domingo, 26 de abril de 2015

100 años de feminismo pacifista





El 28 de abril de 1915, nueve meses después del comienzo de la I Guerra Mundial, se celebró en La Haya el "I Congreso Internacional de Mujeres". Bajo la presidencia de la estadounidense Jane Addams, 1.136 mujeres de distintas culturas, lenguas y tendencias, procedentes de 12 países -incluso enfrentados en el conflicto-, se reunieron, desafiando los peligros y obstáculos del escenario bélico, en busca de la paz. Durante cuatro días, estas mujeres valientes y comprometidas, convencidas de que el logro de la paz, la igualdad y la justicia para todos eran objetivos inseparables, debatieron y denunciaron el horror de la guerra, elaboraron estrategias de paz e intentaron encontrar un mecanismo de mediación inmediato para detener la matanza.
De este Congreso surgieron varias iniciativas que urgían a los gobiernos del mundo a poner fin a la terrible guerra, y construir una paz permanente y con justicia. Sin duda, marcó el inicio del movimiento internacional de mujeres por la paz, del feminismo pacifista y antimilitarista con vocación internacionalista. Y fue el origen de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF).
El objetivo al fundar WILPF, como sigue siendo en la actualidad, era el de tener una organización a través de la cual las mujeres pudieran identificar y erradicar las causas profundas de la guerra y trabajar por la paz; garantizar la inclusión de los mujeres en los procesos de construcción de paz; defender los derechos de las mujeres y los derechos humanos; y promover la justicia social, económica y política.
El próximo 28 de abril WILPF cumplirá 100 años, lo que la convierte en la organización pacifista feminista más antigua del mundo. Además, WILPF cuenta entre sus mujeres con tres Premios Nobel de la Paz: Jane Addams, primera Presidenta, que fue galardonada en 1931, Emily Greene Balch, que recibió el Premio en 1946 y Alva Myrdal, en 1982.
El compromiso de WILPF, durante estos 100 años, ha sido trabajar de forma creativa y urgente, desde el activismo y la incidencia política, por la paz universal y perdurable con justicia y libertad. Imaginando la paz y trabajando para lograrla. Y lo hace desde sus estructuras internacionales y sus secciones nacionales en treinta países, que llevan a cabo el programa internacional en su contexto nacional.
La sección española (WILPF España) comenzó su andadura el 11 de junio de 2011, cuando un grupo de mujeres de distintos ámbitos, trayectorias y generaciones pero con un largo compromiso común por la paz, se reunieron en Madrid y decidieron sumarse a una organización histórica en el trabajo por la paz y la incidencia internacional con una mirada desde las mujeres, pero no sólo en cuestiones de género.
De 1915 a 2015, una voz permanente por la paz
Ha pasado un siglo desde la fundación de WILPF pero la necesidad de abordar el fenómeno de la guerra y la violencia desde una perspectiva feminista, pacifista y emancipadora sigue manteniendo la misma vigencia. Hace unas semanas, el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, emitía su informe anual sobre violencia sexual en contextos de conflicto armado. Según el documento, a lo largo de 2014 se produjeron casos de violación, esclavitud sexual, prostitución, embarazos, matrimonios o esterilizaciones forzadas en 19 países del mundo en situación de conflicto o post-conflicto. Ban Ki-moon instaba a los gobiernos a apoyar y proteger a las voces independientes, en particular a las organizaciones de mujeres y defensoras de derechos humanos. El hecho de que las mujeres, incluso en las peores circunstancias, adquieran roles activos en la defensa de la paz y sus derechos ha sido una constante histórica a la que no siempre se le ha prestado la atención merecida.
No cabe duda de que en todo este tiempo se han conseguido importantes avances. 2015 es un año clave para el movimiento de las mujeres por la paz. Además del centenario de WILPF se conmemoran los 70 años de la fundación de las Naciones Unidas y los 20 años de la IV Conferencia Internacional de Mujeres en Pekín, un hito que consolidó la agenda de paz como parte integral de las preocupaciones de las mujeres de todo el mundo. Asimismo, hace 15 años se establecieron los Objetivos del Milenio con el fin del acabar con la pobreza extrema y las discriminaciones de género y se aprobaba la histórica Resolución 1325, la primera de una serie adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU, en la que se reconocía la importancia de la participación de las mujeres, en condiciones de igualdad, en la construcción de la paz y la seguridad.
Sin embargo, pese a los grandes logros, la guerra sigue afectando de forma desproporcionada a las mujeres. El 80% de los aproximadamente 50 millones de personas refugiadas que existen en el mundo son mujeres mientras que únicamente el 4% de los acuerdos de paz llevan la firma de alguna mujer, una cifra que no resulta extraña si tenemos en cuenta que tan solo un 22% de los miembros de parlamentos en todo el mundo son mujeres.
Por otra parte, la noción de seguridad sigue asentándose sobre la idea del gasto militar sin asumirse que una mayor cantidad de armas no equivale a un mundo más pacífico y seguro. Por poner solo un ejemplo, el coste del funcionamiento de las Naciones Unidas en un año supone tan solo el 0,15% del gasto militar global.
Por todo ello, desde WILPF se sigue insistiendo en la necesidad de desafiar esta mentalidad dominante y la urgencia de abordar las causas fundamentales de la guerra teniendo en cuenta pilares básicos como la justicia social y económica, la participación, los derechos humanos, el desarme y la protección del medio ambiente.
“El poder de las mujeres para parar la guerra”
La existencia de WILPF tiene más sentido que nunca. Por este motivo, con el fin de construir la Agenda de la Paz del siglo XXI y recordar el legado de las pioneras de WILPF, mujeres procedentes de 30 países, de todos los continentes, se reunirán del 22 al 29 de abril en La Haya, bajo el lema “El poder de la mujeres para parar la guerra”. Durante estos días tendrá lugar un Congreso y una Conferencia Internacional con los que se conmemorará el centenario de la Organización. Hasta La Haya se desplazará una delegación española compuesta por una treintena de mujeres y encabezada por la presidenta de WILPF España, Carmen Magallón.
Para Magallón, el Centenario supone una oportunidad única de “estrechar lazos con compañeras de otras secciones, especialmente con las de América Latina. En La Haya se oirá una voz común, sentiremos, a través de sus múltiples rostros, ese poder de las mujeres para parar la guerra”.
Esta ciudad holandesa congregará a centenares de destacadas mujeres, incluidas las galardonadas con el Nobel de la Paz: Leymah Gbowee (Liberia), Shirin Ebadi (Irán), Tawakkol Karman (Yemen), Mairead Maguire (Irlanda) o Jody Williams (Estados Unidos). Sus voces, junto con las del resto de participantes llegadas de los rincones más diversos del mundo atestiguan, según Magallón, “la importancia y el significado de esta tradición de feminismo pacifista que se inició hace ya un siglo y que, desde entonces, se propuso incidir en la política internacional desde un paradigma propio y libre”.
Como se apunta en el Manifiesto WILPF 2015, "la violencia no es inevitable. Es una elección. Nosotras elegimos la no violencia, como medio y como fin. Liberaremos la fuerza de las mujeres y, en colaboración con hombres de igual parecer, crearemos un mundo justo y armonioso".

jueves, 23 de abril de 2015

Solo 5 mujeres se sientan en los 46 sillones de la Real Academia Española de la lengua






En los casi tres siglos de historia de la Real Academia Española (RAE), sólo siete mujeres han ocupado un sillón en la docta institución. Una labor que ha estado reservada en exclusiva a los varones hasta la segunda mitad del siglo pasado, cuando las puertas del viejo caserón de la calle Felipe IV se abrieron, al fin y por primera vez, para una mujer. Eso sí, 266 años después y tras sonoros portazos a varias escritoras y filólogas. Bien entrado en siglo XXI son cinco las mujeres con silla en la Academia, que cuenta con 46 plazas, de modo que ellas siguen así siendo una rareza en la RAE.

