sábado, 31 de enero de 2015

Herta Müller: «El Premio Nobel me sirvió para denunciar las dictaduras»






La señora Müller es muy pequeña y de una delgadez extrema. Casi parece un pajarito. Es lo que pensaría cualquiera que se cruzara con ella por la calle. Además, viste de negro integral: del pelo a los pies. Sí, lo de pajarito le viene como anillo al dedo. Incluso el fotógrafo que la retrata para la entrevista incide visualmente en esta escueta silueta. La recorta sobre los collages que expone en el Instituto Goethe de Madrid.
Herta Müller es una mujer de frente, no tiene perfiles. Le comento que el fotógrafo, Matías Nieto König, es alemán, y que puede hablar con él sin necesidad de intérpretes. Ella contesta que no sabe «si eso -que sea alemán- es bueno o malo». Se trata de una broma, pero con lo que no bromea es con la prohibición absoluta de utilizar focos para la sesión fotográfica.
Los fogonazos le traen a la memoría los interrogatorios en las dependencias de la Securitate de Ceaucescu. Este detalle pone los pelos de punta, como cualquier otra secuencia de su biografía, por cuyos renglones discurren muchos de esos ríos y afluentes que van a dar al gran Danubio europeo que surcara Claudio Magris en su novela homónima.
Herta Müller ha conseguido navegar contra todas las corrientes totalitarias que se han cruzado en su camino: del nacional-socialismo a los campos de trabajos forzados soviéticos y la Rumanía de Ceaucescu. Por eso, es una voz dotada como pocas en el escenario europeo para analizar un presente que recuerda mucho al ayer porque nos adelanta un futuro que también se asemeja a ese pasado bélico, cuyos aniversarios ahora celebramos. El eterno retorno de la Historia, que Herta Müller denuncia con una contundencia que le sale de la mirada y del vibrato de la lengua alemana.
Su llegada coincide con el fallecimiento de Adolfo Suárez, el primer presidente de la democracia en España. ¿Conocía al personaje?
No en detalle. Yo solo sé que Adolfo Suárez fue primer ministro después de la dictadura y que fue muy importante para la transición a la democracia, pero bueno, lo que he leído en el periódico. De todas maneras, he venido a España muchas veces, desde hace bastantes años, porque Siruela ya hizo los primeros libros hace mucho; también vine aquí para realizar lecturas.
¿Ya tenía el Premio Nobel?
En aquella época no había tantos periodistas tan interesados por mí. Era muy normal que fuera así y también es normal como es ahora. Las cosas evolucionan, pasan, yo las coloco en su sitio… Sigo siendo la misma, lo que cambia es mi estatus en la cabeza de los demás. He vivido bastantes cosas y algo así no me resulta difícil de encajar. Sé muy bien quién soy y de dónde vengo. Eso no cambia, y un premio tampoco lo cambia.
Dice que sabe muy bien quién es y de dónde viene. ¿Quién es Herta Müller después de todo lo que ha pasado en y por su vida?
Al principio, solo sabía quién no quería llegar a ser. Por mi nacimiento, formaba parte de una minoría; por mi lengua, y luego dentro de esa minoría, yo me he comportado de una forma totalmente imposible y se me excomulgó, por así decirlo, por lo que escribía en mis libros. En mi primer libro escribí sobre la vida en esta minoría y también sobre la participación de muchos de sus miembros en el régimen nacional-socialista. Esto, por supuesto, me sacó de esa comunidad a la que había pertenecido. Me convertí en una minoría dentro de una minoría política. Esto hace que el círculo de amigos sea reducido y esté compuesto por personas que se encuentran en la misma situación.
Conoció la dictadura franquista por Jorge Semprún y usted vivió el régimen de Ceaucescu. Por todo ello, se ha convertido en luchadora incansable contra los regímenes totalitarios, independientemente de la ideología que los guíe.
Las dictaduras siempre se diferencian las unas de las otras, aunquen tengan muchas cosas en común. Es por lo que pienso que en la época de Franco ha debido de haber miles de biografías peores que la mía y también se pasó por una Guerra Civil. Esto a lo mejor causa más muertes que el chantaje frío que vivíamos nosotros. No es que no hayan muerto suficientes personas en Rumanía, no digo eso, pero el matar quizás era más abierto en España en la época de la contienda. Probablemente, en términos generales, lo que las dictaduras tienen en común es que el individuo no cuenta y que está prohibido pensar. Hay una ideología terrible a la que todo lo demás se tiene que someter y todo se instrumentaliza: la lengua, el pensamiento… Estos sí son denominadores comunes de todas las dictaduras. Cada dictadura tiene su propio estilo, pero los objetivos suelen ser los mismos. Lo que me alegró al recibir el Premio Nobel es que podía denunciarlas abiertamente, ante un amplio auditorio. Era una manera de llamar la atención internacionalmente y, sobre todo, quizás centrar el foco en las dictaduras de Europa del Este, hacia las que Europa Occidental ha sentido poco interés.
El escenario europeo no es muy halagüeño.
Hemos aterrizado en la era de Putin. Desde hace semanas, cuando empezaron las manifestaciones en Ucrania… En Alemania, al principio, casi no se prestaba atención a esos acontecimientos. No empezaron a fijarse hasta que dispararon los primeros tiros. También conozco a autores ucranios, y cuando se conoce a las personas y cuando se sabe que estaban allí, los acontecimientos se convierten en algo personal. Toda esa desestabilización en Ucrania fue fruto de una estrategia planificada por los servicios secretos. Un nacionalismo terrible en Rusia en esta ocasión, desde hace años, que ha ido subiendo de nivel.
¿De sus palabras se deduce que tiene bien tomado el pulso a Putin?
