miércoles, 31 de diciembre de 2014

Muere Luise Rainer, una actriz independiente





Tenía 104 años y parecía eterna Luise Rainer. “El secreto de una vida larga es no creer nunca a los médicos”, decía. Se la vio hace poco tomando café en una terraza de Lugano, ciudad en la que residió parte de sus últimos años. Y hace tres inauguró su estrella de la fama en Berlín, acomodada ya en silla de ruedas pero con la misma vitalidad y la misma sonrisa que la caracterizaron siempre. Murió ayer en Londres, ciudad en la que había cosechado algunos de sus grandes éxitos teatrales.
El teatro fue su pasión desde que de jovencita se alistó en la compañía del legendario Max Reinhardt (“Luise Rainer en un escenario es pura poesía”, dijo de ella Thomas Mann), pero pasará a la historia por los dos Oscar que recibió en la meca del cine: en 1937 por El gran Ziegfeld, y en 1938 por La buena tierra,arrebatándoselo en esa ocasión a Greta Garbo, candidata por La dama de las camelias, papel que la Rainer había rechazado. Luise Rainer cautivó con su expresión ensimismada, su porte frágil pero enérgico cuando era necesario, y una mirada que iluminaba de sabiduría su rostro, “con una luz propia que a nadie se parece ni a nadie se parecerá”, como dijo de ella Anain Nin.
En Hollywood triunfó pero se cansó pronto de los insípidos papeles que le ofrecían (“se creyeron que habían comprado un gato en un saco en vez de contratar a una actriz”, comentó), y regresó al teatro, aunque no a su Alemania natal, que había abandonado con la llegada de Hitler al poder. Militante antifascista, fue una dinámica defensora de la Segunda República Española, para la que recaudó fondos entre las gentes de Hollywood, habilitó un castillo en Francia para acoger a niños republicanos que huían de la guerra (a 10.000 dicen que llegó a dar cobijo) y sufragó en parte el rodaje de Tierra de España (1937), de Joris Ivens. De entre todas las figuras de Hollywood que se movilizaron contra Franco, “sin duda alguna fue Luise Rainer la que más hizo por la España leal”, según la escritora Lilian Hellman. En consecuencia, la simple mención de su nombre estuvo prohibida por el Gobierno de Franco, junto al de otras estrellas que habían tenido similar actitud.
En 1986, aniversario del principio de la guerra española, el Festival de San Sebastián le rindió un homenaje al que ella acudió. Adoraba lo español. Aún se recuerda el entusiasmo con que presentó el Oscar que ganó en 1983 José Luis Garci con Volver a empezar.
La Rainer fue una mujer rebelde e independiente. Se hizo famoso el discurso contra la invasión japonesa en China que pronunció en el Madison Square Garden, y durante la II Guerra Mundial se involucró con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos viajando por Europa para alentar a los soldados, por lo que obtuvo el título de “teniente honorífico”. Tras la guerra regresó al teatro en Broadway y Londres, donde obtuvo nuevos éxitos, sin olvidar por ello la televisión... Pero jamás volvió a intervenir en el cine de Hollywood. Aunque apareció esporádicamente en alguna película europea, también rechazó una oferta del mismísimo Fellini. Nadie la doblegaba. En Hollywood había sido amiga de Einstein, Remarque, Brecht, Chaplin o del dramaturgo Clifford Odets, su primer marido, más tarde acusado de comunista por el Comité de Actividades Antiamericanas.
Cuando visitó San Sebastián fue alojada en el palacio de Ayete, donde Franco solía pasar sus vacaciones. Cuando se enteró de ello, la Rainer protestó, sin perder el buen humor pero horrorizada ante la idea de estar durmiendo en la misma cama del dictador. No hubo quien la convenciera de que el palacio había sido renovado tras la muerte de Franco, 11 años atrás. Prefirió un hotel más modesto. Era su genio.

domingo, 21 de diciembre de 2014

La olvidada historia de la mujer que disparó a Andy Warhol




La vida de Valerie Solanas no fue nada fácil. Vivió en la calle, mendigó, cobró a hombres por hablar con ellos, acabó prostituyéndose y dejó poco rastro. Su legado puede a día de hoy seguir escandalizando a muchas personas. Altamente inteligente, firme a sus principios, la autora de SCUM Manifesto decidió disparar a Andy Warhol el 3 de junio de 1968 al sentirse utilizada y engañada por el artista. El ataque debió durar unos quince minutos en total, una auténtica película de terror desde que subió en el ascensor con Warhol hasta que le disparó dentro de la Factory. Y un acto que tuvo grandes consecuencias: ni Solanas ni Warhol volvieron a ser jamás las mismas personas.

