domingo, 25 de octubre de 2015

Una artista de éxito a los 100 años







Trabó amistad con Jean Genet y Barnett Newman. Frecuentó los círculos artísticos de Josef Albers, Jean Arp, Willem de Kooning o Mark Rothko. Conoció a algunos de los grandes tótems de la creación del siglo XX en un apasionante periplo vital que la llevó a La Habana, París y Nueva York, sin dejar de pintar bajo el influjo de las vanguardias. Pero solo cuando cumplió 89 años vendió su primera obra de manera profesional. Hoy, con 100 años cumplidos el 31 de mayo, Carmen Herrera es una artista reconocida. Será objeto en 2016 de una retrospectiva en el nuevo Whitney Museum diseñado por Renzo Piano y sus cuadros cuelgan en algunos de los más importantes museos.
El éxito sobrevenido, sin embargo, no parece perturbar demasiado a esta creadora cubana nacida en La Habana que sigue levantándose temprano para trabajar en su loft de Manhattan en una rutina que solo rompe sobre las 11 de la mañana para tomarse un whisky—“scotch”, apostilla— o una copita de champán, al que se ha aficionado últimamente, comenta ella misma en una entrevista realizada por este periódico por teléfono y correo electrónico.
En todo caso, Herrera reconoce que el éxito ayuda a no perder el ímpetu para seguir pintando en una producción que atraviesa la “historia de la abstracción, la arquitectura, el minimalismo estadounidense y latinoamericano y el concretismo cubano”, explica Nicholas Logsdail, director de la galería Lisson, que acaba de exhibir sus cuadros en la feria londinense de Frieze, donde la Tate Modern adquirió su segundo herrera. La galería de Logsdail estrenará el próximo año un nuevo espacio en la Gran Manzana con obras suyas. “A mí, francamente, lo que siempre me ha gustado es la línea recta”, matiza Herrera.
“Lo primero que hago cuando me levanto es dar gracias a Dios porque tengo un día más para vivir y pintar”, explica. Trabaja hasta la hora de comer con su asistente ecuatoriano Manuel para ejecutar sus lienzos más grandes. Muchas veces también la acompaña su viejo amigo, el artista puertorriqueño Tony Bechara. Fue él, como presidente de la junta del neoyorquino Museo del Barrio, quien organizó la primera individual de Herrera en 1998.
Cinco años después, The New York Times definió su obra como “el último grito en la pintura”. Sus cuadros y su personalidad llamaron tanto la atención que la cineasta Alison Klayman le dedicó una película documental, 100 Years Show, estrenada este año.