Putin lleva diez años haciendo que las cosas retrocedan hacia una dictadura. Los medios de comunicación prácticamente están unificados, todos son estatales. Hay un sinfín de personas en la cárcel o muertas, periodistas… Y para poder dar el paso que acaba de dar necesitaba una sociedad completamente vigilada y supervisada. Él es un hombre de la KGB. Era un pequeño hombre en la KGB y ahora lo es muy grande. Posiblemente ahí tenía algún complejo, alguna necesidad de recuperar su autoestima, y es terrible que Rusia ahora mismo esté siendo gobernada por la KGB. Todo el entorno de Putin, hoy, se compone de agentes de la KGB. Está instaurado el culto a la persona. Esto siempre es una mala señal. Los dictadores con culto a su persona se convierten en mucho más impredecibles en sus actuaciones. Todo esto es terrible y no se puede hacer nada, porque nadie quiere ni puede empezar una guerra, y Putin lo sabe, y eso es lo que lo hace tan terrible.
Ha logrado que el pueblo le apoye mayoritariamente.
Yo soy de la opinión de que en Rusia hay más nacionalismo y más personas que pertenecen a la extrema derecha, incluso con rasgos fascistoides, que en Ucrania. Es muy peligroso. Hace dos días leí un artículo en la prensa alemana, muy interesante, comparando a Putin y Mussolini. Un historiador lo demostró punto por punto: toda la actitud, todo el comportamiento exterior, toda la parafernalia y, por ejemplo, ese gusto por posar con el torso desnudo, las leyes o la colaboración con la Iglesia ortodoxa en Rusia. La institución está desempeñando ahora mismo un papel muy raro, nacionalista hasta decir basta. Es una Iglesia que ha recuperado todas sus posesiones, todo su oro, todas sus joyas, y ahora son seguidores incondicionales de Putin y están también contribuyendo a este resurgimiento del nacionalismo. Esto en el fascismo rumano también era así.
¿La Historia de Europa se repite alarmantemente?
Lo que estoy viendo ahora en la Rusia de Putin me recuerda mucho. Europa del Este vuelve a tener miedo, porque en Transnistria, Moldavia… Transnistria es otra zona con la que está intentando quedarse. Su argumento es siempre que es para proteger a los rusos. Le queda mucho por hacer. Todos los Estados bálticos tienen muchísimo miedo y la mayoría de estos países querían ser miembros de la OTAN para protegerse de Rusia. Y desgraciadamente se ve que tenían razón al pensar así, porque es quizá lo único que les pueda proteger.
Usted ha sido víctima de los nacionalismos. ¿Es el mal que siempre azota Europa?
Sí, el nacionalismo es algo peligroso, aísla, y siempre será contestado con otro nacionalismo. En España es otro tema que se conoce muy bien con Cataluña y los catalanes. Toda la promesa de felicidad de futuro se presenta como si dependiera de esta única dimensión. Ahí se pierde toda la racionalidad en último término.
Usted ha hablado mucho de la lengua y considera que esta no se puede identificar con el concepto de patria. No obstante, siempre se manipula con objetivos nacionalistas.
La lengua solo es una parte de la persona. Yo primero me crié con el alemán como lengua materna. Aprendí rumano en la ciudad a los 15 años, porque en el pueblo del que venía no había rumanos. Era de la minoría alemana. Había un pueblo húngaro, un pueblo eslovaco, tres pueblos rumanos alrededor, pero prácticamente siempre población de una etnia en cada uno de esos pueblos. De donde yo vengo, los únicos rumanos eran el médico y el policía, y no tenía especiales ganas de mantener relación con ninguno de los dos. Por eso yo aprendí rumano como lengua extranjera, en la ciudad, en una escuela, tres veces por semana.
Vayamos al lado literario. Siempre ha considerado el rumano una lengua muy próxima al realismo mágico.
A los 15 años me enamoré de ese idioma. Quise aprenderlo a toda prisa y me pareció sumamente sensual, las imágenes que esta lengua podía transportar… Ya había empezado a leer libros y ya me había fijado en la belleza de las metáforas o imágenes poéticas. Muchas veces me daba la impresión de que el rumano me era más próximo psicológicamente, en lo más íntimo, por cómo era su mirada hacia el mundo. Cada lengua mira el mundo de una manera distinta, afortunadamente.
¿Pero nunca ha escrito en rumano?
No sé hacerlo. No me sentiría segura. Pero el rumano escribe conmigo, porque también me he socializado en rumano, y por eso, a veces, no sé la procedencia de mucha de mis ideas. Las imágenes y la mirada del rumano han ido evolucionando en mi cabeza, por mucho que yo luego lo vierta al alemán, pero lo hago basándome en la mirada rumana. No puedo diferenciar entre las dos cosas. Incluso el dialecto en el que me he criado en el pueblo es diferente al alemán literario. Es decir, el primer idioma que tuve que aprender en serio fue el alemán para el colegio.
¿No siente cierta esquizofrenia lingüística?
Yo siempre tuve la impresión de que cada lengua es algo que tienes prestado. Después ya me fui a Alemania y es cuando más me di cuenta de que el idioma en sí no lo es todo. Mientras uno viva, lleva su idioma consigo, pero la patria también es aquel lugar donde pones los pies. Cuando no se puede vivir en el país en el que uno ha nacido y donde no siente una pertenencia, uno no tiene patria. Y esto el idioma no lo puede reemplazar. Es un tema complejo, algo que también apuntó Semprún. No es que la lengua sea la patria, sino que la patria es aquello que se habla. Es muy importante esa diferencia. Cuando lo que se habla es hostil, la lengua común no me sirve de nada. Todas estas perspectivas hay que tenerlas presentes.
Interpreto en todo lo que está diciendo que hay una gran reivindicación del individuo.