Valerie Solanas, the defiant life of the woman who wrote SCUM (and also shot Andy Warhol)
 es la primera biografía escrita sobre ella. Y precisamente trata de romper la imagen de Solanas estereotipada para ofrecer un retrato más complejo de su personalidad y de su figura como artistaSCUM puede considerarse un polémico documento –sigue sin saberse con toda certeza si Solanas lo decía en sentido literal, pero la obra defiende el exterminio de los hombres–, sin embargo también fue una obra que mostraba sin pudor alguno la rabia de las mujeres ante el sistema patriarcal, algo que no se había hecho jamás de una forma tan directa.
Redactado a modo de manifiesto, un género en sí mismo que se caracteriza por ser rompedor y huir de los convencionalismos académicos, el SCUM es un puñetazo, serio pero hilarante a la vez. Una obra de arte cuya misión sigue siendo difícil de definir en su totalidad. Aunque, a priori, cualquiera que lo haya leído pueda pensar que está escrita como producto de un delirio momentáneo, de su biografía se deduce lo contrario, se trata de una obra extremadamente reflexionada y muy corregida. Una de las máximas obsesiones de la autora fue la publicación de la edición original de la obra, su autoedición, especialmente tras tener que lidiar con la edición que su editor Maurice Girodias de Olympia Press puso a la venta y por la cual ella nunca cobró ni un céntimo.

Diez años de investigación fueron los que tardó Breanne Fahs, autora de la biografía, para dotar de una cronología con sentido a su vida. “Recopilar cosas y datos fue muy lento, encontrar a la gente y conseguir que la gente quisiera hablar de ello también. El entorno de Valerie lo formaban personas complicadas y fue difícil convencerlas de que algo como esto merecía la pena. Además mucha gente la odiaba y no querían hablar de ella para nada”, explicó la autora en la presentación del libro en la librería Bluestockings de Nueva York.
Contextualizar su vida y su obra es necesario. Solanas convivió con la esquizofrenia paranoica, y tras el disparo estuvo internada en centros psiquiátricos para mujeres con historiales oscuros en cuanto al trato de sus pacientes, vivencias que agudizaron su enfermedad. Sus expectativas para SCUM manifesto nunca se cumplieron. Y tras idas y venidas de la prisión y de centros psiquiátricos, llamadas a Andy Warhol, amenazas constantes a su editor, hubo un momento en que el declive fue imparable. Murió en condiciones lamentables, tan lamentables que fuerzan la pregunta de si las cosas podrían haber sido distintas.

Hablamos con la autora del libro, quien tras toda la investigación llevada a cabo es una de las personas con más conocimiento de la artista a día de hoy.

– ¿Cuál fue la primera reacción que tuviste cuando leíste 'SCUM manifesto'?
– Sentí que era profundamente divertido pero que estaba en una frontera muy clara con la realidad. Ahora entiendo el manifiesto como una fusión entre verdad y absurdidad, como solo los grandes comediantes pueden hacer. Es un documento muy extravagante, valiente, intenso, divertido y rabioso a la vez, pero también habla de algo verdadero sobre la relación entre hombres y mujeres. Es a través de esta absurdidad que sentimos alivio por el hecho de que alguien se haya atrevido a decir estas cosas. No podía parar de reír cuando lo leí por primera vez e inmediatamente quise saber más sobre la vida y obra de Valerie.
– Wikipedia incluye el SCUM como ejemplo de un notable manifiesto. ¿Cuáles son sus características principales?
– No tiene consideración por el canon de pensamiento, ni ninguna cita al pasado. No homenajea a nadie, ni usa un lenguaje cuidadoso ni cauteloso. Usa el “nosotros” universal y sienta una visión de futuro revolucionario. SCUM es un maravilloso ejemplo de la mágica energía presente en este género literario. Es radical, rabioso e intransigente.
– ¿Por qué le recomendarías a alguien leerlo?
– Retrata un buen punto de vista sobre la relación de las mujeres con su propia rabia, así como del entendimiento de los hombres de la opresión y el sexismo. Es un documento extraño como nunca ha habido, especialmente en los círculos feministas. Todavía hay dudas de si iba en serio o si era satírico, yo creo que la intención de Valerie eran las dos cosas, no una u otra. Es a la vez un documento de su época (1967 en Nueva York), pero también un documento que muestra una urgencia, como si estuviera escrito hoy. Leerlo por primera vez es toda una experiencia.
– Valerie Solanas captó la atención de mucha gente a su alrededor. ¿Por qué era tan especial?
– Estaba en el límite del límite, era una outsider de los outsiders. Era tan extrema y radical que incluso los que estaban en el límite pensaban que era extraña y la rechazaban. Era inteligente y brillante, pero también peligrosa y mentalmente enferma. Todo a la vez.
– El final del libro es muy duro e irremediablemente te interroga sobre si era posible otro final para su vida o sobre qué cosas se podrían hacer mejor en estos casos.
– A mí me sigue haciendo llorar. Es una historia trágica porque nos deja con la sensación de que Valerie era una persona con mucho talento cuya vida se convirtió en horrible, especialmente hacia el final. Acabó volviéndose loca y siendo rechazada como tantas otras personas pobres o mentalmente enfermas. La historia de Valerie nos recuerda que la sociedad tiene mucho que hacer en el campo de las enfermedades mentales. Hubo un tiempo en el que se entendía la locura como una conexión con la verdad, pero nos hemos olvidado de esta conexión. Ahora se busca contener la locura, asegurarnos de que está bajo control. Valerie era capaz de ver cosas que otros no podían ver. Tal vez si viviéramos en un mundo que valorara a las mujeres, su trabajo, sus pensamientos y sus textos, Valerie hubiera tenido una vida mucho mejor. No podemos saberlo.
– ¿Te hubiese gustado conocer a Valerie?
– Por supuesto. Como biógrafa me he pasado mucho tiempo con sus documentos, sus fotos, sus textos e intentando buscar a aquellos que la conocían. Siento que la conozco bastante bien, pero es raro no haberla conocido en persona. Me hubiera encantado ver a Valerie en acción. La gente dice que tenía una intensidad incesante, una energía salvaje y que era completamente magnética incluso cuando era peligrosa. Supongo que esta biografía es un intento para ayudar a la gente a conocerla lo más posible. Valerie Solanas merece el reconocimiento y la dignidad que no se le dio durante su vida.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Dr. Jane Goodall: “Buy less, waste less, savor it more”