Juventud desahogada

Herrera pudo vivir desahogadamente en su juventud gracias una pensión del Gobierno cubano por ser hija de un héroe nacional. Su padre, Antonio, luchó en la Guerra de la Independencia (1895-98) contra su propio progenitor, que era coronel del Ejército español. Más tarde, Antonio fundó el periódico El Mundo en La Habana, que sería clausurado por Fidel Castro. Su madre, Carmela, fue periodista y pionera del movimiento feminista de la isla caribeña. Su tío fue el cardenal Herrera Oria.
Su condición de mujer retrató su reconocimiento, sostiene Herrera: “Ser mujer y cubana no era ventajoso en tiempos pasados. Además, yo no era muy agresiva. Todo hay que medirlo por las normas de su época. Una tenía que acostumbrarse a eso, no solo en el arte, sino en todas las disciplinas”. ¿Y han cambiado las cosas? “Sí, drásticamente, para mejor. El cambio es lo único constante en la vida y el que no se dobla un poco se lo lleva la corriente”, comenta la creadora.
Cambió su vida cuando en 1939 conoció a su gran amor en La Habana, Jesse Loewenthal, con quien estuvo casada 61 años, hasta su muerte en el 2000. No tuvieron hijos. La joven pareja se marchó en 1948 a París y pasó allí cinco años, un periodo fundamental para el crecimiento artístico de la artista, que ya había vivido con anterioridad en la capital francesa. El resurgimiento en el París de la posguerra de la abstracción y del “arte degenerado”, como lo llamaban los nazis, la marcó definitivamente.
Conocer a Ella Fontanals-Cisneros, coleccionista cubana y fundadora del museo CIFO en Miami, también ayudó al reconocimiento. La coleccionista le compró a la artista, de entrada, nueve obras en 2002. En ese momento, Fontanals-Cisneros quiso donar una a la Tate Modern, que al principio no la quería recibir. “Confíen en mí, esta señora va a tener éxito y ustedes no van a poder comprar su obra; me lo van a agradecer”, les dijo Cisneros, según su propio relato. La cotización de una obra de Herrera puede oscilar entre los 13.600 euros (15.000 dólares) y los 453.000 euros (medio millón de dólares). Sus cuadros forman parte de las colecciones del MoMA, Whitney, Walker Art Center, Smithsonian Museum, Museo del Barrio y Hirschorn Museum, además de la Tate Modern.
Admiradora de la arquitectura de El Escorial y de Zurbarán, revela que su secreto para llegar al siglo son la suerte, el destino y no pensar mucho en ello. En sus tiempos “el reconocimiento no era gran cosa; es sobre todo un fenómeno contemporáneo”, apunta. No habla de arte, solo le interesa producirlo, y hacer lo que le gusta: “Tengo una edad. Si no me puedo tomar un whisky cuando me da la gana, ¿cuándo me lo tomo?”, se pregunta risueña.

sábado, 24 de octubre de 2015

Mandamientos de las mujeres sobresalientes










1. Como mamá no educo ni machos, ni sumisas
2. Nunca llamaré puta a otra mujer
3. Nadie podrá convencerme de no usar condón 
4. Si veo telenovelas, lo haré como entretenimiento, no como modelo a seguir 
5.No haré sola el trabajo del hogar y eso no me hace ser mala mujer
6. No aceptaré ganar menos que él por las mismas responsabilidades
7. Trabajaré para no depender económicamente de alguien
8. No aceptaré ningún tipo de violencia en mi contra
9. Nadie, ni siquiera mi esposo, podrá tocar mi cuerpo si yo no quiero
10. Nunca arriesgaré mi salud por alcanzar un estereotipo de belleza
11. No aguantaré a ningún hombre solo para que mis hijos tengan un padre
12. Jamas me embarazaré  para tener un hombre a mi lado
13. Tengo la responsabilidad de luchar por los derechos de la mujer
14. No aceptaré que me digan que hago lo que hago porque "estoy en mis días"
15. No cambiaré mi apellido por el de alguien más. No le pertenezco a nadie 
16. Mi libertad no se termina cuando me uno a alguien
17. Nadie podrá juzgarme por el número de personas con el que me acuesto
18. Mis orgasmos son mi responsabilidad
19. Yo decido si casarme o no
20. Dejar de trabajar por cuidar a los niños será una elección no una presión
21. Le exigiré a la política que trabaje por la mujer
22. Nadie podrá juzgarme por ser madre soltera
23. No me dará ni miedo ni vergüenza si me gustan las mujeres
24. o me impondré ninguna represión ni moral ni sexual
25. No aceptaré que algún trabajo o estudio solo lo pueden realizar los hombres
26. Nunca me traicionaré dejando de ser quien soy
27. Mis conversaciones no girarán sólo en torno al hogar y la familia
28. No me quedaré callada si algo no me gusta
29. Mi estado de ánimo no dependerá de nadie
30. Me saldré de la relación antes de llegar a los golpes

Rosa Parks, Detonante de una Revolución.