«Es mucho lo que queda por hacer», reconoce una de estas cinco académicas en activo, Soledad Puértolas, que cree sin embargo que «sería erróneo establecer cuotas femeninas o imponer la paridad». Ana María Matute, escritora y una de las tres únicas ganadoras con el Premio Cervantes, que ella obtuvo en el 2010, es la académica más veterana en la casa, a la que se incorporó en 1998 como titular del sillón K. Tras ellas llegaron cuatro más, todas en la última década: la historiadora Carmen Iglesias (2002, sillón E), la científica Margarita Salas (2003, sillón i), la narradora Soledad Puértolas (2010, sillón g) y la filóloga Inés Fernández Ordóñez (2011, sillón P).
Fundada en 1713, bajo el reinado de Felipe V, la RAE tardaría una eternidad en dejar paso a las fémina s y no fue por falta de candidatas. La primera en intentar romper el muro académico fue la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873). Para la pacata sociedad de la época era inconcebible que una señora ocupara puesto de tanta responsabilidad, y no hubo caso.
Pronto podrán ser seis las mujeres con sillón. Las candidatas son la novelista mallorquina Carme Rieras y la poeta malagueña María Victoria Atencia, que aspiran a cubrir la vacante de Valentín García Yebra.

Francia sigue el camino de Suecia y multará a los clientes de la prostitución

miércoles, 22 de abril de 2015

Dora Maar, la fiel amante que llora






Para llegar hasta el fondo de Dora Maar hay que pasar por las tuberías de Pablo Picasso. Todo arranca en una escena que ya es leyenda. Una noche, en el café Les Deux Magots de París, el artista habla con el poeta Paul Éluard. Es invierno de 1936 y en una mesa cercana una joven de ojos hondos y boina en lo alto juega con una pequeña navaja a pespuntear el espacio que queda entre sus dedos enguantados sobre el velador. Cada vez más veloz. El recorrido con el acero no siempre es limpio y el guante acumula rastros de sangre. Picasso se acerca, le habla en francés y ella contesta en un español de filo argentino. Le pide una cita y ella le da en prenda el guante. No saben aún que ese encuentro inaugura en ambos un infierno nuevo.
Dora Maar es fotógrafa, pintora, poeta. Hija de un arquitecto croata y de una violinista francesa. Al nacer en 1907 le asestan por nombre el de Henriette Markovitch. Pasa la adolescencia en Argentina, pero la juventud ya la desenvuelve en París, donde el mundo se ensancha y ella sabe bien cuál es el sitio que busca. Es una chica de gesto duro. De rostro pálido. De cuerpo fuerte. Tiene una belleza acorazada que al mirarla hace incómoda la sinceridad del pensamiento. Gasta un par de amores antes de llegar al farallón testicular de Picasso. Primero con el filósofo George Bataille, que le descubre las bondades del sadomasoquismo y con el que alcanza éxtasis feroces en la práctica de un sexo de naturaleza salvaje donde se ponen a prueba todos los límites de la carne. Y después con el actor Louis Chavance. Pero éste resulta ya un escaso percal para la exigente Dora, dueña de un apetito erótico donde los avatares de su cuerpo son la plantilla de todos los pecados que caben en el camarín del hipotálamo.
Mientras va zampando amantes, se instala en el epicentro del grupo surrealista que capitanea André Breton. No es un camafeo más, sino que ella danza entre esos machos vanidosos con algo de revolución en su mente bipolar, a mitad de camino entre la inteligencia y la neurosis. No es exactamente musa, sino motor de explosión. Allí juegan a dar luz un arte nuevo mientras los fines de semana se intercambian las parejas aparcando cualquier rastro de romanticismo en beneficio de una libertad que tiene tanto de ficción como de gozo. En medio de esa majada de poetas, pintores, fotógrafos, artistas y demás fauna parisina, Dora Maar toma posiciones en la militancia de izquierdas y desarrolla un retratismo de vanguardia con el que da muestra de talento detrás de una cámara de fotos de su capacidad para hacer danzar los grises que quedan en medio del blanco y negro.
En aquel mundo extraordinario, muy pocos vieron sonreír a Dora. Ella daba respuesta con la seriedad al enigma de su exuberancia. Quizá dos o tres veces hizo una mueca agradada. Pero eso fue antes de conocer a Picasso. De aquel primer contacto en el café sólo quedó el guante ensangrentado hasta que aquel verano de 1936 se encuentran otra vez en la Costa Azul, en casa de unos amigos. Aquella pasión que quedó en suspenso en la atmósfera de Les Deux Magots se desató con una furia de bestias en celo. Ambos se echaron mutuamente los cuerpos del contrario a la grupa, con el corazón en llamas y los nervios derviches. Aquel choque de bocas y de ijares estableció entre ellos una complicidad muy física que comenzó en el momento en el que el pintor salió del catre para hacerle a Dora el primer retrato, no sabemos si aullando de placer o anunciando el daño que viene.
Picasso aún estaba casado con la bailarina rusa Olga Koklova y ya había tenido una hija con la dulce y serena Marie-Thérèse Walter. La Guerra Civil española supuraba muertos y Dora Maar andaba indignada con la carnicería. Ella sigue retratando, pero el artista malagueño se convierte en el centro mismo de su obra, renunciando a cualquier emancipación espiritual. En ese año de 1937, el cartelista Josep Renau lleva a Picasso el encargo de hacer un cuadro para el pabellón de España en la Exposición Universal de París. Una gran tela. Una tela que sea defensa de la República y denuncia del atropello fascista. Picasso hace bocetos de una posible tauromaquia y Dora Maar va registrando ese proceso con una devoción mística. Es una dama fiera que ante su dios se amortigua con una devoción que asume el sacrificio como norma. Picasso es un cabrón seminal que devora mujeres con una doctrina caníbal.
En su entrega aparca su propia obra. Ejerce para él de amante, de impulso, de modelo y de agente inmomobiliario en una trama alambicada de relaciones cruzadas y destructivas. Ella le consigue el taller de la Rue des Agustins donde el Guernica toma forma y claridad tras el bombardeo de la Legión Cóndor en el pueblo vizcaíno. Él la retrata en las cuatro mujeres que gritan, y huyen, y lloran en el lienzo. Ella registra cada paso del pintor, del acierto al arrepentimiento. Él se deja fotografiar como si en esas imágenes estuviese el principio de otra Altamira. Se aman y se temen. Dora Maar está cada vez más envenenada de Picasso. Su fidelidad intelectual resquebraja su clarividencia fulminante. Una vez que el encargo de esa tela monumental queda rematado, los amantes marchan a Antibes, donde el sol y el mar les aclimata los deseos. Es una tregua para sus propias fiebres, un reposo de falso veronal.