World-renowned primatologist and conservationist Dr. Jane Goodall has some ideas. Educating and empowering people the world over can lead to more environmentally sound actions, she said, “if people will begin thinking about the consequences of the little choices we make.”
Captain Planet Gala
Photo credit: John Amis for Captain Planet
Some specific suggestions: Walk or bicycle if you can. Eat less meat, as grazing cattle depletes natural resources. Conserve water, recycle, buy organic food or garden.
“It costs a little bit more to buy organic,” she said. “Buy less and waste less and savor it more. Everybody can play a part.”
Goodall, who at 80 still travels about 300 days a year, was in Atlanta earlier this month to receive the 2014 Exemplar Award from the Captain Planet Foundation. The organization was launched by CNN founder and environmentalist Ted Turner and now helmed by his daughter, eco-activist Laura Turner Seydel.
The gala was held at the InterContinenal Hotel in Buckhead, and celebrity attendees included longtime CNN personality Larry King and Turner’s former wife and good friend Jane Fonda.

Ahead of the festivities, we were granted a few minutes with Goodall.
“When I was young, we didn’t have all the environmental problems,” she said, sounding weary not only from her latest globe-trotting but at the state of forests, coastline and wildlife she sees when she visits points around the world. “Flying across Africa, it used to be solid forest. It’s not anymore. The first time I went to Panama, we went past lush forests. I went back four or five years later, and there were cattle everywhere and the forests were destroyed. In Greenland, the ice used to never melt.”
Goodall’s appreciation for the environment grew from her love of wildlife. In 1960, at 26, she made her first trip from England to what is today Tanzania to begin studying wild chimpanzees, then little understood. Today the Jane Goodall Institute works to protect the chimpanzees of Gombe Stream National Park in Tanzania, and educates young people through its Roots & Shoots program.
“When I arrived in Gombe, there were forests,” she said. “When I flew over in the early 1990s, I saw a tiny little forest surrounded by barren hills.”
Worldwide, she has observed three trends that contribute to deforestation and other environmental ills: poverty, materialism and overpopulation.
“When you’re living in poverty, you’re going to cut down trees to grow food for your family,” she said. “You haven’t got much choice. You’re going to buy the cheapest goods and not care how they’re made. On the other hand is this extreme materialistic, wasteful culture. If you have a date, you must have a new dress. The environment is not considered.”
She’s not without hope, though. Her Roots & Shoots program aligns with Captain Planet’s youth initiatives.
“We’re still really exploring more ways we can do things together,” she said. Despite the environmental ills she’s witnessed, she reported progress, too. For example an initiative to replenish the forest in Gombe has gotten off the ground, literally: “We’ve started a program and the trees are coming back.”

