para las mujeres negras “Para nosotras, la vida entera está teñida de violencia. No solo nos enfrentamos a ella en la primera línea de frente, o a medianoche en callejuelas oscuras, o en los lugares donde nos atrevemos a expresar nuestra resistencia. La violencia es el tejido de nuestra vida.”
¿Pero qué implica entonces la diferencia entre las mujeres para la lucha de las mujeres? ¿Cómo construir un espacio común si el lugar que ocupamos no es, ni puede ser, el mismo? ¿Cómo pueden las herramientas de una sociedad patriarcal y racista servir para examinar los frutos de ese mismo patriarcado racista? Estas son las grandes preguntas que atraviesan la obra de Lorde. “Lo que no separa no son nuestras diferencias, sino la resistencia a reconocer esas diferencias y enfrentarnos a las distorsiones que resultan de ignorarlas y malinterpretarlas. Cuando nos definimos, cuando yo me defino a mí misma, cuando defino el espacio en el que soy como tú y el espacio en el que no lo soy, no estoy negando el contacto entre nosotras, ni te estoy excluyendo del contacto – estoy ampliando nuestro espacio de contacto.”
“Una opresión no puede justificar otra.”
Pero no solo está el racismo de las mujeres blancas. También el sexismo de los hombres negros, que acusan a sus hermanas de debilitar su lucha común, la lucha por la igualdad racial. En ‘Sexism: An American Disease in Blackface’ de 1979, Lorde articula su respuesta a los ataques provenientes de la propia comunidad afroamericana:
“Las mujeres negras hablamos como mujeres porque somos mujeres y no necesitamos a nadie que hable en nuestro nombre. Hay cuestiones particulares que afectan a nuestras vidas como mujeres negras, y hablar de ellas no nos hace menos negras. ¿Por qué debemos absorber la rabia de los hombres negros en silencio? ¿Por qué su rabia es más legítima que la nuestra? La ausencia de un punto de vista razonable y articulado de los hombres negros sobre estas cuestiones no es responsabilidad nuestra. Son los hombres negros quienes deben tomar conciencia de que el sexismo y la misoginia son disfuncionales para su liberación porque provienen de la misma constelación que el racismo y la homofobia.”
www.audrelorde-theberlinyears.com
www.audrelorde-theberlinyears.com
conferencia sobre literatura y lesbianismo que más tarde daría pie a su texto ‘The Transformation of Silence Into Language And Action’. “En la causa del silencio, cada una de nosotras lleva en la cara la imagen de su propio temor: temor al desprecio, a la censura, a los juicios, a la aniquilación. Pero sobre todo, temor a la visibilidad. Las mujeres negras siempre hemos sido, por un lado, muy visibles, y por otro, hemos estado invisibilizadas como consecuencia de la despersonalización del racismo.”
“Las mujeres negras hablamos como mujeres porque somos mujeres y no necesitamos a nadie que hable en nuestro nombre”
“Hay muchas formas en las que soy vulnerable y no puedo evitarlo. No voy a hacerme aún más vulnerable poniendo armas de silencio en manos de mis enemigos.” Y al otro lado del silencio, para Lorde, está la poesía. “La calidad de la luz con la que analizamos nuestras vidas tiene un impacto directo en lo que vivimos. En esa luz se forman nuestras ideas. Eso es lo poético, entendido como iluminación. Por eso debemos aprender a respetar nuestros sentimientos y trasladarlos a un lenguaje en el que puedan ser compartidos.”
En una entrevista con Adrienne Rich, Lorde confesará que, hasta la publicación de ‘Poetry Is Not A Luxury’, uno de sus textos más bellos, en 1977, no había sido capaz de escribir en prosa. “No podía. Comunicar pensamientos profundos en bloques lineales, sólidos, era superior a mí. Veía el pensamiento como un proceso misterioso, del que desconfiaba, pues había visto cometer muchos errores en su nombre, y había llegado a no respetarlo. Además, me daba miedo porque había convicciones incuestionables, a las que había llegado en relación con mi vida y mis sentimientos, que desafiaban la razón. No quería perderlas porque eran demasiado preciosas para mí, eran mi vida. Pero tampoco podía analizarlas porque no producían el tipo de sentido que me habían enseñado a esperar de los procesos de entendimiento. Eran cosas que yo sabía pero que no podía nombrar.”
“La poesía ha sido la voz de los pobres, de la clase trabajadora y de las mujeres de Color. Para escribir prosa se necesita una habitación propia, pero también grandes cantidades de papel, una máquina de escribir y mucho tiempo. Cuando hablamos de una gran cultura de mujeres, debemos ser conscientes del efecto que la clase y las diferencias económicas tienen en el arte que producimos.” En ‘Poetry Is Not A Luxury’ Lorde se enfrenta por fin a esos “bloques de pensamiento lineal” y se explica a sí misma su particular posición como poeta. “Los padres blancos nos dicen: pienso, luego existo. Pero la madre negra que llevamos dentro -la poeta- nos susurra en nuestros sueños: siento, luego puedo ser libre. La poesía es esa destilación de la experiencia, con la que damos nombre a lo que aún no lo tiene, para poderlo pensar.”