martes, 13 de octubre de 2015

Muere la última beguina


Por:  24 de abril de 2013
Beguinas










Murió mientras dormía sin saber que cerraba la última puerta de la existencia de las beguinas. La hermana Marcella Pattyn, fallecida el 14 de abril a los 92 años, era la última representante de la una de las experiencias de vida femeninas más libres de la historia, según los expertos. En la Edad Media, entre la rigidez de los estamentos religiosos, empezaron a aparecer comunas de estas mujeres que iban por libre, eran democráticas y trabajaban para obtener su propio alimento y hacer labores caritativas. Eran comunidades de mujeres espirituales y laicas, entregadas a Dios, pero independientes de la jerarquía eclesiástica y de los hombres.
Surgieron en un momento de sobrepoblación femenina, cuando dos siglos de guerras habían acabado con una gran proporción de los hombres y los conventos estaban colmados como la alternativa al matrimonio o a la clausura. Corría el siglo XII y las comunidades de beguinas, mujeres de todas las clases sociales, empezaron a extenderse en Flandes, Brabante y Renania. Gracias a las labores que hacían para la comunidad, eran enfermeras para los enfermos y desvalidos y maestras para niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas, muchas familias adineradas les dejaban herencia y mujeres ricas se instalaban en beguinajes.
La mayoría de hermanas practicaban algún arte, especialmente la música –Pattyn tocaba el banjo, el órgano y el acordeón-, pero también la pintura y la literatura. Los expertos consideran a poetas como Beatriz de Nazaret, Matilde de Madgeburgo y Margarita Porete precursoras de la poesía mística del siglo X VI, además de las primeras en utilizar las lenguas vulgares para sus versos en lugar del latín.
Vivían en celdas, casas o grupos de viviendas, declaradas patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998, y podían abandonarlas en cualquier momento para casarse y formar una familia, pero a nivel espiritual no se casaban con nadie más que con Dios y los más desfavorecidos. También formaban partes de estos grupos mujeres casadas que se identificaban con el deseo de llevar una vida de espiritualidad intensa en los beguinajes de sus ciudades.
Elena Botinas y Julia Cabaleiro definen el movimiento en Las beguinas: libertad en relación como lugar espiritual y pragmático a la vez, que rompe con la diferenciación que la Iglesia imponía entre la oración y la acción: “Un espacio que no es doméstico, ni claustral, ni heterosexual. Es una espacio que las mujeres comparten al margen del sistema de parentesco patriarcal, en el que se ha superado la fragmentación espacial y comunicativa y que se mantiene abierto a la realidad social que las rodea, en la cual y sobre la cual actúan, diluyendo la división secular y jerarquizada entre público y privado y que, por tanto, se convierte en abierto y cerrado a la vez”, explican.
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Según la versión más extendida, un grupo de mujeres construyeron el primer beguinaje en 1180 en Lieja (Bélgica), cerca de la parroquia de San Cristóbal y adoptaron el nombre del padre Lambert Le Bège. Otras versiones apuntan a que “beguina” significa, simplemente, rezadora o pedidora (de beggen, en alemán antiguo, rezar o pedir) e incluso, en la versión menos compartida entre los historiadores, a que su existencia se remonta al año 692, cuando santa Begge habría fundado la comunidad.
Tuvieron dos siglos de expansión rápida pero las denuncias de herejía las frenaron cuando la Iglesia empezó a ver que atraían donaciones “que les pertenecían”. Se instalaron en todas las grandes ciudades francesas y alemanas, pero la persecución las hizo volver a recogerse en Bélgica, de donde venían. Pagaron por las libertades que habían adquirido, económica, social y religiosa incluso con la muerte. Marguerite Porete fue quemada viva en 1310. Las acusaban de aturdir a los monjes y de encandilarlos cuando acudían a confesarse a los monasterios vecinos y las trataron como a las únicas mujeres libres de la época: las brujas. “El movimiento de las beguinas seduce porque propone a las mujeres existir sin ser ni esposa, ni monja, libre de toda dominación masculina”, explica Régine Pernoud en el libro La Virgen y sus santos en la Edad Media. Y así como sedujo a las mujeres, inquietó a los hombres.
Con sus conquistas volvieron a casa. Regresaron a los Países Bajos y Bélgica, aunque resistieron algunos beguinajes alrededor de Europa. La mayor comunidad se recluyó en un gran beguinaje en Cortrique la población del sur belga donde murió Marcella Pattyn la semana pasada. Después de que su modo de vida sin reglas y sin amos hubiera enfurecido a los garantes del orden, renunciaron a cierto radicalismo y optaron por convivir con la Iglesia para asegurarse la subsistencia, durante siglos, hasta morir hoy en silencio.