Es lo único de lo que uno se puede fiar. Todas las valoraciones colectivas son problemáticas y, por regla general, equivocadas, y siempre peligrosas. El nacionalismo siempre es algo colectivo. En los dos sentidos: se presenta como inofensivo de forma colectiva y también acusa de forma colectiva. En detalle, lo que vive es el individuo. En cuanto a lo personal, son los individuos, y, en cuanto a los objetos, son los detalles los que cuentan. Sin detalles y sin individuos no hay verdad.
¿Cuándo descubre que, de alguna manera, la escritura es necesaria para transmitir su experiencia?
No sé muy bien por qué escribe uno. No siempre he creído en ello, pero a pesar de todo, lo hago, posiblemente para ayudarme a mí misma, para encajar tantas cosas, enfrentarme a tantas cosas. Es un trabajo terriblemente duro, porque es artificial completamente. La vida se vive, no se escribe, afortunadamente. Y la vida no espera a que tú la hayas descrito o apuntado, afortunadamente. Yo, de alguna forma, intento llevar lo uno a lo otro, fundir lo uno con lo otro. Pero trasladar lo vivido a la palabra es un proceso totalmente artificial, y es algo que me da miedo de vez en cuando, y al mismo tiempo siento adicción por ello. Es muy complejo. Algo parece que me obliga a hacerlo, y es aquello que te da miedo, aquello que crees que no eres capaz de hacer.
Si no hubiera escrito, ¿qué piensa que hubiera sido de usted?
No tengo ni idea. Cuando era muy joven quería ser peluquera. Es una bonita profesión. También quería ser costurera. Tenía una tía en el pueblo que me caía muy bien, era muy bella. Tenía el pelo cobrizo y una piel como de porcelana, con muchísimas pecas. Y, sin embargo, se la consideraba fea en el pueblo, por el color del pelo y por las pecas. Y a mí siempre me parecía terrible que los alemanes la consideraran fea cuando a mí me parecía tan guapa. Yo siempre quería tener pecas y ser pelirroja. Pasaba días con ella. Hacía los patrones, cosía la ropa, ojales, los dobladillos… Todo eso lo aprendí con ella y sigo siendo capaz de hacerlo bastante bien. Después, cuando fui al instituto a los 15, había que pasar un examen de admisión, y mi madre me dijo: «Pruébalo, pero solo te dejo que pruebes una vez». Entonces yo ya sabía que solo tenía una oportunidad y tenía claro que, si no pasaba, me iba a convertir en peluquera.
¿Así que Herta Müller habría sobrevivido igual como peluquera que como escritora?
En realidad, yo creo que casi todas las profesiones son bonitas, pero, por supuesto, ahora sería otra persona. ¿Y qué? Nunca habría salido del pueblo, posiblemente me habría casado muy joven, posiblemente tendría niños, hijos, que ahora no tengo. ¿Y por qué no? No es nada tan especial ser escritora. Ahora hago otra cosa, pero bueno… Todos podríamos ser otra cosa. Hay tantísimas casualidades. ¿Usted siempre supo que quería ser periodista o que sería periodista? No, de repente, no se sabe lo decisivas que son estas coincidencias en nuestra vida, y es estupendo no saberlo. Empiezas de alguna manera y la vida te lleva hacia un sitio u otro, y el escribir en sí mismo también se debe a la casualidad, porque nadie te obligaba a empezar. Yo siempre he leído mucho y, de alguna manera, esto te lleva a la escritura. A veces también puede ser muy perjudicial, como todos los trabajos. Cuando es trabajo, muchas veces no me apetece escribir. A veces estoy muy bien sin escribir, como todo el mundo.
Parece una mujer tremendamente frágil. ¿Cómo se protege o se ha protegido a lo largo de su vida?
No, no me protejo. En todo caso, de forma instintiva. No tengo ningún sistema, ningún método, y creo que de poco me serviría. Todos los días hay momentos en los que uno no intenta entenderlo todo. Se necesitan estas ausencias, porque, si no, no se podría soportar la vida. Tensión, intensidad… Antes hablábamos de la política. Los nervios solo permiten hasta cierto punto dedicarse a algo con gran intensidad y con gran tensión. Posiblemente, en la cabeza haya algún chip que se desconecta cuando ya no puedes más y al poco rato vuelves a tomar conciencia de las cosas. Yo creo que tenemos una especie de circuito protector integrado. Esto, suponiendo que uno no esté muy dañado. Cuando los nervios están tan destrozados, este cuidado, esta autoprotección automática, ya no funciona. Yo conozco a personas así. Esto es terrible. Entonces, uno está perdido.
¿Usted conoce ese dicho de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra?
Lo malo es que no se repite exactamente lo mismo, sino que vuelve a surgir, porque son nuevos seres humanos los que cometen esos actos. Por ejemplo, la «guerra fría»: todos pensamos que había acabado. ¿Cuántas veces lo hemos dicho en estos últimos tiempos? Eso también te lleva a no fijarte más, a no prestarles más atención a las situaciones, porque yo creo que, por ejemplo, para Putin, la «guerra fría» nunca acabó. La restitución de un imperio era algo que él siempre tuvo claro que era su meta. O, por ejemplo, si miramos a América del Sur, una dictadura tras otra. Y el comunismo del siglo XXI: Venezuela ahora. ¿Qué demonios pretende que salga de esto? Ya lo estamos viendo, con Maduro… Acaba de morir uno y viene otro. Es siempre lo mismo. Y cuando ese tipo de personas empiezan a soñar, agárrate, porque entonces es verdaderamente terrible y pobla-ciones enteras tienen que suscribir estos sueños. Esto se repite ad infinítum. Digo «se repite» pero, insisto, no es repetición, es que vuelve a surgir. Creo que nunca habrá vida sin conflictos.
Disculpe, porque al final hemos hablado poco de sus libros. ¿Una obra con la que usted se quedaría de su producción literaria?
Por regla general suele ser la última obra, porque es la que más cerca está en el tiempo. El resto cae en el olvido. Yo olvido y además quiero olvidar mucho de lo que he hecho antes. No llevo este bagaje conmigo todo el tiempo.