martes, 16 de diciembre de 2014

La liberación de Lee Miller




Aquel lluvioso día de octubre de 1932 en el que Lee Miller abandonó su apartamento del bohemio Montparnasse, su amante y maestro, Man Ray, se autorretrataba con una pistola en la mano y una soga alrededor del cuello. Atrás quedaron los días en los que, subyugado y obsesionado por la belleza y el talento de la modelo estadounidense, el fotógrafo diseccionó su cuerpo con su cámara, convirtiéndola en musa e icono de la dorada vanguardia artística parisina. Le abandonó dejándole la gloria de haber encumbrado la técnica de la solarización —fue ella quien la descubrió por error—, pero sin haber traicionado a su indómita naturaleza, incapaz de someterse a ninguna exigencia de fidelidad. El 25 de agosto de 1944, el lunes hará 70 años, la venus rubia del surrealismo, símbolo de aquello que la guerra había destruido, regresaba a la capital francesa vestida de militar, como corresponsal del ejército americano: París había sido liberado.
“No seré la única reportera en París, pero si la única dama fotógrafa, a no ser que llegue otra en paracaídas”, escribía Lee Miller a Audrey Withers, directora de Vogue en Londres. Los parisinos se habían echado a la calle a celebrar su victoria frente a los nazis y recibían a los aliados con gritos de entusiasmo, agitando banderas, encaramándose a sus vehículos para besarles y ofrecerles el vino que habían atesorado en espera de que llegara este día. Mientras, proseguían los tiroteos en algunas partes de la ciudad.
El olor de la pólvora había impregnado el instinto aventurero de esta mujer de múltiples vidas, nacida en Poughkeepsie, Nueva York, en 1907, descubierta en una calle por el editor de Condé Nast, quien fascinado por su belleza la catapultó a las portadas de Vogue, tras salvarla de ser atropellada por un coche. Cansada de prestar su cuerpo a la cámara la musa quiso ser artista y agudizó su mirada, entrenada por el surrealismo, perspicaz ante los dobles significados, aderezada por el sarcasmo a la vez que por la poesía. No hacía un mes había desembarcado en la playa de Omaha, en brazos de un marino, rumbo a Saint Malo. El combate no había cesado en la amurallada localidad francesa y era la única periodista en la zona: disponía de una guerra para sí. Sin dudarlo, se involucró de lleno en los rigores de la batalla, documentando los bombardeos en los que los americanos utilizaron por primera vez el napalm; la mayoría de sus fotos fueron censuradas, ella arrestada por haber entrado en zona de combate sin acreditación. Había conseguido inyectar dosis de realidad a las satinadas páginas de Vogue. Trascendía así a su propio mito convirtiéndose en una audaz testigo de la brutalidad de la guerra.
“Lo que la mantuvo involucrada en la guerra fue la idea de que serviría para ayudar a cambiar el mundo. Creía que al final del conflicto, el mundo iba a ser un lugar mejor y la gente sería libre, tendría paz y habría justicia. Luchó como una loca por estos ideales”, explica en la granja que heredó de su madre en el pintoresco pueblecito inglés de Chiddingly Antony Penrose, único hijo de la fotógrafa, nacido de su segundo matrimonio con el pintor, escritor y mecenas británico Ronald Penrose.
Colaborar, resistir o huir eran las opciones a las que se enfrentaron los artistas durante la ocupación y Lee Miller no tardó en conocer el paradero de sus amigos: Man Ray ya no estaba. Sus orígenes judíos le habían forzado a regresar a Nueva York. No era este el caso de Picasso, quien había optado por permanecer en su estudio de la Rue des Grands-Augustins. “¡El primer soldado aliado que veo y tienes que ser tú!”, exclamó el artista, al abrir la puerta a la fotógrafa el día de la liberación. En el eufórico verano de 1937, en Mougins, el pintor, seducido por sus encantos, retrató su sonrisa burlona, la voluptuosidad de sus pechos, y pintó un ojo en el lugar de su vagina. La encontró tan cambiada que quiso pintarla de nuevo. Le enseñó los cuadros que había realizado durante la batalla mientras cantaba a pleno pulmón, obligándola a lavarse el cuello y haciéndola prometer que volvería otro día a darse un buen baño. Era de los pocos que disfrutaban de agua caliente en la ciudad. “Picasso la pintó seis veces. Picasso no solía retratar a las mujeres con las que no se iba a la cama. Ocurría alguna vez, pero no normalmente. Pero el hecho de que la pintara de una forma tan lujuriosa, tan sexy...”, comenta Penrose, autor de varios libros sobre su madre y testigo del gran afecto que existió entre los dos.
Paul Éluard, quien había pasado a engrosar la lista de los perseguidos por sus publicaciones clandestinas, se sobrecogió al ver un uniforme de soldado aparecer en la penumbra. Esta vez se trataba de su amiga Lee. Ocho veces había cambiado el poeta de domicilio en seis meses, huyendo de la Gestapo. Por aquel entonces, Jean Cocteau había dejado de ser la bestia negra del grupo surrealista y colaboraba estrechamente con Picasso, Éluard y Aragon. En un entresuelo, iluminado día y noche por la luz de unas velas, preparaba el estreno de su nueva película, La Bella y la Bestia. Fue él quien convirtió a Lee Miller en una estatua viviente en La sangre de un poeta. Ahora ella lo retrataba cerca de una pared, donde había escrito los nombres de sus artistas favoritos.
La habitación 412 del Hotel Scribe donde ella se alojaba en aquellos días de agosto —un lugar convertido en campamento de la prensa aliada— era “una mezcla entre un rastrillo y un concesionario de coches de segunda mano”, tal y como la describía el entonces amante de Lee Miller, el también fotógrafo David Scherman: pistolas, bayonetas, cámaras, cajas de luces, cubetas de revelado, bidones de gasolina —a veces rellenos de cognac—, cremas de cara, eran algunos de los muchos objetos que almacenaba la fotógrafa junto a su máquina de escribir Hermès, donde redactaba sus artículos, no sin antes haber consumido grandes cantidades de alcohol. El bar del hotel nunca parecía agotar sus existencias de champán. Entre los asiduos se encontraban el fotógrafo Robert Capa y el editor gráfico de la revista Life,John Morris, quien recordaba a la fotógrafa en sus memorias, impactado tanto por su personalidad como por su capacidad de cambiar de compañero de cama. Demasiado pronto tuvo que aprender a diferenciar entre el sexo y el amor: a los siete años fue violada, supuestamente, por un marino, quien le contagió la gonorrea. Fue entonces cuando su peculiar padre decidió utilizar la fotografía como terapia para aliviar el trauma de su hija y comenzó a retratarla desnuda, hasta bien entrada en la veintena. “Nunca le contó a nadie que había sido violada, ni siquiera mi padre lo sabía. Tampoco sus amantes, ni sus amigas supieron nada. Yo fui quien lo descubrió, después de su muerte, por accidente. ¡Ojalá lo hubiésemos sabido antes! Hubiera sido mucho más fácil entenderla”, lamenta su hijo.
Antes de que la guerra tocase a su fin, esta artista durmió la siesta en la cama de Eva Braun y se fotografió en la bañera de Hitler, junto a sus botas machadas por el barro de los campos de concentración, mientras el Führer y su amante se suicidaban en un búnker. Deprimida y alcoholizada, no consiguió nunca olvidar el nauseabundo olor de Dachau: fue el precio que hubo de pagar por haberse acercado demasiado con su cámara al horror de la barbarie. Así, quiso borrar su pasado, ocultando su obra en cajas de cartón, en el desván de su granja en la campiña inglesa. Por aquel entonces lady Penrose ya había suplantado a Lee Miller y había cambiado su cámara Rolleiflex por los utensilios de cocina que la convertirían en una cocinera gourmet con un buen repertorio de exóticos y coloridos platos.
Acabada la guerra, Lee Miller escribía a su marido: “Le sigo contando a todo el mundo que no he malgastado ni un minuto de mi vida; lo he pasado maravillosamente, pero sé, en el fondo de mí misma, que si tuviera que volver a vivir sería aun más libre con mis ideas, con mi cuerpo y con mis afectos”.