martes, 26 de agosto de 2014

Historia de Carmen: Memorias de C. Díez de Rivera

Historia de Carmen: Memorias de C. Díez de Rivera





Asoma en estas páginas una vida titánica. Carmen Díez de Rivera encarna una tragedia que se proyecta sobre una España decidida a olvidar todo lo que pueda ser un obstáculo al goce. Fue la hija pequeña de María Sonsoles de Icaza, esposa de Francisco Díez de Rivera, marqués de Llanzol. Nace en 1942 y pronto llama la atención por la belleza de sus ojos azules y el rubio intenso de su pelo. En el Madrid dolorido y pequeño de entonces empieza a correr la especie de que el padre es Ramón Serrano Suñer, el influyente ministro de Asuntos Exteriores y cuñado de Franco.

El drama llega con la fuerza de una tragedia griega cuando, a los 17 años, Carmen Díez de Rivera se presenta en su parroquia para pedir los papeles para casarse. Ignora que se ha enamorado de su hermanastro Ramón Serrano-Suñer y Polo. Ese trauma determinará su vida y quizá su muerte, en noviembre de 1999.

La periodista Ana Romero conoció a Carmen Díez de Rivera en marzo de 1999, y lo que empezó como una entrevista para El Mundo ha acabado en un libro a medias entre la historia de vida y la biografía. Como se escribe en la nota introductoria, el material a partir del cual se ha escrito este volumen procede de conversaciones, de los diarios y las declaraciones en cinta magnetofónica que Carmen le proporcionó. A esto se añaden aportaciones de amigos y fuentes bibliográficas.

La vida de Carmen Díez de Rivera a disposición del lector es apasionante. Ana Romero comienza por mostrar los primeros años de la vida de una niña de la aristocracia madrileña. Si la marquesa de Llanzol es retratada como una mujer pendiente de su belleza y de la moda del gran Balenciaga, la visión de Serrano Suñer, apenas apoyada en sus memorias y en la interesante, pero incompleta, biografía que le hizo Ignacio Merino, resulta algo endeble.

Tras descubrir de quién es hija en 1965, Díez de Rivera escapa al áfrica Negra. En Costa de Marfil da clases en la selva. De vuelta a España decide, en un gesto infrecuente en la época y en su clase social, que tiene que ganarse la vida. Busca trabajo y da con un Adolfo Suárez director general de Radio Televisión Española con 37 años. Se permite, en el propio despacho de Suárez, llamarle fascista. Vuelve a coincidir con él en una cena en el palacio de La Zarzuela y acaba trabajando para él. En el entretanto trabaja con Zubiri y su madre la echa de casa.

En julio de 1976 Carmen Díez de Rivera es nombrada directora del Gabinete del Presidente de Gobierno, Adolfo Suárez. Durará en el cargo hasta mayo de 1977, aún cuando su vinculación a Suárez se prolongue en el tiempo. Relacionada con La Zarzuela, vive con un gran protagonismo la Transición. A través del libro vemos a Carmen como elemento clave, junto al Rey, de la legali- zación del PCE. Monárquica pero fascinada por las banderas republicanas y los puños en alto de los primeros mítines de la Transición, transmite una visión agria de Suárez.

Siempre atada a los distintos avatares políticos, cae víctima de un cáncer que, en su opinión, le trata equivocadamente un médico madrileño. Muere una mujer que ha quedado en el inconsciente colectivo de su generación. Bella, contradictoria y uno de los personajes esenciales para entender la Transición.
 