Una vez separada de Picasso, en 1944, muy pocos la frecuentaron. Muy pocos la oyeron hablar de su guerra por ser quien comenzó siendo en la vida antes de ser masticada. Se encerró en su casa con más de 100 obras de Picasso y sus propias fotografías. Jamás concedió una entrevista. Entre los pocos que pudieron sortear la fortaleza de tanto enigma está la historiadora del arte Victoria Combalía, que publicó en Circe su biografía canónica. Se ató con una maroma al misticismo. Una dama marcada por la leyenda del gran caníbal. «Necesito construir un halo de misterio entorno a mí porque todavía soy demasiado conocida como mujer de Pablo». Dora Maar ecualizó su existencia para aceptar sólo el sonido de un nombre: Picasso. Y después nada. 
Pero Dora Maar es, principalmente, la mujer que ama. La amante dañada. La víctima. La convencida. La excluida. La desencajada. «Picasso sostiene que las mujeres son máquinas de sufrir». Una de esas damas que acumulan una atracción que desarma. Con ninguna otra de sus mujeres alcanzó el artista la complicidad intelectual que mantuvo con Dora. Y tampoco hubo otra que tomara al pintor por el único dios verdadero: «Después de Picasso, sólo Dios»... En 1945 comenzó su debacle. Françoise Gilot ocupó su sitio en la cama de Picasso. Para Dora comenzó el periodo de trastornos, los ingresos en clínicas, las sesiones de psicoanálisis con Lacan. Y así hasta la desaparición. Opta por hacerse invisible en un piso del centro de París en el que levantó un altar callado para aquel que fue su sangre. En un cruel sortilegio quedó retratada por su amante como La mujer que llora.
Murió sola a los 90 años, en 1997. A su entierro acudieron siete personas. Puede que ya hubiese superado aquella expulsión del amor sumamente traumática. Puede que no. Jamás volvió a tener un amante, ella que fue tan loba buena. Pero antes y después de su propia biografía desatada fue una artista, una creadora que no tuvo tiempo para lo superfluo, un silencio incalculable. Sus ojos espantados son los del caballo del Guernica y los de la mujer que llora y la que alza las manos y la que irrumpe como una ráfaga por la ventana. Su brazo pudo ser aquel que en la tela entra con un quinqué que nada alumbra. Las suyas fueron todas las lágrimas del mundo. Nadie sale ileso del caos espiritual de haber amado tan ferozmente el fuego.

domingo, 19 de abril de 2015

La rebelión de las cholas





“El padre de mi hijo me despreciaba. Me decía que yo no valía nada porque vestía pantalón”, recuerda Rosmeri Fernández (41), migrante aimara de la comunidad de Tablachaca (La Paz) que llegó a Santa Cruz, la capital económica de Bolivia, siendo una adolescente. Sus inicios en la ciudad fueron difíciles: empezó como vendedora ambulante de dulces, luego cayó enferma y finalmente encontró un puesto como niñera que le dio estabilidad económica. Alejada de su familia, Rosmeri comenzó a frecuentar los domingos fraternidades folclóricas en las que podía conectar con la música, el baile y la comida de la tierra que había dejado atrás. Allí conoció a Ernesto (seudónimo), un carpintero que la abandonó dejándola embarazada, pero también entró en contacto con otras mujeres migrantes que reafirmaban su identidad vistiendo la pollera, vestimenta distintiva de las mujeres mestizas, o cholas, y de las indígenas aimaras y quechuas.
Sombrero tipo hongo sobre las dos trenzas largas y apretadas, zapatos bajos, blusa cubierta por un mantón de lana, amplia falda de más de seis metros de tela que al moverse deja entrever las cuatro o cinco enaguas: el tradicional traje de cholita, que tiene su origen en la moda española de fines de siglo XVIII, fue adoptado por las mestizas e indígenas que buscaban sobrevivir o ascender socialmente acercándose a la cultura española. Hasta hace pocos años esas mujeres eran discriminadas por la élite blanca boliviana: a Lidia Katari, la esposa del exvicepresidente aimara Víctor Hugo Cárdenas, le exigieron quitarse la falda tradicional (pollera) para continuar ejerciendo la docencia, pero ella prefirió dejar la enseñanza antes que ceder. Sin embargo, en el pasado muchas mujeres han tenido que abandonar la pollera para poder seguir carreras universitarias o en la Administración pública.
Rosmeri Fernández recorrió el camino inverso. “Me las tuve que arreglar sola con mi hijo”, cuenta, “pero a los dos añitos el niño se enfermó y se murió. La muerte de mi hijo me dio mucha valentía, decidí no tener miedo a nada y empecé a llevar pollera en las reuniones de mi fraternidad. Al principio no sabía trenzarme el pelo o manejar las enaguas, pero me sentía feliz de representar a La Paz en esta ciudad. La gente que me conocía se sorprendió y me preguntaba: ‘¿Por qué te has puesto pollera si vos eras de pantalón?”. Optar por vestir mantilla y cinco enaguas en la ciudad tropical de Santa Cruz no es una decisión para tomarse a la ligera: por un lado, las temperaturas de 35 grados centígrados y el 90% de humedad hacen del traje de chola una prenda sofocante durante la mayor parte del año en esta ciudad; y por otro, los conflictos regionales entre los pobladores del oriente (cambas) y los del occidente (collas) han tenido como consecuencia que las mujeres de pollera hayan sido aún más marginadas en Santa Cruz.Pero la decisión de Rosmeri de asumir la pollera coincidió con un momento de orgullo indígena en Bolivia desde la llegada al poder del presidente de origen aimara Evo Morales en 2006. Sus reformas han tenido un fuerte componente de reivindicación étnica: el Gobierno ha incorporado a representantes indígenas en algunas carteras políticas, y en 2010 se promulgó la ley contra el racismo y toda forma de discriminación. Irene Cruz (43), vendedora de polleras en el mercado La Ramada, todavía recuerda cuando las cholas eran mal vistas en las calles céntricas de Santa Cruz, que durante años ha sido el bastión de la oposición al Gobierno de Morales. “Antes la gente nos hablaba de manera humillante, pero desde que el Evo ha sacado la ley contra el racismo ya no hay miramientos con nosotras”, dice. Lamenta que, a diferencia de La Paz, en Santa Cruz todavía no se vean mujeres de pollera trabajando en oficinas públicas. Ella atribuye esta situación a las tensiones entre collas y cambas que se han producido en la ciudad, y que incluso desembocaron en el pasado en enfrentamientos entre los comerciantes del mercado.
El Gobierno de Morales, revolucionario en muchos aspectos, ha sido patriarcal y machista en temas de género; las mujeres son vistas como subordinadas y su voz apenas se toma en cuenta (Bolivia es el país con mayor violencia contra la mujer en Latinoamérica). Pese a eso, hay excepciones. Durante la primera gestión se vio como un hecho inédito la nominación de tres ministras de pollera; hoy en día, muchas cholitas se han convertido en figuras públicas. Una de ellas es Justa Elena Canaviri (52), la chef más famosa de la televisión boliviana, conductora del exitoso programa de cocina, folclore y política La Justa. “Cuando inicié mi carrera, hace 16 años, éramos muy pocas cholas, ser figura pública era exclusiva de modelos. Rompí esquemas y estereotipos de belleza”, cuenta. La presentadora destaca el rol de la chola como “pilar fundamental de la economía boliviana”, ya que las mujeres de pollera se han dedicado al comercio, consiguiendo la independencia económica antes que las de la clase dominante.