lunes, 12 de octubre de 2015

Conferencia de Susan George en La Nau sobre el poder ‘ilegítimo’ de las empresas transnacionales









Susan George, la presidenta honorífica de ATTAC Francia y una de las investigadoras más renombradas del TNI (Transnational Institute) el instituto internacional de investigación que lleva más de 40 años trabajando por un mundo más democrático y sostenible, ofrecerá una conferencia el martes 13 de octubre, a las 19 horas, en el Centre Cultural La Nau. El acto tendrá lugar en el Aula Magna de La Nau y la entrada es libre hasta completar el aforo.
La conferencia de George que lleva por título ‘Sobre usurpadores y empresas transnacionales: el proceso de la negociación del: TTIP (Trasatlantic Trade & Investment Partnership)’, se produce a propósito de su último libro ‘Los usurpadores. Cómo las empresas transnacionales toman el poder’ (Icaria, 2015), que trata sobre el “poder ilegítimo” de lobistas y ejecutivos de empresas trasnacionales que son capaces de gestionar cifras de negocios superiores a la suma del PIB de varios países en los que operan y que interfieren en los cauces democráticos de la sociedad.
Doctora en Ciencias Políticas, licenciada en Filosofía por la Sorbona y en Lengua Francesa por el Smith College, politóloga, presidenta del Transnational Institut de Amsterdam, autora de 14 libros traducidos a numerosos idiomas, ha advertido y escrito sobre justicia social siendo una referencia para el movimiento ‘altermundista’ y una firme defensora de las personas corrientes para las que defiende que tengan instrumentos para la acción. En ello incide uno de sus ensayos más ambiciosos El informe Lugano (Icaria e Intermon Oxfam), una propuesta a la subversión a las políticas de las superpotencias y de los organismos económicos supranacionales que rigen las políticas locales.
El acto está organizado por ATTAC Valencia y la Campaña TTIP, de ahí que George esté acompañada en el debate por la presidenta de esta entidad, Patricia Olascoaga y del catedrático de Geografía Humana de la Universitat de València, Joan Romero. La conferencia será en inglés con traducción simultánea en castellano.

Bilbao acoge una completa muestra de la artista feminista Judy Chicago



La muestra más completa realizada en Europa sobre la estadounidense Judy Chicago, una de las pioneras del arte feminista, se podrá visitar desde mañana y hasta el próximo 10 de enero en Azkuna Zentroa de Bilbao.
La exposición, que lleva por título "¿Por qué no Judy Chicago?", ha sido presentada esta mañana con la presencia de la propia artista y del comisario de la muestra, Xabier Arakistain.
La muestra presenta un relato visual a través de la selección de obras y documentos que recorren los más de 50 años de producción de esta pintora, escultora, educadora y escritora feminista, según han informado fuentes de la organización.
Judy Chicago (20 de julio de 1939, Chicago) forma parte de la primera generación de mujeres que se incorporaron a la práctica y a la teoría del arte junto a lo que en EEUU se denomina "segunda ola del feminismo".
La obra de esta artista gira en torno a una iconografía femenina y feminista y en torno a la búsqueda de referentes femeninos en la historia del pensamiento feminista.
Su obra más conocida es la titulada "The dinner Party", desarrollada entre 1974 y 1979 y centrada en el tema de la historia de las mujeres.
Se trata de un proyecto "monumental" multimedia, en el que participaron 400 voluntarios y que muestra una historia simbólica de las mujeres en la civilización occidental.
Las mismas fuentes han indicado que con el título de la exposición, "¿Por qué no Judy Chicago?", se pretende abordar la cuestión "del no reconocimiento de las artistas mujeres y, en concreto, el de las artistas feministas".
La exposición va acompañada de la IV edición del curso "Perspectivas feministas en las producciones artísticas y las teorías del arte", dedicado en esta ocasión a Judy Chicago, quien participará en el seminario.