lunes, 11 de agosto de 2014

El mayor revés del deporte chino


En China no saben si adorar u odiar a Li Na. Por un lado, en 2011 se convirtió en la primera tenista del continente asiático que alza la copa de un Grand Slam, y lo ha hecho ya dos veces. De hecho, tras haber salido victoriosa del Open de Australia, en febrero incluso se aupó al número dos mundial del tenis femenino, todo un orgullo para su país natal. Pero, por otro lado, su individualismo, su fuerte carácter, y sus quejas hacia el sistema deportivo chino le han granjeado fuertes críticas y la animadversión crónica de la prensa china, a la que evita siempre que puede. Curioso teniendo en cuenta que, en 2002, dejó la selección nacional para estudiar Periodismo.
:: EFE
El momento culminante de esta turbulenta relación con todo lo que tenga que ver con la oficialidad china llegó en 2008, cuando un reportero de la agencia de noticias oficial Xinhua le preguntó por su derrota en Roland Garros y por la decepción que había provocado entre los seguidores chinos. Ella respondió rotunda. «Sólo he perdido un partido. ¿Debería arrodillarme y pedirles perdón?». Poco después de esta polémica, tras la que muchos tacharon a Li de antipatriótica, comenzó a circular por el ciberespacio un vídeo –cuya autenticidad se ha puesto en duda– que demostraría fricciones con el Gobierno desde el inicio de su carrera. En las imágenes, una joven Li recibía a la vez una medalla y una bofetada de manos de un funcionario chino.
Estén o no trucadas las imágenes, lo cierto es que Li dio un golpe en la mesa al exigir en 2008 su libertad dentro del equipo nacional, a cuyos entrenadores acusó de moverse únicamente por los resultados y las medallas, sin tener en cuenta la salud tanto física como mental de los deportistas. Y amenazó con marcharse de la selección si no se le concedía ese privilegio que le permitía entrenar por su cuenta, y, no menos importante, pagar en concepto de impuestos sólo el 12% de los ingresos que obtuviese. Una cantidad muy inferior al 65% del resto. Se ganó esa concesión con la victoria en dos sets frente a la estadounidense Venus Williams durante los Juegos Olímpicos de Pekín, y luego le ha sacado gran partido.
Según la revista ‘Forbes’, Li Na ingresa anualmente 23,6 millones de dólares (18 millones de euros) que la llevan al número 41 de los deportistas mejor pagados del mundo en todas las modalidades. Y, a pesar de sumar ya 32 primaveras, su fortuna continúa creciendo gracias a sus éxitos deportivos y a la suma del patrocinio de grandes multinacionales como Nike o Rolex y la de empresas chinas que se ven necesitadas de roles femeninos con fuerza. Una fuerza que también se refleja en los 23 millones de seguidores que Li tiene en su cuenta de Weibo, el Twitter chino. Al fin y al cabo, el carácter controvertido de Li no deja de ser un buen reflejo del que hacen gala muchas jóvenes chinas en el siglo XXI.
Sin duda, el de la tenista es un ejemplo que muchas otras sueñan con seguir. Nació en el seno de una familia de clase media, y su padre fue un jugador de bádminton mediocre cuya carrera deportiva se vio truncada por la Revolución Cultural de Mao. «Una de mis mayores tristezas es que mi padre no haya podido verme jugar», reconoció en una entrevista con la cadena ESPN. No en vano, Li accedió al equipo provincial de tenis de Hubei poco después de la muerte de su progenitor, cuando tenía 14 años, y al año siguiente se alzó con el primer título nacional. Fue entonces cuando se hizo evidente que su carrera prometía, y consiguió reunir el dinero necesario para entrenar durante seis meses en Estados Unidos. Eso sí, la primera noche la tuvo que pasar en el aeropuerto de Los Ángeles porque los funcionarios de Inmigración no le permitían acceder al país.
La historia ahora ha dado un vuelco. Li Na provoca admiración por todo el mundo, pero sigue fiel a sí misma. Buen reflejo de ello es la relación que mantiene con el también tenista Jiang Shan. Se conocieron cuando ella tenía solo 12 años y, a los 16, cuando Jiang era su entrenador, Li se enamoró de él a pesar de que esas relaciones están prohibidas en China. Tras haber salido derrotada en el Open de Australia de 2006, a él no se le ocurrió otra fórmula para alegrarla que proponerle matrimonio en un karaoke con 99 rosas.
Desde entonces, aunque algunos critican que Jiang ha sacrificado su carrera deportiva por la de ella y sus cabreos a veces se airean en público, la pareja es inseparable. «No tendremos hijos hasta que deje el tenis», avanzó Li en una entrevista con un diario deportivo chino. «Y no permitiré que sean deportistas», sentenció. «Esta es una vida muy dura».

martes, 5 de agosto de 2014

¿Dónde están las mujeres artistas?


Jemima Kirke ('Girls') colabora con las Guerrilla Girls y la Tate Modern en un video que demuestra cómo los museos y los libros de Historia han olvidado (y arrinconado) la aportación femenina artística.

cover jemima
Kirke, en la campaña de joyería que protagonizó para la firma Scosha.