miércoles, 28 de enero de 2015

Tania Bruguera pide a la oposición que exija discutir con el Gobierno 'cara a cara'






La artista Tania Bruguera, como vocera de la plataforma #YoTambienExijo, reclamó a opositores y miembros de la sociedad civil cubana la creación de una Mesa de Diálogo que demuestre su fuerza y que permita "representar verdaderamente a las personas afiliadas a sus organizaciones, adquirir poder político real y eliminar la criminalización de la opinión crítica". 
Bruguera, en un comunicado difundido por la plataforma #YoTambienExijo dirigido a los miembros de la sociedad civil, a los opositores que se reunieron con políticos norteamericanos y a los que lo harán con la subsecretaria Roberta Jacobson, aseguró que la Mesa de Diálogo "demostraría que la sociedad civil ha llegado a su madurez y no necesita que hablen por ella". 
"En la vida de una Nación son pocos los momentos como estos que ofrecen la posibilidad de mover cimientos de una sociedad para abrir espacios que permitan re-evaluar las ideas y prácticas que la definen. En estas circunstancias, un error táctico puede costar veinte o treinta años de políticas que serán difíciles de cambiar", recordó la artista. 
La plataforma #YoTambienExijo celebró que los opositores cubanos no sean un grupo uniforme y que cada uno tenga sus posiciones, "pero hay que entender la posibilidad histórica que les han puesto en las manos", añadió.
En este sentido, la artista afirmó que "ahora es el lugar y el momento para que todos juntos exijan que se les dé un asiento en la misma mesa con el Gobierno cubano para discutir directamente con ellos, cara a cara, sus demandas y plantearles sus exigencias como ciudadanos".
En el comunicado #YoTambienExijo agradece "a quienes se han ofrecido a escuchar la otra versión de la realidad cubana" pero añade que "no aceptamos que nadie hable o decida por los cubanos".
“La República humanista que merecemos necesita de la participación, del consenso y del poder de decisión real de los cubanos”, concluyó Bruguera.

lunes, 26 de enero de 2015

Periódico Verba Roja. Chile 1920. Mujeres anarquistas del 1900 Isolina Bórquez.





"¡A ti mujer!
A tú mujer me dirijo, a ti, tú que puedes con tus sentimientos más humanos que los del hombre impedir esa fiebre patrioteril que se desarrolla entre nuestros hijos, hermanos y compañeros, no permitamos que la cicuta de esa educación torpe y grosera dada en las escuelas, se infiltre en los cerebros infantiles de nuestros pequeñuelos; estirpemos esos fanatismos tradcionales de "patria" y de "raza" que modelan en esos virgos corazoncitos, para dar cabida a sentimientos más sublimes, más humanos; enseñémosles a amar, amar con frenesí; pero también enseñémosles a odiar, porque el odio es el que engendra el amor, seres que no odian no saben amar; odiar, sí, a nuestros gobernantes, a nuestros esplotadores, amara los humildes hijos del trabajo.
Mujeres realicemos lo que los hombres han sido incapaces de realizar: la confraternidad de los pueblos.
Mujeres impidamos que esa voluptuosidad feroz que sienten los hombres por destrozarse entre sí, sin haber mediado siquiera un disgusto, mas aún sin conocerse, desaparezca entre los humanos sentires; transformemos esas muecas groseras, bestializadas, que se dibujan en el rostro de los machos, muecas que dicen los caníbales deseos que sienten en su ser, transformemos repite, esa mueca feroz, en un gesto risueño armónico; que irradie dulzura, amores, que desborde en una franca alegría y se cumpla esa máxima del rebelde de Galilea:
"Amaos los unos a los otros".
Mujeres, no seamos por más tiempo la esclava de la escoba y del delantal; aprendamos a ser fuertes, aprendamos a luchar, ajitemos la tea lumínica de las sacras rebeldías y preparemos el advenimiento de la sociedad igualitaria, que nuestro es el porvenir."