A pesar de pertenecer a una generación más joven, Norma Barrancos (30) también vivió la discriminación. Barrancos es locutora desde hace cinco años de la radio San Gabriel, que transmite toda su programación en idioma aimara para la ciudad de El Alto (La Paz), cuyos habitantes son en su mayoría migrantes rurales de la zona andina. “Al principio no era común ver a una periodista aimara haciendo cobertura en los ministerios. Los guardias de seguridad me retenían, pensaban que yo me estaba entrando sin permiso cuando estaba cumpliendo con mi trabajo”, afirma.
Esa situación ha ido cambiando. “En la actual coyuntura, la mujer indígena tiene un papel muy protagónico, hay hermanas incursionando en espacios de poder y de toma de decisión”, dice Norma, quien nació en la comunidad de Achumani y se graduó en la Facultad de Ciencias Sociales. El año pasado ganó una beca que le permitió trabajar durante tres meses en la cadena BBC de Londres y realizó las coberturas luciendo las ropas que reflejan su identidad boliviana.
Alrededor del traje de cholita se ha creado una poderosa industria de la moda que mueve millones de euros cada año y que alcanza sus grandes momentos en la emblemática festividad folclórico-religiosa del Señor Jesús del Gran Poder en La Paz y en el Carnaval de Oruro, declarado patrimonio oral e intangible de la humanidad por la Unesco. Y es que vestir el traje de la tradicional chola paceña no es solo un indicador de etnicidad, sino también una señal de opulencia, puesto que un traje completo puede costar desde 2.000 bolivianos (274 euros) en adelante, una suma considerable si se toma en cuenta que el salario mínimo en Bolivia es de 1.440 (197 euros). A partir de allí existe todo un espectro de consumo que alcanza grandes despliegues de lujo, con pasarelas exclusivas y diseñadores destacados (un mantón de lana de vicuña, el material más codiciado, cuesta aproximadamente 7.000 bolivianos, más de 900 euros).Cholita fashion. “Ahora la pollera está de moda, hasta las mujeres ‘de vestido’ la quieren usar”, dice Zenobia Huiza (44), propietaria de una surtida tienda de faldas en La Ramada desde hace 22 años. “En esta época se están llevando las gasitas tipo corsé, medio transparentes, y tonos bajos como el salmón. Tengo tantas clientas que no doy abasto y he tenido que contratar una ayudante”, puntualiza, satisfecha de la extensa variedad de texturas y colores que ofrece su local. Zenobia nació en Oruro y comenzó a vestir pollera a los 15 años “porque le gustaba”: dice que ni el calor cruceño es capaz de convencerla de cambiar su traje por un vestido o un pantalón.Felipa Huanca, la candidata a la gobernación de La Paz por el partido de Evo Morales, Movimiento al Socialismo (MAS), posee un perfil fuera de lo común: indígena aimara, huérfana de padre y madre, dirigente sindical desde su juventud que decidió mantenerse soltera y sin hijos en un medio campesino en el que una mujer sin marido difícilmente obtiene la titularidad de las tierras. Ha sido secretaria ejecutiva de la Confederación de Mujeres Campesinas Indígenas de Bolivia Bartolina Sisa, organización sindical cuyo apoyo fue de vital importancia para el ascenso del MAS. Para Felipa, la opresión de las mujeres indígenas no es una cuestión solamente de etnicidad sino también de género. Experimentó el racismo de sus profesores en la escuela primaria y el de sus compañeros en la universidad por el hecho de vestir pollera y hablar aimara, pero para ella el problema central al que debe enfrentarse la mujer indígena es el del machismo imperante en la sociedad boliviana. “El patriarcado es algo que llevamos mentalizado, nuestros hermanos nos dicen que solo el varón manda”, comenta, y añade que también las mujeres perpetúan el sexismo. “En la organización me decían: ‘¿Cómo esta mujer va a hablar públicamente? ¿Acaso es varón?’. Entre hermanas también nos humillamos entre nosotras: el sistema nos ha educado en la discriminación y pararse fuerte ante eso no es fácil”. Reconoce que “temblaba” la primera vez que le cedieron la palabra en un ampliado de la Central Obrera Boliviana (COB), y asegura que los mayores desafíos de las mujeres indígenas son perder el miedo a “sacar la voz públicamente”, recuperar la autoestima y valorarse entre sí para que surjan nuevas actoras y líderes.
La creciente preocupación por la moda de pollera y el nuevo horizonte de consumo animó a Amina Rojas a lanzar junto a una socia la revista Pasantes, dedicada a promocionar las últimas tendencias de la moda en las entradas folclóricas. La revista funciona desde marzo de 2013 con una tirada de 1.500 ejemplares a todo color. Amina señala que si bien el Gran Poder nació como una festividad que reunía a los comerciantes de la zona norte (la más populosa de La Paz), en los últimos años se ha integrado también la antigua élite.
La pollera es un símbolo de las nuevas batallas por la identidad nacional que se llevan a cabo estos días en Bolivia, pero sería erróneo pensar que ese símbolo lo defienden todos. Como dice María Galindo, líder del colectivo feminista Mujeres Creando, es una simplificación pensar en el “mundo cholo” como un sector homogéneo, puesto que “no son las mismas aspiraciones las que encuentras en una mujer chola estudiante de la UPEA o de la UMSA (universidades) que en una mujer chola más adulta carnicera que tiene su comparsa de morenada”. Así, mientras algunas mujeres no abandonan la pollera o la recuperan, otras, “hijas y hermanas de la chola”, prefieren dejar atrás las trenzas y polleras para apropiarse “del pantalón y la chamarra… Esa ruptura con la pollera representa una ruptura con una forma de percibir tu cuerpo, con un sentido de tu vida en la ciudad”. Ese es el caso de María Elena Ramos, comerciante de polleras para jóvenes –más cortas y livianas– en La Ramada que a sus 27 años posee independencia económica, está soltera y desaprueba a sus clientas que se quedan embarazadas a los quince o diecisiete años y olvidan sus metas personales.La nueva burguesía nacida durante el Gobierno de Evo Morales no solo ha consolidado sus propias pasarelas y festividades: también está creando una arquitectura propia. Los vistosos edificios del albañil e ingeniero civil Freddy Mamani Silvestre se han convertido en parte de la identidad de la ciudad de El Alto, la segunda más importante del país. Bautizadas como neobarroco andino, pero llamadas informalmente “cholets”–chalets cholos– en La Paz y “casas payasito” en Oruro, estas fastuosas edificaciones de cinco pisos multicolores, cuyos dueños son comerciantes de origen quechua y aimara, desafían el paisaje árido del altiplano con su estilo ecléctico y abigarrado. Para la estudiosa Elisabetta Andreoli, coautora del libro La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre, la burla hacia estos edificios –“parecen hechos por extraterrestres” es un comentario típico– está asociada con el rechazo a la estética kitsch de una población indígena y hasta hace poco humilde.
La nueva clase emergente se afirma en Bolivia de diversas maneras, entre otras cosas abandonando la pollera y también asumiéndola o redescubriéndola. Uno de los fenómenos interesantes del momento que vive el país es que un marcador de discriminación cultural y racial está dejando rápidamente de serlo. No es poco.