"En el arte siempre ha habido mujeres, pero han sido los hombres los que han escrito los libros de Historia". La que habla es Jemima Kirke, a la que muchos conocerán por interpretar a Jessa Johansson en Girls. Ella, en realidad, no se cansa de repetir que no es una actriz profesional. Kirke se dedica a la pintura desde hace años y aparece en la serie de la HBO (emitida en España en Canal+) porque es amiga íntima de Lena Dunham desde que eran pequeñas. Conocemos a Jessa porque, básicamente, Dunham un día le dijo "No tienes por qué pintar, también puedes ser actriz". Listo. Ya podíamos visualizar a Jessa, esa rubia con acentro británico y "la cara de Brigitte Bardot con el culo de Rihanna".
Kirke se ha aliado ahora con las Guerrilla Girls y la Tate Modern para poner rostro a un video ilustrativo y documentado sobre cómo el arte ha arrinconado a las féminas durante toda su historia. El clip está disponible en el canal de YouTube de la galería londinense:
Aunque seis minutos no dan para un tratado sobre este déficit de atención a las artistas, estos son algunos hechos que aprendemos de su visionado:
-El misterioso caso de Judith Leyster. Su pintura, muy similar a la del sí reconocido Frans Hals, no tuvo el mismo reconocimiento que la del pintor de la escuela barroca. Tan parecidos eran que hasta los libros de Historia atribuyeron cuatro de sus obras al neerlandés y en el Louvre se llegó a colgar uno de los cuadros de Leyster (Happy couple) asegurando que estaba pintado por Hals.
-Masculinizar mi nombre para entrar en el circuito: Tal y como relata Kirke, existen pintoras que solo usaban sus iniciales u otras que optaban directamente por cambiarse el nombre. Como el caso de la pintora expresionista Grace Hartigan (1922-2008), que firmaba al principio de su carrera como George Hartigan, por, tal y como ella mismo defendió "el miedo a que no se tomasen su trabajo demasiado en serio".
Grace Hartigan
Uno de las obras de Hartigan y la artista, fotografiada en 1959.
Foto: Corbis/ Getty
-Firmo con iniciales, no vayan a pensar que soy una mujer. Lee Krasner (1908-1984) fue una de las maestras del expresionismo abstracto estadounidense en la segunda mitad del siglo XX y es una de las pocas mujeres que ha conseguido una retrospectiva en el MoMA de Nueva York. La mayor parte de su obra la firmó con las iniciales L. K., quizá motivada por el influjo de su mentor, Hans Hoffman, que llegó a comentar que su trabajo "era tan bueno que nunca imaginarías que lo ha pintado una mujer" y que marcó profundamente su espíritu autocrítico. Krasner decidió firmar con L. K. también por otra razón: en 1945 se casó con Jackson Pollock y pasó a ser conocida popularmente comoMiss Jackson Pollock, un sobrenombre que marcó su carrera y que rechazaba profundamente.
Lee Krasner
Lee Krasner, fotografiada en 1955.
Foto: Getty
La vanguardia no será femenina (ni feminista): A la artista Margaret Harrison, fundadora del Women's Liberation Art Group de Londres, la policía llegó a cerrarle una exposición en 1971 porque consideró "pornógrafica" su obra. Uno de sus dibujos mostraba a Hugh Hefner (creador de Playboy) como una conejita desnuda. Su caso es solo una muestra más de cómo en los 70, cuando las vanguardias eran más conservadores de lo que parecía y también ponían trabas a las artistas.
Margaret ok
A la policía no le pareció mal el dibujo de la mujer en el sandwich, pero sí consideró que vestir a Hugh Hefner de conejita era "demasiado desagradable" para el público.
Foto: Ilustraciones de Margaret Harrison/ Tate Modern
El video guionizado por las Guerrilla Girls podría tener muchos capítulos más. Por algo este colectivo artístico encargado de denunciar la discriminación sexual y racial en el arte, en el cine y la cultura lleva en activo más de tres décadas.
Desde 1985, estas mujeres que mantienen el anonimato bajo máscaras de gorilas y visten parte del uniforme de las Riot grrl (medias de rejilla y minifaldas) bajo sobrenombres de artistas ya fallecidas han conseguido infiltrar su discurso en los grandes museos. Tras empapelar Nueva York con carteles que denunciaban el escaso porcentaje de artistas femeninas en los centros artísticos (su poster más popular es el de ¿Tienen que desnudarse las mujeres para entrar al Metropolitan? –Menos del 3% de los artistas en el museo son mujeres, pero el 83% de los desnudos son femeninos–), este colectivo ha conseguido que su documental Guerrilla in our Midst (1992) se haya visionado en centros de arte de todo el mundo (el último, en el AhóndigaBilbao).
Artistas del diseño gráfico y del lenguaje publicitario, las Guerrilla Girls dominan el arte de estetizar las estadísticas para denunciar el sexismo y aportar al debate social lo que ellas denominan "la conciencia del mundo del arte". Las Pussy Riot se declaran herederas de sus ideales y ahora se acercan al gran público con la ayuda de estrellas (arty) de la televisión. 30 años después, siguen siendo necesarias.
Guerrilla Girls

viernes, 1 de agosto de 2014

La escritora danesa que hizo voltear la mirada hacia África