domingo, 14 de diciembre de 2014

La gobernadora india, Sarojini Naidu (1879-1949)


Niña prodigio, poetisa, feminista, defensora de la independencia de la India, la vida de Sarojini Naidu es la de una mujer de principios, comprometida con causas justas y dispuesta a romper moldes y barreras allí por donde pasaba. Estuvo al lado de la revolución pacífica de Gandhi, lo que le supuso su encarcelación durante dos años; se casó con un hombre que no pertenecía a su casta; viajó por toda la India defendiendo los derechos de las mujeres a las que ayudó a salir de los claustrofóbicos muros de sus hogares; estudió en Inglaterra. Y cuando fue nombrada gobernadora del estado de Uttat Pradesh se convirtió en la primera mujer india en ostentar un cargo de tal magnitud.

Sarojini Chattopadhyay nació el 13 de febrero de 1879 en Hyderabad. Su padre, Aghore Nath Chattopadhyay se había doctorado en ciencias en la Universidad de Edimburgo y fue el impulsor de una importante institución educativa en Hyderabad. Su madre, Barada Sundari Debi, era poetisa. 

Con tan sólo doce años, Sarojini fue aceptada en la Universidad de Madras. Poco tiempo después tuvo la oportunidad de estudiar en Inglaterra, en el King's College  de Londres y en Girton College, en Cambridge. Apasionada de las letras, Sarojini se sumergió en el estudio de distintos idiomas a la vez que empezó a escribir poemas. En sus años de estudiante en Inglaterra, la joven conoció al que se convertiría en su marido. Con diecinueve años, Sarojini se casaba con el doctor Govindarajulu Naidu, a pesar de ser de una casta distinta a la suya, algo considerado poco menos que un crimen en su India natal. Pero los padres de Sarojini aceptaron el matrimonio de su hija sin ningún problema.

Sarojini Naidu heredó de su padre la implicación en los movimientos sociales. Ya en su momento, Aghore Nath había sido encarcelado por participar en las manifestación en favor de la independencia de la India. En 1905, su hija se unía al movimiento nacional indio.

Comprometida con las causas de los más desfavorecidos, en 1915 empezó un largo viaje que duraría tres años a lo largo y ancho de la India realizando conferencias en favor de las ayudas sociales a los más necesitados y de la emancipación de la mujer. Sarojini fue una de las principales defensoras de los derechos de las mujeres en una India demasiado anclada en el pasado.

En 1919 Sarojini se unió a la resistencia pacífica de Mahatma Gandhi con la que estuvo implicada toda su vida y que incluso la llevó a ser encarcelada en 1942. Dos años después, cuando fue liberada, continuó defendiendo la independencia de la India, que se haría efectiva en 1947. En la nueva India independiente le estaba reservado un nuevo cargo como gobernadora del estado de Uttar Pradesh, convirtiéndose en la primera mujer en ostentar un cargo de esas características.



Sarojini Naidu no pudo continuar su labor mucho tiempo porque fallecía el 2 de marzo de 1949 de un ataque al corazón mientras estaba trabajando en su despacho. Hasta el último momento fue una luchadora incansable por los derechos de sus compatriotas, por la defensa de las mujeres y aun tuvo tiempo para escribir hermosas poesías. Una de sus hijas continuaría con su labor.

jueves, 11 de diciembre de 2014

La escultora maldita, Camille Claudel (1864-1943)



La belleza y el talento de la obra artística de Camille Claudel se vio siempre ensombrecida por la tormentosa relación que mantuvo con su mentor y amante Auguste Rodin. Un amor enfermizo en el que el gran escultor no supo entender nunca los profundos sentimientos de una mujer que habría dado su existencia por él. Con promesas incumplidas de amor eterno, Rodin mantuvo a su joven alumna a su lado a pesar de no querer nunca abandonar a su verdadera pareja, Rose Beuret. En el plano artístico, a pesar de que Camille se situó a la altura del maestro y creó esculturas de alto valor, siempre se le supuso menos capacidad que a Rodin, quien muchos creyeron autor verdadero de su obra. Como en muchos otros casos, es más que probable que si Camille Claudel hubiera nacido hombre, otro hubiera sido su reconocimiento.