sábado, 10 de octubre de 2015

Las palabras hieren





El caso de Mary Beard es paradigmático. Lo seguí hace un año, cuando varios medios, The New YorkerThe Guardian o la BBC se hicieron eco de una conferencia que esta prestigiosa investigadora del mundo clásico, profesora de Cambridge, colaboradora del TLS e infatigable divulgadora de la vida en la Antigua Roma, impartió en el British Museum. Tenía por título Oh Do Shut Up Dear (Venga, cállate, querida) y en ella la autora hacía un prolijo recorrido a través de la historia de cómo los hombres han tratado de callar la voz de las mujeres. De la Odisea a su propia experiencia, porque Mary Beard, una señora de 60 años que lleva casi toda su vida estudiando detalles sorprendentes sobre las sociedades antiguas, se convirtió de pronto en una celebridad televisiva a través de Meet the Romans, un programa divulgativo que le enseñó con sangre cómo nuestra naturaleza no es menos agresiva que la de aquellos viejos imperios que hoy tenemos por más crueles. Su programa provocó un aluvión de críticas insoportable. Lo extraordinario es que esas críticas no se referían al contenido en sí sino a su aspecto físico. Nuestra profesora tiene un aire no diferente al de muchas eruditas entregadas desde su tierna juventud a los asuntos intelectuales: luce una alocada melena blanca, sus dientes son llamativos por su irregularidad, se permite detalles excéntricos en el calzado o las gafas, y, lo que ha resultado más indignante para algunos, muestra un impactante aplomo en su lenguaje corporal. A ella le importa un pimiento no ser bella, pero no así a algunos críticos televisivos que, ignorando las enseñanzas que generosamente pretende difundir, se dedicaron desde el principio a describir la vestimenta poco cool de la sabia dama. Con más crudeza aún se refirió a ella la jauría tuitera, en donde los comentarios sobre su supuesta fealdad abundaron.

De pronto, esta mujer hiperactiva, brillante, vehemente, se convirtió en una luchadora contra un sistema ante el que las demás nos sentimos desarmadas. El día en que una eminencia de Cambridge llamó al estudiante que la calificó de puta y habló con él y con su madre es para mí tan histórico como esos chistes de romanos, al estilo Monty Python, sobre los que la historiadora ha escrito algún jugoso ensayo. El agresivo tuitero se disculpó de corazón. Su grosería se volvió contra él porque a raíz de que Beard la hiciera pública si se introduce el nombre del estudiante en Google aparece el inolvidable insulto. Una mancha en el currículo. Ella, siempre sorprendente, ha reclamado el perdón para quien aun ofendiéndola tan crudamente mostró arrepentimiento: esas palabras, aun siendo intolerables, no pueden arruinar una vida.“Puta apestosa. Seguro que tu vagina da asco”. Este fue uno de los interesantes tuits que la señora Beard cosechó. Lo curioso es que haciendo caso omiso de esa ley no escrita que aconseja a los personajes públicos no mirar lo que de ellos se dice en las redes, esta mujer, que se había educado en el feminismo activo de los setenta, se puso manos a la obra y decidió plantar cara a sus detractores. Alguien la ayudó a localizar al autor de tan hiriente mensaje: era un estudiante, tenía 20 añitos. Beard llamó a su madre y habló con ella. También habló con el autor de una web que colgó una foto de la investigadora con una vagina sobreimpresa en su cara. Charló con ellos y con otros tantos y publicó en su blog la crónica de estas conversaciones que, finalmente, conformaron la interesantísima pieza que leyó en el Museo Británico sobre el silencio impuesto a las mujeres en cuanto tratan de frecuentar territorios tradicionalmente masculinos.
Beard se ha convertido en una figura emblemática para muchas mujeres. La joven poeta Megan Beech escribió un poema, When I Grow Up I want to be Mary B. (Cuando crezca quiero ser Mary B.), que ustedes pueden encontrar recitado por su autora en YouTube. Y es que cuando algunas creían que el feminismo activo estaba muerto encontramos que hay muchos motivos para resucitarlo.
Mary B. se miró al espejo e hizo recuento de todos aquellos insultos que estaba recibiendo, “fea, gorda, vieja, puta, maloliente, desagradable, mal vestida, mal follada, machorra…”. Duelen, ¿verdad? Se podría escribir un ensayo sobre las mil maneras de ofender a una mujer. Pero una vez que nuestra heroína afrontó la dureza de los insultos comenzó a relacionarlos con una tradición que viene de antiguo: no se trata de lo que una mujer diga, sino de que hable. Y entonces decidió investigar sobre la naturaleza de quien insulta. ¿Qué pensaría usted de su marido, de su hijo, de su hermano o de su mejor amigo si se enterara de que es autor de tan repugnante prosa? Yo me sentiría desazonada. Y pasaría a explicarle lo que no aprendió de niño: que las palabras hieren.