jueves, 16 de abril de 2015

Emmy Lou Packard








Emmy Lou Packard, born in 1914 in El Centro, Imperial Valley, California, was one of the most famous American fresco artists and printmaking pioneers of the 20th Century. Packard's visual expression and courageous voice earned her international recognition as an artist and activist for peace. Marked by an early encounter with Mexican muralist Diego Rivera, her trajectory evolved from assisting Rivera with mural painting, to her own painting and print exhibitions and fresco projects. This revolutionary influence allowed for her vocal and uncompromising disapproval of several issues, including human rights violations, WWII and the American-Soviet "Cold" and Vietnam wars.
Before her formal art education, Packard studied under Rivera in Mexico, from 1927-1928. She received her B.A. from UC Berkeley in 1936, and went onto study at the California School of Fine Arts. In 1940 she assisted Rivera in creating the 1,650 square foot fresco at the GGIE, and returned with him to Mexico City, where she was a guest of Rivera and Frida Kahlo. During WWII she worked for a Richmond newspaper as a writer and illustrator in California; during this time she also took on roles in human rights activism, fighting for the rights of women and children, and steadfastly supporting the leadership of Cesar Chavez. Meanwhile, Packard's studies of the Mendocino Headlands for her artwork eventually inspired her to become a key promoter in the establishment of the headlands as a National Park.
Along with the manifest social and humanitarian issues, Emmy Lou Packard's work reflects the spirituality of someone born and raised in a land situated at the confluence of two cultures. The American heritage and the Mexican experiences emerge from her work in a peaceful coexistence, displayed beautifully in the color and form of her prints.

miércoles, 15 de abril de 2015

An Open Letter to Hillary Clinton






Hi, Hillary. You know me. I mean, we're not friends, exactly, but we're acquaintances. You were wonderful to me back in 1994 when you invited me to the White House. It's a memory I will treasure always, and you gave it to me. I thank you.
Now, about your presidential run -- if indeed you make it. I'm writing you this letter because I think the topic might figure into your decision-making, or maybe not. 

I admit that in 2008 I went with Obama, feeling at the time that he was carrying the real spirit of things, yada, yada, yada. Yeah, well. Anyway.

That was then and this is now.

I want a woman president -- really, I do. A lot of us do. And yes, you're so qualified, and yes, we've known you forever, and yes, you'd know what to do from Day 1. We all get that.

But none of that is enough to get my vote, or the vote of a lot of people I know. We only want to vote for you if you run like hell away from that corporate box you've landed in. I'm telling you, Hillary. The American people have become hip to what's happening. We know now that Wall Street runs the country, and we don't like it. And for many of us, we don't want to vote for you if Wall Street runs you too.

There are the seeds of political revolution in the air -- a rebelliousness, a rambunctiousness -- that America has been sorely missing. It's faint, at least on the left, but it is there. As a matter of fact, as tragic as it is for a lifelong Democrat to have to admit this, the one place where we have been seeing it manifest recently is on the political right. The Tea Party, sans a codependent relationship with the Republican Party, is causing a real problem for establishment Republicans. And once progressives break free of their codependent relationship with the corporate Democrats, you're going to have a real problem on your hands too.

That's why I'm writing. I have a feeling you're getting most of your advice from people who think that everything I'm saying here is nonsense. So I'll say it as loudly as I can.

STOP NOW. Stop cozying up to the banks, to the chemical companies, to the military-industrial complex, to the party machine, and to all the various financiers who make up the plutocracy now ruining this country. Yeah, I know a lot of them are nice people and that's cool. But they should not be able to turn the elected representatives of the American people into mere inconveniences they can buy off election after election. And if we have a sense that you'd be just another puppet of the elite, then I don't believe that you will win. We were fooled once, but I don't think we're going to be fooled again. 

In the final analysis, we really do love democracy -- and watching it dismantled as it's being dismantled, and corrupted like it's being corrupted, has taken a lot of us from denial to real depression to a collective "Hell, no!" that will have electoral consequences in 2016.

Years ago, George Lakoff compared Republicans to a critical father and Democrats to a nurturing mother. I pointed out a bit later that the critical father had become an abusive one -- but that as anyone with any psychotherapeutic understanding knows, the child will ultimately put a lot of his or her blame on the mother who stood by and allowed the abuse to happen! That's the Democratic Party machine today, Hillary. Please don't be one of them. 

I know you know exactly what I'm saying, because I remember you -- a lot of us remember you -- when you were raging against the Establishment machine on top of which you're now so sweetly perched. That machine is not our salvation; it's our problem. Corporate Democrats might have gained some power for the party, but at the cost of its soul. 

I'd love to clamor for you, to work for you, to cheer you on. I don't want to sit on the sidelines longing for Elizabeth or Bernie. I want to hear what's true from you. I want you to rail against the chemical companies and their GMO's -- not support them. I want you to decry the military industrial complex -- not assure them you're their girl. I want you to support reinstating Glass-Steagall -- not just wink at Wall Street while sipping its champagne. In short, I want you to name the real problems so we can trust you'd provide some real solutions.

But maybe that's just me wanting you to change, to be someone different than who you are. If that's true, please forgive my presumption and ignore this letter. But if anything I'm saying rings any kind of true at all, then I hope you'll start saying so. 