Camille Claudel nació el 8 de diciembre de 1864 en Fère-en-Tardenois, Aisne. Desde bien pequeña disfrutaba moldeando el barro como si fuera un juego. Pero ya entonces empezó a mostrar su gran capacidad para reflejar en aquel material inerte los rostros de sus seres queridos. Lo que empezó como una mera distracción, se convirtió en una pasión que no gustó en absoluto a su familia, quienes esperaban de ella que siguiera el camino de las chicas de su tiempo, el que las dirigía exclusivamente al interior del hogar.

La joven aspirante a escultora encontró su oportunidad cuando la familia Claudel se trasladó a vivir a París. Corría el año 1881 y Camille tenía diecisiete años. Con la ayuda de su hermano, quien fue siempre su principal apoyo, el que se convertiría en el famoso escritor Paul Claudel, fue admitida en la Academia de Arte dirigida por Alferd Boucher donde un reputado escultor ejercía de maestro. Era Auguste Rodin y pronto se percató del talento artístico de la joven Camille a la que incorporó sin dudarlo a su equipo de trabajo.

De alumna pasaría pronto a convertirse en musa, para escándalo de su madre tradicionalista, pues el rostro de Camille empezó a aparecer de manera constante en la obra de Rodin. Y de musa, a amante, viviendo un tiempo dorado y soñado por aquella niña que jugaba a ser escultora. Camille Claudel se convirtió en compañera del gran escultor al que acompañaba a las reuniones artísticas de la capital y del que aprendió el arte de esculpir llegando a alcanzar, sino superar, el talento de Rodin. 

Fueron años de amplia creación artística por parte de la ya escultora Camille quien, sin embargo, era objeto de comentarios desafortunados que ponían en duda su capacidad artística. La sombra del maestro era demasiado larga y muchos pensaron que sus geniales creaciones eran obra de Rodin o realizadas con su ayuda. Era impensable que aquella joven hermosa y de aspecto frágil fuera capaz de crear esculturas como la bella Sakountala. Empezó entonces una relación tormentosa, en la que Camille seguía perdidamente enamorada del hombre al que también odiaba por recibir reconocimiento público, constantes encargos y alabanzas en todas sus exposiciones, mientras ella no escapaba del cliché de alumna aventajada. 

El distanciamiento entre ambos terminó en ruptura en 1898 cuando Camille fue del todo consciente de que las promesas de amor de Rodin eran palabras vacías. Él nunca dejaría a su amada Rose, con la que terminaría casándose al final de sus días, traicionando a la desdichada Camille.

Empezó entonces un período obsesivo de creación del que nació una de sus esculturas más famosas, La edad madura, en la que aparece una figura femenina arrodillada agarrando a un hombre que se lo lleva una mujer adulta con rostro siniestro. Toda una alegoría de su existencia. 



Encerrada durante años en su piso, Camille Claudel terminó enloqueciendo. Hacia 1905 sus miedos empezaron a aflorar haciendo de ella una mujer demente que destruía todas sus creaciones sistemáticamente, entre ellas una serie de bustos infantiles en los que parece ser que habría enterrado su frustración por no haber podido ser madre. Años atrás había perdido un bebé cuyo padre, Rodin, habría obligado a abortar.

Cuando en 1913 fallecía su padre, Camille se sintió completamente sola. Su hermano, que estaba en la lejana China ejerciendo de diplomático no pudo consolarla ni salvarla de su trágico final. Un final al que la condujo su propia madre quien hizo ingresarla en el sanatorio de Ville-Evrad. El diagnóstico oficial fue manía persecutoria y delirios de grandeza. Las cartas descubiertas años después descubrieron a una mujer en su sano juicio que fue manipulada y maltratada por su entorno.

Camille Claudel terminó sus días en el sanatorio de Montdevergues, sola, aislada y olvidada por todos. El 19 de octubre de 1943 terminaba su larga penitencia, como ella misma lo calificó, de treinta años de reclusión injusta.

Auguste Rodin había fallecido muchos años antes, en 1917. Mientras su cuerpo descansa junto al de su amada Rose, su obra, paradójicamente, permanece junto a la de su amante Camille Claudel. El Museo Rodin es el que recoge el número más grande de obras de la escultora.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Hildegart Rodríguez o el proyecto de una mujer avanzada