viernes, 9 de octubre de 2015

LA MUJER QUE FASCINÓ A NIETZSCHE, FREUD Y RILKE..







Nacida en San Petersburgo, Lou Andreas Salomé (1861-1937) fue una escritora, pensadora y psicoanalista que figuró en los círculos intelectuales más notables de la Europa de finales del siglo XIX. A pesar de convivir con las mentes más privilegiadas de su época, ella es hoy virtualmente desconocida, un hecho que nos obliga a cuestionarnos la validez de la fama.
Hija de un general ruso que trabajaba al servicio de la familia Romanov, a los 17 años conoció a su primer mentor, Henrik Gillot, maestro de los hijos del zar que la iniciaría en teología y en literatura francesa y alemana. Gillot, casado y con hijos, se enamoró rápidamente de Lou y pidió su mano, ella lo rechazó.
En 1880, Lou viajó a Zúrich con su madre donde cursó estudios de dogmática e historia de la religión en la Universidad de Zúrich. Dos años después se trasladó a Roma donde conoció a Paul Rée (quien sería su amante durante un tiempo) y a Friedrich Nietzsche, con quienes establecería un trío intelectual apabullante. Sus viajes y estudios continuaron, hasta que en 1887 conocería al hombre con quien se casaría, Carl Friedrich Andreas. El matrimonio con Andreas, que duró hasta la muerte de él en 1930, nunca fue consumado, pues se dice que él la chantajeó con suicidarse si no aceptaba casarse con él y que siempre vivieron en casas separadas, además de que Lou mantuvo relaciones con otros hombres durante el resto de su vida
Salomé mantendría una independencia económica de su marido escribiendo artículos y libros. Fue la primera en publicar estudios sobre la obra de Nietzsche, seis años antes la muerte del filósofo, quien en algún punto se enamoró de ella y le pidió matrimonio, propuesta que ella, una vez más, rechazaría. Algunos estudiosos creen que fue en esta etapa y bajo la influencia del desencanto que Nietzsche escribiría Así habló Zaratustra.
Lou Andreas Salome-Paul Ree-Nietzsche
Lou Andreas-Salomé, Paul Rée y Nietzsche
En 1897, ya casada con Andreas, Lou conoció al escritor Rainer Maria Rilke, con quien mantendría una relación amorosa durante muchísimos años. El joven poeta, quince años menor que ella, se enamoró instantáneamente de Lou, que al principio lo rechazó. Después de tiempo y tras la insistencia de Rilke, ella accedió a tener una relación con él, que siempre osciló entre el amor, la amistad, la admiración, el amor platónico y una relación creativa muy profunda. Prueba de su prolongada e intensa relación son las cartas de amor que se escribieron y que aún se conservan. Entre otras muchas cosas, ella le enseñó ruso a Rilke, para que éste pudiera leer a Tolstói y a Pushkin.
En 1902, tras el suicidio de Paul Rée, Salomé entró en una profunda crisis de la que saldría con la ayuda del doctor vienés Friedrich Pineles. Ella mantendría una relación amorosa con él que resultaría en un aborto voluntario por parte de Lou.
En 1911, ella conoció a Sigmund Freud e inmediatamente se enganchó con el psicoanálisis, siendo la única mujer aceptada en el Círculo Psicoanalítico de Viena. Ambos mantendrían una relación amistosa de profundo respeto y cariño durante el resto de sus vidas. A partir de 1915, ella comenzó a dar consulta psicoanalítica en la ciudad alemana de Gotinga.
Lou Andreas Salomé murió en 1937, a los 76 años de edad, a causa de una falla renal. Su pensamiento mezcló el psicoanálisis freudiano con la filosofía de Nietzsche y sus estudios se basaron, principalmente, en el narcisismo y en la sexualidad femenina.
Se trata de una mujer que vivió su vida con una extrema libertad, fuera de lo común para su época; ella fue un ícono de la mujer liberada de principios del siglo XX. Y a pesar de que extrañamente permanecería en la región sombría de la memoria histórica, lo cierto es que algunos de los hombres fundamentales de los últimos cien años suspiraron más de una vez por ella.