viernes, 16 de enero de 2015

Juliette Roche

roche

Born into a wealthy Parisian family, Juliette Roche’s not-so-humble beginnings offered her a first-row seat at various art-world and political happenings, which she was exposed to since an early age. She channeled this knowledge into innovative paintings and poems (like the 1920 book Demi Cercle), but she also maintained a critical eye when it came to the Dada boy-club hijinks.

martes, 13 de enero de 2015

Constanza Markievicz


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Constanza Markievicz fue una revolucionaria, condesa anglo-irlandesa, nacionalista, sufragista, socialista y miembro del partido político Sinn Fein y Fianna Fáil. Ella participó en los esfuerzos por la independencia de Irlanda, incluyendo la sublevación de Pascua en 1916, donde tuvo un papel protagónico. Durante ese episodio fue herida por un francotirador británico antes de ser forzada a rendirse. En consecuencia, fue la única mujer entre los 70 presos que se encontraban en régimen de aislamiento.
Fue, entonces, condenada a muerte, pero finalmente perdonada por ser mujer. El fiscal afirmó que llegó a suplicar: “Sólo soy una mujer, no se puede disparar a una mujer.” Sin embargo, los registros de ensayos  históricos dicen que en realidad dijo: “Realmente creo que su calaña tuvo la decencia de pegarme un tiro”.
Constanza fue una de las primeras mujeres en el mundo en conseguir una posición ministerial (Ministra de Trabajo de la República de Irlanda, 1919-1922) y fue también la primera mujer elegida para la Cámara de los Comunes en Londres (diciembre de 1918), una posición que fue rechazada debido al fracaso del partido político irlandés, el Sinn Féin.

sábado, 10 de enero de 2015

Niki de Saint Phalle, la historia de la mujer que esculpió la vagina más grande del mundo






Niki de Saint Phalle aprendió a curar sus heridas creando, a pelear contra el rol que la sociedad les colocó a las mujeres, sin preguntarles si les gustaba o no, durante años y años. El conjunto de la obra de esta escultora francesa, tachada hace medio siglo de superficial y ornamental, es en realidad un complejo proceso de sanación, una catarsis -tal y como explicó en una ocasión el argentino Marcelo Zitelli que durante 16 años fue su asistente personal-, llena de garra y mensaje, que le ayudó a canalizar toda la agresividad y la violencia que sentía contra sus padres: él, un estricto católico burgués que abusó sexualmente de ella, y ella, una mujer que le transmitió su sentimiento de «maternidad no deseada», promovida por la infidelidad de su esposo durante el embarazo. El fruto de esta ira, de este enredo en las tripas, fue un transgresor compendio de trabajos en forma de esculturas, que convirtió a la francesa, una vez que dejó este mundo, en unos de los grandes nombres del arte femenino de la segunda mitad del siglo XX.
Provocadora como pocas, Niki de Saint Phalle (1930-2000) empezó a darle forma, alrededor del año 1964, a una serie de voluptuosas figuras femeninas de alegres y chillones colores que más tarde se convirtieron en su santo y seña. Pero entonces, la también cineasta ya había limado las aristas de su personalidad y ya sabía hacia dónde deseaba encaminar su vida, ya tenía claro cómo domar su talento. Nacía 34 años antes, un 29 de octubre, a pocos kilómetros de París, un lugar en el que su familia de banqueros de origen estadounidense se había asentado tras haberse arruinado en el crack de la bolsa neoyorkina.
Pronto, Niki de Saint Phalle regresó al continente americano, donde, además de formarse, hizo sus primeros pinitos artísticos. Comenzó trabajando como modelo fotográfica para distinguidas cabeceras como Vogue o Harper's Bazaary y empezó a experimentar con óleros surrealistas. Conoció al que pocos años más tarde se convertiría en su marido, dio a luz a sus dos hijos, Laura y Philips, se separó y, cansada de la segregación racial y la caza de brujas, regresó a la capital francesa. Detrás de su vuelta se escondía, además, otro motivo: una profunda depresión que la mantuvo internada durante un tiempo en un sanatorio y que nunca acabó de despegársele del todo.
Una visita al parque Güell de Gaudí marcó un punto de no retorno en la vida de Niki de Saint Phalle. Desde ese momento, la artista entendió que lo que deseaba hacer era «espacios públicos» y, a partir de ahí, empezó a sembrar el mundo de esculturas de prostitutas, diosas, parturientas, novias y sus célebres Nanas, gigantescas y multicolores figuras femeninas. La provocación se convirtió en el motor de su trabajo y rozó su punto más álgido cuando, en 1966, instaló en Estocolmo la figura de una mujer yacente, embarazada, de 29 metros de largo, a la que los espectadores podían «acceder» a través de su vagina. La pieza, llena de estancias por las que los visitantes tenían la oportunidad de pasear y participar en actividades, acabó siendo clausurada tres meses más tarde.
Esta desmesurada obra fue bautizada como Hon-en katedral (Ella es una catedral) y no hizo más que completar una extensa familia de retazos artísticos en los que el sufrimiento, el remordimiento y la crítica al rol femenino establecido por la sociedad son más que una simple constante. Sus Tirs (Disparos) son el mejor ejemplo: ensamblajes a base de todo tipo de materiales y objetos, adheridos con yeso al lienzo y provistos de bolsas de plástico llenas de pintura sobre las que Niki de Saint Phalle disparaba, produciendo importantes y arbitrarios efectos de agresividad y violencia.