Cuesta creer que alguien proyecte el nacimiento de un ser vivo para moldearlo con una finalidad concreta. Más duro aun cuando el proyecto que pensaste no funcionó y decides eliminarlo, como en la obra de Mary Shelley 'Frankestein o el  moderno Prometeo'.
Si hablamos de cosas quizá es sencillo. Pero cuando hablamos de personas la perversión del hecho es lo primero que nos viene a la cabeza. Y, sin embargo, eso sucedió. Sucedió en España. Y tuvo dos nombres propios: Aurora Rodríguez Carballeira y su hija Hildegart.
Hildegart nació en Madrid el 9 de diciembre de 1914. Su madre estaba influenciada del pensamiento de reforma sexual y eugenésico. Entendía la eugenesia como la mejora de la especie humana, de hombres y mujeres, para una mejor sociedad. Un pensamiento muy avanzado en el seno del movimiento libertario español desde principios del siglo XX. Para Aurora, la concepción de Hildegart debía de servir para que se dedicara de lleno a la emancipación de la mujer, con una concepción "individual e integral del anarquismo", como ella misma dijo en el juicio que se instruyó por el parricidio.
Y a esta tarea se encomendó Aurora. Hildegart fue desde pequeña una verdadera niña prodigio. Con un año ya hablaba perfectamente, con tres años sabía leer y escribir y con apenas ocho años ya dominaba varios idiomas. Comenzó sus estudios y con 14 años accede a la universidad para estudiar Derecho. Los métodos de aprendizaje de Aurora fueron efectivos. Además, no era la primera vez que los ponía en práctica. Con anterioridad, cuando estuvo al cuidado del hijo de su hermana, el niño aprendió con precocidad a tocar de forma virtuosa el piano. El sobrino de Aurora, al que apartaron de su lado en uno de los momentos más duros de su vida, fue el famoso pianista Pepito Arriola.
Hildegart se afilió a las Juventudes Socialistas (JJ SS) y con apenas 14 años publicó su primer artículo en El SocialistaEn su militancia en este colectivo conoció a personalidades de renombre del socialismo del momento, como Julián Besteiro o Andrés Saborit, entonces las máximas figuras del socialismo español. Aunque Aurora hubiese preferido que la militancia política de su hija se encauzase por otros parámetros, no intervino en ese momento en su decisión. Su actividad política fue en aumento. Numerosas conferencias y artículos llevaron incluso a Hildegart a ser procesada por un Consejo de Guerra que nunca llegó a celebrarse.
La proclamación de la República el 14 de abril de 1931 fue aclamada por toda la ciudadanía. Hildegart también recibió con alegría el cambio de régimen, más teniendo en cuenta que ya era una destacada dirigente de las JJ SS.
Pero esas expectativas que la República se marcó se vieron tornadas en fracaso para una buena parte de la izquierda española. Hildegart denunció que los socialistas, siendo mayoría en el parlamento republicano, no hiciesen nada para evitar masacres contra los campesinos como la que sucedió en Arnedo. También que la mayoría de diputados socialistas votasen a favor de la deportación de militantes obreras por los sucesos de Alto Llobregat en enero de 1932. Para Hildegart, los socialistas eran cómplices al tener participación directa en el gobierno que había ordenado la represión.
Las duras críticas que Hildergart dirigió a las estructuras de los socialistas acabaron con la baja de afiliación de la joven cuando apenas unas semanas antes había conseguido una de las votaciones más altas como vocal de la ejecutiva. Muy pronto, el nombre de Hildegart se hizo conocer en el diario La Tierra, periódico de la izquierda republicana, crítico con el gobierno republicano-socialista, dirigido por Salvador Cánovas Cervantes, y que tenía como redactores a Eduardo de Guzmán, periodista madrileño que siguió muy cerca todo lo relacionado con el caso de Hildegart, o Ezequel Endériz, una de las plumas más brillantes del periodismo republicano. Igualmente, Hildegart, que por su evolución formativa-ideológica estaba muy cercana al anarquismo, acabó recalando en ese momento en el Partido Republicano Democrático Federal, encabezado por el abogado Eduardo Barriobero y Herrán.
También perteneció a la Liga para la Reforma Sexual, que fundó el médico Gregorio Marañón. Conoció a personalidades de renombre de la época como Havellock Ellis, uno de los estudiosos de la sexualidad mas influyentes entonces, o la figura de H.G Wells, el famoso novelista británico.
La obra de Hildegart fue realmente impresionante. Numerosos folletos sobre la libertad sexual y la liberación de la mujer lo atestiguan. También una obra realmente interesante, ¿Se equivocó Marx? ¿Fracasa el socialismo?,  escrita en 1932, en la que hizo un repaso a toda la teoría marxista y puso los puntos flacos de la misma encima de la mesa.
Pero junto a Hildegart estaba la personalidad de su madre Aurora. Ésta había adquirido desde su juventud una fuerte personalidad progresista y había interiorizado que sólo con la fundación de hombres nuevos, fuera de los prejuicios de la sociedad burguesa, se podía llegar a una redención total del proletariado y de la humanidad. Para la fundación de esos hombres nuevos, la natalidad tiene una importancia enorme, muy en la línea del neomalthusianismo. La genética es trascendental a la hora de concebir a los hijos. Por ello los seres que estén libres de todo vicio tendrán hijos puros. Así concibió Aurora a Hildegart, como un ser puro que luchara por una sociedad digna. A eso dedicó toda su vida Aurora. Lo que ella no había podido conseguir.
Aurora, tal como en la novela Frankestein o el moderno Prometeointentó crear un ser perfecto dedicado a una misión específica.
Pero los hombres perfectos no existen. Hildegart se fue relacionando con gente, fue extendiendo sus pensamientos en diversos ambientes y muchos querían que esos conocimientos los desarrollara en otros lugares fuera de España. Eso fue interpretado por Aurora como un intento de arrebatar a Hildegart de su lado. Incluso hablaba de una conspiración desde Londres para llevarse a Hildegart y ponerla al servicio del imperialismo británico, para que traicionara a la clase obrera por la que siempre había luchado.
Igualmente Hildegart comenzó una amistad con un joven abogado, republicano federal. La madre interpretó que Hildegart se había enamorado, algo inadmisible para la tarea que le había encomendado.
No quedó ahí la cosa. Aurora, que había elegido al hombre con el que concebir a Hildegart, se percató al principio de que éste no tuviera vicios, fuera físicamente sano y no se ocupara para nada de Hildegart. Sin embargo, la elección de Aurora no fue finalmente la correcta. El padre de Hildegart, un cura que trabajaba en la marina mercante, llevaba una vida disoluta. Eso lo entendió Aurora como una señal de que los genes del padre estaban haciendo aparición en la hija. El proyecto de Aurora se veía truncado.
Todo este cúmulo de circunstancias unido a que Hildegart había decidido marcharse a Londres, llevaron a Aurora Rodríguez a acabar con la vida de su hija una mañana del 9 de junio de 1933, cuando Hildegart contaba con tan solo 18 años. 
Aurora se entregó voluntariamente a la policía. Fue juzgada en 1934 y condenada a 26 años de cárcel. Ella siempre afirmó que no era presa de ninguna locura o esquizofrenia, que siempre fue consciente de todo lo que hizo. Que la decisión de matar a Hildegart fue la más dura de su vida, pero necesaria.
Con el estallido de la Guerra Civil y la liberación de los presos, Aurora salió de la cárcel, aunque posteriormente acabó recluida en el sanatorio de Ciempozuelos.
El caso de Hildegart fue trágico. Una joven prometedora que fue asesinada cuando contaba con pocos años de edad. Sus artículos todavía hoy los podemos consultar en las hemerotecas y sus libros están todos en la Biblioteca Nacional.
Algunos libros se han escrito sobre el tema. Sobre la posible patología psiquiátrica de Aurora, el psiquiatra Guillermo Rendueles escribió un libro titulado 'El manuscrito encontrado en Ciempozuelos', donde analizó el caso patológico de Aurora. No conviene entrar a valorar si Aurora estaba loca o no, o si era más inteligente que la propia Hildegart. Cierto es que en el momento de producirse el parricidio se desató un debate entre psiquiatras de la época. Mientras para la psiquiatría progresista, representada por Mira o Lafora, el caso de Aurora fue particular, para psiquiatras de extrema derecha como Vallejo-Nágera el caso de Aurora era la prueba evidente de que las ideas progresista conducían al crimen. Una posición, esta última acientífica, que mantuvo Vallejo-Nágera durante toda su vida.
Sobre Hildegart, para quien quiera entrar más en detalle, hay algunas obras que pueden ayudar a acercarnos a este caso, dejando a un lado sus propias obras. Destaca la obra de Eduardo de Guzmán 'Aurora de sangre' (también publicada con el título 'Mi hija Hildegart'), donde hace un repaso a la vida de Hildegart y a la relación con su madre. Tiene varias ediciones. Destaca también el artículo de María Losada Urigüen en la revista 'Germinal' con el título 'El pensamiento político de Hildegart Rodríguez: entre socialismo y revolución'. También la importante biografía escrita por la profesora Rosa Cal 'A mi no me doblega nadie: Aurora Rodríguez, su vida y su obra'.Mucho más modesta es la obra de Joan Llarch 'Hildergart, la virgen roja' o la obra de teatro de Fernando Arrabal 'La virgen roja'.
El libro de Eduardo de Guzmán fue llevado a las pantallas de cine por Fernando Fernán Gómez en una extraordinaria película titulada 'Mi hija Hildegart',protagonizada por Amparo Soler Leal en el papel de Aurora y Carmen Roldán en el papel de Hildegart.
Una historia realmente impresionante que consternó a la España de la Segunda República.