La hija predilecta_Bolivia







"Bolivia, La Hija Predilecta " sigue su recorrido expositivo esta vez en el Centro Cultural Santa Clara de Portugalete. / "Bolivia, the favoured daughter" continues its exhibition tour this time in Santa Clara Cultural Centre in Portugalete, Bilbao.
TAU fundazioa
18 horas
en el Centro cultural Santa Clara.
“…y si el Mundo tuviera nombre de mujer, para mí se llamaría María y viviría en la Plaza San Sebastián de Cochabamba, en Bolivia. Ella es la “hija predilecta” a la que se refirió Simón Bolívar cuando proclamó la fundación de la República que llevaría su nombre. Hija predilecta para demasiados que la han querido poco y la Madre de los “hijos del Sol”, treinta y seis pueblos originarios que quiere, por primera vez, escribir su futuro.” David Ozkoidi Roig (fotógrafo navarro autor de las fotos

jueves, 8 de octubre de 2015

La bielorrusa Svetlana Alexievich, premio Nobel de Literatura




Muy influida por el escritor Alés Adamóvich, al que considera su maestro, Alexievich aborda sus temas con técnica de montaje documental. Su especialidad es dejar fluir las voces -monólogos y corales- en torno a las experiencias del "hombre rojo" o el "homo sovieticus" y también postsoviético. La obra de Alexievich gira en torno a la Unión Soviética para descomponer este concepto en destinos individuales y compartidos y, sobre todo, en tragedias concretas. Alexievich  se mueve en el terreno del drama, explora las más terribles y desoladas vivencias y se asoma una y otra vez a la muerte. En 1989 publicó Tsinkovye Málchiki (Los chicos de cinc) sobre la experiencia de la guerra en Afganistán. Para escribirlo se recorrió el país entrevistando a madres de soldados que perecieron en la contienda. En 1993, publicó Zacharovannye Smertiu (Cautivados por la muerte) sobre los suicidios de quienes no habían podido sobrevivir al fin de la idea socialista. En 1997, le tocó el turno a la catástrofe de la central nuclear de Chernóbil en Voces de Chernóbil, publicado en castellano en 2006 por Editorial Siglo XXI, que reeditó el año pasado Penguin Random House.
El año pasado lanzó El tiempo de segunda mano. El final del hombre rojo, publicado en alemán y en ruso. En este nuevo documento, Alexievich se propone "escuchar honestamente a todos los participantes del drama socialista", dice el prólogo. Afirma la escritora que el "homo sovieticus" sigue todavía vivo, y no es solo ruso, sino también bielorruso, turcomano, ucraniano, kazajo... "Ahora vivimos en distintos Estados, hablamos en distintas lenguas, pero somos inconfundibles, nos reconocen en seguida. Todos nosotros somos hijos del socialismo", afirma, refiriéndose a quienes son sus "vecinos por la memoria". "El mundo ha cambiado completamente y no estábamos verdaderamente preparados", dijo en una reciente entrevista a Le Monde. Atrapada aún en el espacio soviético, Alexievich indaga con angustia y sufrimiento sobre el fin de una cultura, una civilización, unos mitos y unas esperanzas.
Crítica con el régimen del presidente bielorruso Alexandr Lukashenko, la escritora reside la mayor parte del tiempo en el extranjero y últimamente lo hace en Alemania, donde su último libro ha tenido un enorme impacto.