And quickly please, Hillary. People are starting to despair.
Marianne Williamson

lunes, 13 de abril de 2015

"El papel en el arte de la mujer en el siglo XXI es peor que en el XIX"




Nunca se describió como feminista, pero el feminismo la reclamó como algo suyo y junto al expresionismo abstracto hizo eclosionar su reconocimiento. El éxito tardío del trabajo la artista francesa Louise Bourgeois es la crónica de toda mujer dedicada a cualquier disciplina: contribuyen activamente junto a figuras masculinas pero son olvidadas por la Historia. A este planteamiento llega la experta en arte de los siglos XX y XXI y feminismo Griselda Pollock, que ofrece hoy a las 19:00 una conferencia en el Auditorio del Museo Picasso de Málaga como antesala a la retrospectiva dedicada a la figura de la creadora francesa. 

"Aunque las mujeres hacen una gran contribución a la historia del arte, no son vistas como fundadoras de los pilares, sino que quienes son recordados son los hombres por el sistema de valores existente. De hecho, paradójicamente, en el siglo XX e incluso en el XXI la situación de las mujeres se vuelve peor que en los siglos XVIII o XIX: se dedican museos a figuras masculinas pero no hay ninguno de gran escala que tenga como base a una mujer", apostilló ayer Pollock en un encuentro con los medios. 

El éxito llegó para Louise Bourgeois tras la retrospectiva organizada en el Museo de Arte Moderno (Moma) de Nueva York en 1982. La artista francesa cumplía los 71 años cuando su trabajo pasó de ser admirado a aclamado por la crítica. Cinco años después de su muerte, el Museo Picasso de Málaga organiza la mayor retrospectiva de la creadora realizada en España, que abrirá el 10 de junio. De nuevo, Pollock reflexiona sobre este tránsito de las artistas femeninas que pasan de ser ignoradas a convertirse en estrellas. "¿Se podría imaginar que la crítica esperase a que Jackson Pollock superara los 70 años para dedicarle una gran exposición? ¿Por qué tiene una mujer que ser anciana para ser reconocida?", se preguntó esta profesora aludiendo a patrones marcados por el género masculino para mantener imperante una jerarquía.

Pollock ha contribuido a una renovación de la disciplina del arte por medio del feminismo, según explicó la profesora titular de arte contemporáneo en la Universidad de Málaga (UMA) Maite Méndez, quien dirige el grupo de investigación -dependiente del Ministerio de Economía- que cofinanciada la ponencia de Pollock. Sus investigaciones indagan "en las causas de la escasa presencia de las contribuciones artísticas de las mujeres en los museos así como las complejas relaciones entre la feminidad, la modernidad, el psicoanálisis y la representación". 

En este sentido, Pollock agrega que el papel relegado de la mujer radica en una lucha entre unstatus quo tradicional interiorizado -en el que la mujer se plantea como objeto y no sujeto- y el género. "No nos podremos deshacer de las diferencias entre el hombre y la mujer, por eso tenemos que aprender a ser seres humanos sin tener una jerarquía entre ambos. Se trata de un largo proceso en el que se ha de investigar conjuntamente desde todos los ámbitos", expuso, agregando que gracias a esas diferencias "las mujeres hacen arte". 

Para ello, según Pollock, es vital el trabajo de los museos al plantear exposiciones como la dedicada a Bourgeois, de forma que se muestre la historia y experiencias del género femenino. No obstante, criticó la simbología que transmiten: "En las pinacotecas sólo encontramos obras de artistas masculinos, por lo que se marcan una idea y valores condicionados", sentenció.

domingo, 12 de abril de 2015

Cinco tesis de Ayaan Hirsi Ali


Ayaan Hirsi Alii, retratada durante una visita a Barcelona. / CONSUELO BAUTISTA
La agitación que vemos en el mundo musulmán hoy en día no es tan sólo una consecuencia de los sistemas políticos despóticos, de una economía ruinosa y la pobreza que genera. Sino que se trata de una consecuencia del islam en sí y de la incompatibilidad de ciertos aspectos clave de la fe musulmana con la modernidad. Por eso el conflicto más importante al que debe hacer frente hoy en día el mundo es el que existe entre aquellos que están dispuestos a defender hasta la muerte esas incompatibilidades y aquellos que están preparados para desafiarlos, no a acabar con el islam, sino a reformarlo.
El proceso inicial de desafío de la autoridad ya ha empezado, un ejemplo trágico del cual es la nota escrita por el hijo del presidente iraní recién elegido en las urnas, poco antes de su suicidio en 1992: “Odio tu gobierno, tus mentiras, tu corrupción, tu religión, tu doble rasero y tu hipocresía”. Sin embargo, no puede llevarse a cabo una Reforma mediante notas de suicidio. Al igual que la Reforma de Lutero, necesita tesis: llamamientos a la acción.
¿Qué se puede hacer con una casa desvencijada, pero que posee un gran valor desde el punto de vista histórico? Una posibilidad es simplemente derribarla y construir una casa nueva en su lugar. Esto no va a suceder con el islam ni con ninguna otra religión consolidada. Una segunda posibilidad consiste en conservar el lugar tal y como se construyó, por muy inestable y por muy grande que sea el peligro de derrumbe. Esto es lo que une a grupos como los Hermanos MusulmanesAl Qaeda y el EI: un regreso al estado original del siglo VII.
La tercera opción consiste en mantener el mayor número posible de detalles históricos, lograr que la fachada se parezca lo máximo posible a la original, pero llevar a cabo una reforma radical del interior de la casa y equiparla con las últimas comodidades. Ése es el tipo de Reforma que propugno. Ampliando la metáfora, otro término que se ajustaría a la idea que tengo en mente podría ser Renovación islámica.
No soy ningún Lutero. Tampoco he concebido noventa y cinco tesis para clavarlas en una puerta. De hecho, sólo tengo cinco. Hacen referencia a los cinco principios básicos de la fe islámica que aquellos que llaman a la yihad y la destrucción emplean con un éxito tan letal. Soy consciente de que enmendarlas será sumamente difícil. Pero para que el islam coexista con la modernidad, para que los Estados islámicos coexistan con otras naciones en este planeta cada vez más pequeño, y sobre todo para que decenas de millones de musulmanes creyentes prosperen en sociedades occidentales, hay que enmendar estos cinco conceptos. La razón y la conciencia así lo exigen. Creo que estos cambios pueden ser la base de una auténtica Reforma islámica, una que permita avanzar hacia el siglo XXI en lugar de regresar al VII.
Tal vez haya quien considere que estos cambios del sistema de creencias islámico son demasiado radicales para ser viables. Sin embargo, al igual que los tabiques o las escaleras innecesarias que eliminan unas obras de reforma realizadas con éxito, se pueden modificar sin provocar el derrumbe de todo el edificio. De hecho, creo que estas modificaciones reforzarán el islam ya que permitirán que los musulmanes puedan vivir en armonía con el mundo moderno. Son los que están empeñados en hacerlo retroceder a su estado original los que tienen más probabilidades de conducirlo a la destrucción. Éstas son mis cinco tesis, clavadas en una puerta virtual:
1. Garantizar que Mahoma y el Corán se prestan a la interpretación y a las críticas
2. Dar prioridad a esta vida, no a la vida después de la muerte.
3. Limitar la sharía y poner fin a su preponderancia con respecto a la ley seglar.
4. Poner fin a la práctica “ordenar lo que está bien, prohibir lo que está mal”.
5. Abandonar el llamamiento a la yihad.
Es obvio que el principal problema para nosotros es el fomento de la yihad. Sin embargo, el llamamiento a la guerra santa no se puede comprender cabalmente sin tener en cuenta el prestigio del Profeta como modelo de comportamiento musulmán, la primacía de la vida después de la muerte en la teología musulmana, la insistencia en una lectura literal del Corán y el consiguiente rechazo del pensamiento crítico, el poder de la ley religiosa y el permiso otorgado a ciertos musulmanes para que hagan respetar sus códigos y disciplinas. Estos temas se solapan de tal modo que en ocasiones resulta difícil separarlos.
Pero aun así hay que enfrentarse a ellos. Cuando escribí mi último libro, Nómada, creía que era imposible reformar el islam, que acaso lo mejor para los creyentes musulmanes era elegir otro dios. Estaba convencida de ello, de manera similar al escritor italiano y superviviente del holocausto, Primo Levi, que en 1987 escribió que estaba plenamente convencido de que el muro de Berlín perduraría. Al cabo de dos años, cayó el Muro. Siete meses después de publicarNómada se produjo el inicio de la primavera árabe. Fui testigo de la caída de cuatro gobiernos nacionales, del egipcio en dos ocasiones, y de protestas o alzamientos en otras 14 naciones, y entonces me di cuenta de que me había equivocado.
Los musulmanes de a pie están listos para el cambio. El camino que queda por delante será duro, e incluso puede que esté manchado de sangre. Pero a diferencia de anteriores oleadas de reformas que zozobraron al impactar contra el monolito del poder político y religioso, en la actualidad es posible encontrar una hermandad de gente que desea la separación de religión y política en el mundo musulmán.
No soy un clérigo. No atiendo a una congregación semanal. Simplemente doy clase, leo, escribo, pienso e imparto un pequeño seminario en Harvard. Los que objetan que no soy una teóloga titulada o una historiadora del islam tienen razón. Pero mi objetivo no es involucrar yo sola a todo el mundo islámico en un debate teológico. Lo que pretendo es animar a los reformistas y disidentes musulmanes a salvar los obstáculos de la Reforma, y animar a los demás a apoyarlos de todos los modos posibles.
En mi caso no hay vuelta atrás posible. Ya es demasiado tarde para regresar a la fe de mis padres y abuelos. Pero no es demasiado tarde para que millones de musulmanes concilien su fe islámica con el siglo XXI.
Mi sueño de una reforma musulmana no es una cuestión que afecte únicamente a los musulmanes. La gente de todas las fes, o la que no profesa ninguna, tiene un gran interés en los cambios del islam: una fe que sea más respetuosa con las doctrinas básicas de los derechos humanos, que defienda universalmente menos violencia y más tolerancia, que fomente gobiernos menos corruptos y caóticos, que permita más duda y más discrepancias, que fomente más educación, más libertad y más igualdad en un sistema legislativo moderno.
No concibo ninguna otra forma de avanzar, al menos ninguna otra forma que no esté sembrada de cadáveres. El islam y la modernidad deben reconciliarse. Y eso sólo puede suceder si el propio islam se moderniza. Podemos llamarlo Renovación musulmana, si se prefiere así. Pero sea cual sea la etiqueta que elijamos, conviene tomar estas cinco enmiendas como el punto de partida para entablar un debate sincero sobre el islam. Se trata de un debate que debe empezar con una reevaluación del Profeta y su libro. 