Pero Las Nanas clausuraron esta etapa, la más oscura de Niki de Saint Phalle, para inaugurar una época de luz y de alegría. La mujer pasó a convertirse en objeto de culto, de deseo, voluptuosa, brillante, muñecas inmensas, multicolores y optimistas que convirtieron en objeto las ganas de vivir.
La enorme mujer encita de Estocolmo fue su primera Nana y, de todas, la más excelente. Niki de Saint Phalle se había propuesto realizar la escultura más grande, más alta y más fuerte de su generación. Y lo cumplió. Elaboró también la más polémica: un museo de museos, un cuerpo femenino que albergaba genialidad en su interior, otras obras, cubículos y estancias, toboganes para niños, bancos para enamorados, un bar de leche en los senos, salas de cine que proyectaban películas mudas. Hon inauguró además el concepto artístico de escultura «habitable», le dio la vuelta a su concepción de mujer como objeto sexual y enfrentó a los hombres a su secreto horror frente a la anatomía, pura y dura, femenina.
Niki de Saint Phalle siguió hasta el fin de su vida moldeando Nanas en poliéster, un material que el resto de artistas dejaron de utilizar por su alta toxicidad. A la francesa le dió igual. Continuó, desafinante, retocando magistrales figuras, que no eran más que su alter ego: grotescas, vulgares. Poco después, su segundo marido y compañero de labores la abadonó por una joven suiza a la que había dejado embarazada. Este nuevo bache solo hizo que la máquina creativa de Niki volviese a activarse. De la tristeza, la escultora creaba alegría. Del desasosiego, lotes de objetos que regalaba al mundo como un grito desgarrado. Dedicó sus últimos veinte años a crear el primer parque escultórico hecho por una mujer. El jardín del tarot la mantuvo en pie, le dio fuerzas a sus más que resentidos pulmones y en 1994 decidió seguir, al fin, el consejo de sus médicos y se trasladó al sur de California. Seis años más tarde falleció.

miércoles, 7 de enero de 2015

Tamara de Lempicka: el erotismo al servicio del arte y de la mujer



Tamara de Lempicka revolucionó el mundo del arte con sus retratos de mujeres y sus cuadros rompedores en los que mostraba un mundo de sensualidad y erotismo. La pintora polaca se convirtió, a través de sus cuadros, en un símbolo de la libertad de la mujer.
Tamara de Lempicka no fue una mujer al uso. Vemos a una mujer acomodada en la alta burguesía, adoradora del lujo, de los amantes de ambos sexos y de más de un vicio. Pero también vemos a una mujer con un talento innato para plasmar las emociones más recónditas del ser humano. Sus retratos de mujeres con un estilo Art Déco se cotizan en millones y sus obras se han convertido hoy en preciadas posesiones de estrellas de Hollywood y coleccionistas privados.
Si queremos recordar aquí a esta artista es por su forma de expresar en su arte la libertad de la mujer. Por tratar con naturalidad el cuerpo desnudo, por apreciar la belleza de los cuerpos que desprenden sensualidad. En definitiva, por haber plasmado en su obra ese deseo de la mujer de principios del Siglo XX de ser escuchada, de ser tenida en cuenta, de ser algo más libre.
Tamara de Lempicka triunfó en el Paris de los felices años 20, y también en el de los años 30. Con un estilo de vida provocador, la artista siempre encajó en aquellos lugares vanguardistascon aspiraciones de convertirse en lugares de culto. El arte de esta mujer preparó a la sociedad parisina para apreciar las formas novedosas con la misma pasión con la que acogieron los rompedores diseños de Coco Chanel. Así, no queremos olvidarnos en el aniversario de su nacimiento, de Tamara de Lempicka, una artista que dotó a la mujer de una nueva perspectiva.

martes, 6 de enero de 2015

Harriet Tubman





Harriet Tubman nació esclava pero, a los 29 años, consiguió evadirse. Luego, hasta que se abolió la esclavitud, se dedicó a organizar la evasión de otros esclavos y su paso hacia los estados que ya la habían abolido. 
También fue sufragista y militó activamente para conseguir los derechos para las mujeres.
Dijo esta frase: "Si hubiera podido convencer a más esclavos de que eran esclavos, hubiera podido salvar unos miles más".
Esa es la clave, como bien sabemos las feministas: convencer a los esclavos y a las esclavas de que lo son. Propagar e inocular el virus de la estima por la propia vida, por la propia dignidad.