martes, 2 de diciembre de 2014

Vivianne Westwood






Vivianne Westwood, la mujer que se presentó sin bragas en palacio en 1992 a recoger el título de Dama de la Reina, la irreverente por naturaleza, la que elevó la estética punk a las esferas de la costura, recibió ayer en Milán, con la apertura de su exposición retrospectiva en el Palazzo Reale y coincidiendo con la Semana de la Moda, un más que merecido homenaje. Más de 300 piezas de hombre y mujer, looks totales con todo tipo imaginable de complementos fantásticos, corpiños irónicos y sensuales, faldas masculinas, estampados con trampa, evocadores del boato imperial, celebran los 35 años de su carrera.
Calificada como el triunfo del barroco contemporáneo e inteligente, V. W. estaba ayer pasmada ante prendas que no recordaba haber diseñado jamás. La muestra, que llega desde la organizada por el Victoria & Albert Museum de Londres en 2004, permanecerá abierta en Milán hasta el 20 de enero de 2008. En la parte de los objetos-homenaje milaneses hay hasta un enorme sofá: el divano queen-size, creado por Molteni y tapizado con telas de la Westwood, quien recalca ahora orgullosa que en su londinense estudio de Battersea hay mayoría italiana, desde los patronistas al administrador. También tiene un recuerdo para el músico y performer Malcolm Mclaren, su marido hasta 1983 e inspirador de su primera colección en 1981, Pirata.