sábado, 11 de abril de 2015

El mundo llora la perdida de la guerrillera y cantante Viyan Peyman




La muerte de Viyan Peyman ha conmocionado a muchas personas de muchas nacionalidades, las que conocen el pueblo kurdo y se solidarizan con su legítima causa. Lo hemos comprobado en las redes sociales,  como muchas personas compartieron la noticia del falleciemiento de Viyan en el campo de batalla en un pueblo llamado Miço en Serêkaniye, del cantón de Yazira.
Su nombre real es Gulîstan Talî Cinganlo, Gulîstan significa jardín. Todos los guerrilleros del PKK, YPG y YPJ tienen nombres reales y guerrilleros,
 Gulîstan había elegido el nombre de Viyan Peyman, como un nombre guerrillero. Viyan Peyman, en castellano significa voluntad y compromiso.
Según los vídeos que se ven en Youtube, al parecer Viyan lleva muchos años luchando por la libertad de su pueblo. la guerrillera cantante nació y vivió en la ciudad de Mako en el Kurdistán iraní o en el este del Kurdistán, como prefieren llamar los nacionalistas kurdos a esta parte del Kurdistán.
Como la mayoría de los guerrilleros del PKK, Viyan habría ingresado en las filas de la guerrilla kurda en una edad temprana, atraída por la ideología del PKK y el carisma de su líder Abdullah Ocalan o para escapar de la cruda realidad en la que viven la mayoría de las mujeres en todo Oriente Próximo.
La noticia del fallecimiento de Viyan Peyman ha tenido eco en muchos blogs y páginas web en muchos idiomas, como por ejemplo en españolcatalán e italiano.
Los kurdos han perdido una maravillosa cantante, que cantaba el género más difícil de interpretar en la música kurda, gracias a este tipo de cante los kurdos pudieron preservar su identidad cultural y nacional. Muchas epopeyas de amor y hazañas han sido traspasadas de generación a a generación, a través de este género musical, gracias a los/las dengbêj (trovadores profesionales).
Los kurdos siempre expresan su rabia por la dolorosa muerte de una persona prominente y querida diciendo: Felek Xayîn ees decir el universo nos ha traicionado, también se podría traducir como: el destino nos ha traicionado. Pues así fue, el destino nos ha arrebatado esta gran mujer artista y luchadora por la libertad.
Se apaga la voz de Viyan para seimpre, pero nunca se apagará la luminosidad de su rostro en la memoria del pueblo kurdo, y sus canciones sonarán para mucho tiempo en muchas ciudades y aldeas del Kurdistán.