lunes, 5 de enero de 2015

Silvia Federici






Silvia Federici (Italia, 1942) es una pensadora y activista feminista, un referente intelectual por su análisis del capitalismo, el trabajo asalariado y reproductivo, siempre desde una perspectiva de género. Profesora en la Universidad de Hofstra de Nueva York, Federici fue una de las impulsoras de las campañas que en los años setenta comenzaron a reivindicar un salario para el empleo doméstico. "El trabajo doméstico no es un trabajo por amor, hay que desnaturalizarlo", defiende. La escritora está de gira por España: allá donde ha estado las librerías y salas se han llenado para escucharla. Su último libro publicado en español es "Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas", publicado por Traficantes de Sueños. 
¿Es esta crisis económica una crisis también de igualdad? 
Sí, es una crisis de igualdad y que amenaza especialmente a las mujeres. Hay muchas consecuencias de las crisis que impactan en las mujeres de forma particularmente intensa. Por un lado, los recortes de servicios públicos, de la sanidad, de la educación, de los cuidados, las guarderías... eso trae a las casas un montón de trabajo doméstico que todavía siguen haciendo mayoritariamente las mujeres. La mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa pero siguen encargándose de este trabajo y tienen que absorber esta parte de tareas que antes eran públicas. Por otro lado, la crisis del empleo y del salario crea nuevas tensiones entre las mujeres y los hombres. Que las mujeres tengan más autonomía ha creado tensiones y un aumento de la violencia masculina. El hecho de que los hombres no tengan el poder económico y al mismo tiempo las mujeres reivindican una mayor autonomía ha creado formas de violencia masculina contra las mujeres que se pueden ver en todo el mundo.
¿En qué momento diría que estamos entonces?
Estamos en un periodo en el cual se está desarrollando un nuevo tipo de patriarcado en el cual las mujeres no son solo amas de casa, pero en el que los valores y las estructuras sociales tradicionales aún no han sido cambiadas. Por ejemplo, hoy muchas mujeres trabajan fuera de la casa, muchas veces en condiciones precarias, lo que supone una pequeña fuente de mayor autonomía. Sin embargo, los lugares de trabajo asalariado no han sido cambiados, por tanto, ese trabajo asalariado significa adaptarse a un régimen que está construido pensado en el trabajo tradicional masculino: las horas de trabajo no son flexibles, los centros de trabajo no han incluido lugares para el cuidado, como guarderías, y no se ha pensado formas para que hombres y mujeres concilien producción y reproducción. Es un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres.
De hecho, usted dice que se ha identificado la emancipación de las mujeres con el acceso al trabajo asalariado y que eso le parece un error, ¿lo es?
Es un engaño del que hoy podemos darnos cuenta. La ilusión de que el trabajo asalariado podía liberar a las mujeres no se ha producido. El feminismo de los años 70 no podía imaginar que las mujeres estaban entrando al trabajo asalariado en el momento justo en el que éste se estaba convirtiendo en un terreno de crisis. Pero es que, en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie. La idea de la liberación es alcanzar la igualdad de oportundiades con los hombres, pero ha estado basada en un malentendido fundamental sobre el papel del trabajo asalariado en el capitalismo. Ahora vemos que esas esperanzas de transformación completa eran en vano. Al mismo tiempo sí vemos que muchas mujeres han conseguido más autonomía a través del trabajo asalarido, pero más autonomía respecto de los hombres no respecto del capital. Es algo que ha permitido vivir por su cuenta a muchas mujeres o bien que tuvieran un trabajo, mientras su pareja no lo tenía. De alguna forma esto ha cambiado las dinámicas en los hogares, pero en general no ha cambiado las relaciones entre hombres y mujeres. Y, muy importante, eso no ha cambiado las relaciones entre mujeres y capitalismo: porque ahora las mujeres tienen dos trabajos y aún menos tiempo para, por ejemplo, luchar, participar en movimientos sociales o políticos.
Es también muy crítica con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la ONU. Algunos de ellos publican informes animando a la participación femenina en el mercado laboral, mientras alientan medidas de recorte que perjudican la igualdad y la vida de las mujeres...
Sí y esto es fundamental. Es un error no ver el tipo de planificación capitalista que se está desarrollando dentro del proyecto de globalización. Hubo una intervención masiva en la agenda y en las políticas feministas con el objetivo de usar el feminismo para promover el neoliberalismo y para contrarrestar el potencial subversivo que tenía el movimietno de mujeres en términos, por ejemplo, de lucha contra la división sexual del trabajo y contra todos los mecanismos de explotación. Por un lado, el trabajo de la ONU fue redefinir la agenda feminista y creo que fueron bastante efectivos. A través de  varias conferencias mundiales, por ejemplo, se presentaban así misma como la representación de las mujeres del mundo y de lo que es o no el feminismo. Por otro lado, su otro objetivo era 'educar' a los gobiernos del mundo en que algo tenía que cambiar en la legislación laboral para permitir la entrada de las mujeres en el trabajo asalariado.
¿Cómo salir entonces de esa trampa, cómo conseguir reivindicar la igualdad sin caer en esas trampas? Porque, por ejemplo, usted rechaza que las mujeres se incorporen en igualdad a los Ejércitos.