miércoles, 8 de abril de 2015

Marlene Dumas, Sonia Delaunay, Agnes Martin y Barbara Hepworth




Los retratos de Marlene Dumas, de 61 años, parecen simples, sin embargo, son profundos. Un centenar largo de sus obras se exponen en Tate Modern de Londres hasta el 10 de mayo bajo el título 'La imagen como carga'. La sudafricana, residente en Holanda desde la década de 1970, presenta retratos que van desde la privilegiada y enjoyada princesa Diana hasta la superviviente Naomi Campbell pasando por cuadros políticos -el colonialismo africano supura por toda la muestra- o personales como su auto retrato o el retrato de su hija.
"Lo que más le interesa a Marlene es lo que el cuadro aporta a la imagen", explica la comisaria de la muestra Helen Sainsbury. En la mayoría de los casos, los retratos de Dumas refuerzan la imagen (en abstracto) que ya se tiene del personaje antes de contemplar la percepción de la artista. La representación de los personajes a través de los medios circula como un runrún por toda la exposición. 'La viuda' es un retrato de Pauline Lumumba, esposa del primer presidente electo de la República Democrática de Congo, asesinado en 1961. Con los pechos descubiertos y la mirada perdida por el duelo, camina entre la multitud. La exposición de Marlene Dumas en Londres proviene de Amsterdam y va camino de la Fundación Bedeley en Suiza. Esta es la primera de cuatro exposiciones que dedica Tate Modern a mujeres artistas este año 2015 rompiendo así una lanza para hacer hueco en los grandes museos al arte producido por ellas. A la Dumas la seguirán en Tate Modern Sonia Delaunay, Agnes Martin y Barbara Hepworth. La gran muestra de la Hepworth en Tate estará acompañada de otras exposiciones menores que en su conjunto sacarán a esta mujer del olvido en el que ha caído desde su muerte en 1975.
Este mes de febrero se antoja como el de las mujeres artistas -ya no es el mes de mayo, mes de María y mes de las flores-. Además de Marlene Dumas, la greco-americana Lynda Benglis inaugura el día 6 en el nuevo museo Hepworth Wakefield, en el oeste del condado de Yorkshire, su primera retrospectiva en Reino Unido. La que fue calificada como "heredera de Pollock" presentará unas 50 obras de su carrera ya convertida en puntera del feminismo en la historia del arte a pesar de que fue calificada de "objeto de extrema vulgaridad" por la revista Artforum en 1974. El poco elogioso calificativo se refería a un auto retrato desnuda con un vibrador para un anuncio. Cuarenta años después, ni la revista le disputa un lugar en el espectro del arte en el que el artista Jeff Koons ha subido el listón en materia de vibradores o consoladores masculinos o femeninos.
Por orden geográfico (británico), la artista conceptual Cornelia Parker abre exposición el 14 de febrero en Manchester. Sus piezas tragicómicas transforman objetos de uso corriente en piezas irreconocibles. El mismo día 14 inaugura la desaparecida Louise Bourgeois en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo (Suecia) una exposición de sus obras titulada 'He ido y regresado del infierno'. De la misma Louise, la viejita parisina que murió en Nueva York en el 2010 a los 99 años de edad y activa hasta cuatro días antes de su fallecimiento, se presentará una muestra de su trabajo en el Haus der Kunst de Munich (Alemania) titulada 'Estructuras de la existencia'. Dos, mejor que una, cuando se trata de la madre araña del arte actual de mujeres.
En París, donde nació la Bourgeois, el museo Jeu de Paume, ofrece a partir del 24 de febrero la obra de Taryn Simon con cinco series de fotografías y tres vídeos. 'Los inocentes', de 2002, es una de las series que la fotógrafa realizó a condenados a muerte mientras trabajaba para 'The New York Times'. En el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago la colombiana Doris Salcedo presenta sus últimos trabajos, a menudo su respuesta a la violencia y el terrorismo, como 'Plegaria Muda', de 2008, (mesas ensambladas con musgo creciendo en sus grietas), surgida del análisis de la muerte de jóvenes en los barrios pobres de Los Ángeles y en la represión política de Colombia. La muestra viajará después al Guggenheim de Nueva York y al museo Pérez Art de Miami.
El Guggenheim de Bilbao tiene también su ración de mujeres artistas en el mapa de grandes centros internacionales con la exposición de Niki de Saint Phalle, fallecida en 2002. El conjunto de obras que se exhibirá en España muestran la dimensión política y feminista de sus escultóricas mujeres y "Nanas".

martes, 7 de abril de 2015

Oportunidad y oportunismo

Angela Deuber, ganadora del premio Arcvision a la mejor arquitecta.

“En Tailandia es más fácil para un pobre hacerse una casa sencilla que para alguien de clase media. Por eso trato de aprender a trabajar con menos”, explica la arquitecta Patama Roonrakwit (1968). “Diseñar es responsabilizarte de tu imaginación”, tercia la india Suhasini Ayer-Guigan (1961). “Laarquitectura hoy está más definida por la fealdad que por la belleza”, ha escrito la suiza Angela Deuber (1975). A muchas de las profesionales reunidas en Bérgamo para el premio Arcvision (50.000 euros a la mejor arquitecta) les ha costado alcanzar una voz propia. Alguna ha tenido que elegir entre vida personal y profesional. Otras han necesitado abandonar su país. Todas conocen las silenciadas historias de sus predecesoras: la modernidad de Eileen Gray que se adelantó a la de Le Corbusier; la locura de Sophia Hayden Bennett, primera titulada en el MIT, que cobró un tercio menos que sus colegas diseñando la Exposición Colombina de Chicago, o la rabia de Denise Scott Brown porque elPritzker fuese solo para su socio y esposo.
A pesar de que fueron muchas las precursoras no reconocidas, la autoría arquitectónica escapa a la dicotomía entre masculino y femenino. La mayoría coincide: es el empeño en que exista un autor único lo que hace daño a una profesión que, como el cine, se realiza por partes. Por eso, hace tres años, cuando la cementera Italcementi creó este galardón, muchas arquitectas (incluida la jurado Yvonne Farrell) se mostraron suspicaces. Como había sucedido con la sostenibilidad o con la arquitectura paramétrica, ¿iban ellas a prestarse al juego de convertirse en la nueva moda?
La tercera edición del premio desvela voluntad de continuidad. Y de mejora: por vez primera, las finalistas han convivido durante dos días. Coinciden en que la autocensura está en la base de muchos machismos. “No fui consciente del tema de género hasta que investigué para mi tesis sobre la mujer en casa”, explica la española Atxu Amán (1962). “En India te tratan como diosa o como esclava”, cuenta Ayer-Guigan. “En Estados Unidos, la desigualdad entre hombres y mujeres, además de ser pronunciada y extendida, se ha vuelto inconsciente. No se discute por miedo a que empeore. Existe la creencia de que fuera las mujeres sufren mayores abusos, y eso lleva a que se tolere la desigualdad”. Es la croata Zoka Zola (1961) la que lo explica. Lleva 18 años en Chicago.
Con ese mar de fondo, se anuncia la ganadora. Es la más joven, Angela Deuber, y sus dos edificios de excelente factura. Varias finalistas se encogen de hombros. Admiten que los proyectos son elegantes, pero esperaban una apuesta mayor.
¿Se atreverá un próximo jurado a premiar una arquitectura que valore otros criterios por encima de la perfección constructiva? “Puede que haga falta un hombre en el jurado”, bromea Giulia de Appolonia. Si no se cambia el punto de vista para juzgar la disciplina, poco cambiará. Y este premio es una oportunidad para hacerlo. El reconocimiento a las mujeres arquitectas podría ir de la mano del reconocimiento a otra manera de hacer arquitectura en la que la necesidad fuera un criterio tan válido como la perfección formal. Si el único premio que se les concede no quiere ser oportunista, tiene esa oportunidad: volver a apostar por la capacidad transformadora de la arquitectura.