No a las mujeres en el Ejército, de ninguna manera. Hay que tener en cuenta que los hombres también son explotados. Entonces, si decimos simplemente que queremos la igualdad con los hombres estamos diciendo que queremos tener la misma explotación que los hombres tienen. La igualdad es un término que congela el feminismo: por supuesto que en un sentido general no podemos estar en contra de la igualdad, pero en otro sentido decir solo que luchamos por la igualdad es decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres. Creo que lo podemos hacer mejor que eso, hay que aspirar a transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal, los hombres también deben ser liberados, porque son sujetos de un proceso de explotación. Por eso no a las mujeres en el ejército, porque no a la guerra, no a la participación en ninguna organización que nos comprometa a matar a otras mujeres, a otros hombres en otros países con el objetivo de controlar los recursos del mundo. La lucha feminista debería deicr en ese sentido que los hombres deberían ser iguales a las mujeres, que no haya hombres en los ejércitos, es decir, no a los ejércitos y no a las guerras.
¿Y cómo salir de la trampa en el caso del trabajo asalariado?
Esto es diferente porque en muchos casos el trabajo asalariado es la única forma en la que podamos ser autónomas y no estamos en la posición de decir no al empleo. La cuestión es considerar el trabajo asalariado como una estrategia más para la liberación, no como la gran estrategia para liberarnos. Por ejemplo, en EEUU la cuestión del trabajo reproductivo no se tiene en cuenta para nada e incluso cuando las mujeres luchan por liberarse de las tareas de cuidado eso solo se tiene en cuenta como una forma de que ellas puedan dedicar más tiempo al trabajo fuera de casa. El capitalismo devalúa la reproducción, y eso significa que devalúa nuestras vidas para continuar devaluando la producción de trabajadores. Es un asunto fundamental que no se está teniendo en cuenta. Así que no se trata de decir no al trabajo asalariado sino de decir que el trabajo asalariado no es la fórmula mágica para liberar a las mujeres. Las mujeres no están afuera de la clase trabajadora, la lucha feminista debe estar totalmente imbricada en la lucha trabajadora.
Entonces, ¿qué más estrategias se pueden seguir para conseguir esa liberación?
El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. El trabajo de cuidados no es un trabajo por amor, es un trabajo para producir a los trabajadores para el capital y es un tema central. Si no hay reproducción, no hay producción. Si ese trabajo que hacen las mujeres en las casas es el principio de todo lo demás: si las mujeres paran, todo para; si el trabajo doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no produciremos ningún cambio en ningún otra plano.
¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?
Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.
Sí, pero aún hoy son las mujeres las que hacen mayoritariamente ese trabajo, esa sigue siendo la tendencia a pesar de que ha habido otros cambios, ¿qué haría cambiar esa inercia?
La tendencia es esa porque la ausencia de salario ha naturalizado la explotación. ¿Te imaginas que los hombres hubieran hecho un trabajo industrial gratis durante dos años porque es lo propio de los hombres? Estaría totalmente naturalizado, igual que lo está el trabajo doméstico, que está ligado a la feminidad y a lo que se considera propio de las mujeres. En una sociedad conformada para las relaciones monetarias, la falta de salario ha transformado una forma de explotación en una actividad natural, por eso decimos que es importante desnaturalizarla.
¿Y la forma de desnaturalizarla es precisamente mediante un salario?
Sí, es un primer paso para hacerlo. Pero nunca vemos el salario como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación. Ya solo pedir un salario tiene el poder de revelar toda un área de explotación, de sacar a la luz que esto es un trabajo propiamente dicho, y que es esencial para el capitalismo, que ha acumulado riqueza gracias a ello.
¿No se corre el riesgo de perpetuar así la división sexual del trabajo?
No, es una forma de romperla. Se puede demostrar que la división sexual del trabajo está construida sobre la diferencia salario-no salario.
Sin embargo, en muchos países como España el trabajo doméstico ya está reconocido como tal (no con todos los derechos) y aún así ese trabajo sigue siendo femenino mayoritariamente, es decir, que esté remunerado no ha hecho que los hombres se incorporen a esos empleos. ¿Por qué pensar entonces que pagar por las tareas del hogar hará que los hombres se incorporen a ese área?
En una situación en la que el trabajo doméstico no es reconocido como trabajo y millones de mujeres lo hacen gratis en todo el mundo, las mujeres que lo hacen por dinero están en una situación de debilidad, de no poder negociar mejores condiciones. Yo espero que se construya un nuevo movimiento feminista que una a las mujeres que hacen trabajo doméstico pagado y a las que lo hacen no pagado. Empezar una lucha sobre qué significa este trabajo, reivindicar nuevos recursos al servicio de este trabajo y proponer nuevas formas de organización. Este trabajo se hace separadas las unas de las otras y hace falta unión, nuevas formas de cooperación que nos permitan unir nuestras fuerzas para contestar esta devaluación del trabajo doméstico. La conexión entre mujeres y trabajo doméstico es muy fuerte y no será fácil, pero creo que sí se podrían conseguir cosas. La reinvidicación del salario para el trabajo doméstico ha sido muy liberadora porque muchas mujeres podían comprender así que lo que hacían era trabajo y era explotación, y no algo natural.

domingo, 4 de enero de 2015

Wislawa Szymborska





Wisława Szymborska /vʲisˈwava ʂɨmˈbɔrska/ (Kórnik, 2 de julio de 1923 – Cracovia, 1 de febrero de 2012) es una poeta polaca. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1996.
La escritora y poeta polaca nació en Bnin, que hoy forma parte de Kórnik, cerca de la ciudad de Poznań. Su familia se trasladó en 1931 a Cracovia, en esta ciudad cursa sus estudios. Aún reside allí.
Ha escrito varios libros de poesía así como prosas llenas de humor y agudeza. El Premio Nobel en 1996 hizo que fuese al fin conocida en Occidente. Ha sido ya muy difundida en castellano y en catalán.
Se la emparenta, geográfica, generacionalmente y por calidad, a escritores como Herbert o Milosz, a quien admiró desde muy joven.