miércoles, 7 de octubre de 2015

LA FLAMME AKERMAN







La dernière fois que l’on a croisé cette présence à la fois légèrement récalcitrante et totalement attentive, toujours frappée d’un sourire sage et inquiet, qui était celle de Chantal Akerman, c’était mi-août, au festival suisse de Locarno, où elle présentait son dernier film, No Home Movie, à la fois un portrait bouleversant des dernières années de sa mère (décédée l’an dernier) et une manière de revisiter intimement, petite caméra au poing, la plupart des figures de son œuvre immense, qui compte plus d’une quarantaine de films, d’installations et d’essais filmés.
Après la première projection, à la faveur d’un dialogue avec le public et d’une question indélicate d’un spectateur sur la part de libération que pouvait receler ou non la mort, elle avait répondu : «Ecoutez, ma mère m’a dit : "Parfois, il vaut mieux mourir que vivre", et puis après, elle s’est laissée mourir. Peut-être pour elle cela a-t-il été une libération, je n’en sais rien. Je ne suis pas encore passée par là, bien que je passe tous les jours par là un petit peu.» Mardi matin, on a appris la disparition de la cinéaste belge, à 65 ans.
Elle en avait seulement 18 quand elle a réalisé dans sa cuisine bruxelloise son premier film, Saute ma ville (1968, année volcanique) - treize minutes d’insurrection inflammable et kamikaze contre l’ennui domestique, sous l’influence godardienne du choc Pierrot le fou et de sa poésie séditieuse qui sent la poudre. Elle en avait 25 à peine quand elle signa, avec Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles(1975), son chef-d’œuvre, l’une des pièces les plus influentes de la modernité cinématographique, d’une virtuosité insensée au regard de la verdeur de son parcours, dont l’empreinte paraît toujours sensible dans les travaux de cinéastes du monde entier qui la citent en idole, tels Michael Haneke (le Septième Continent), Gus Van Sant (Elephant) ou Todd Haynes (Safe).

Trajectoire vagabonde

Entre ces deux coups de semonce, il y avait eu d’autres films courts et longs, et notamment Je, tu, il, elle (1975), où la cinéaste se filmait elle-même dans une errance hypnotique et déroutée en quête de son désir (pour une femme) à travers «un désespoir muet proche du hurlement».Mais aussi et surtout un premier exil new-yorkais, à 20 ans, aimantée et avivée par d’autres étincelles radicales, celles des films d’Andy Warhol, de Jonas Mekas, de Michael Snow.
L’Amérique deviendra pour elle l’un des pôles d’une trajectoire résolument vagabonde, où elle rencontrera une reconnaissance sans doute plus immédiate et ample que sur son continent d’origine, en même temps qu’elle pourra s’y inventer en quelque sorte une biographie de substitution, expérimentale. Là où elle n’avait d’attaches qu’esthétiques, et où se taisait l’écho de son histoire familiale dévastée par la Shoah, la mort dans les camps de plusieurs membres de sa famille, et le mutisme à cet endroit de sa mère rescapée. Là-bas, elle se décrète par la seule grâce de ses films une autre ascendance, plus brooklynoise que bruxelloise, se branche sur des palpitations étrangères, apprend puis enseigne à son tour une écriture libre, affranchie de repères et de narrations, pour concevoir des films aux formes jusqu’alors inconnues.
En Europe, qu’elle considère à l’inverse comme le territoire du récit, elle est la contemporaine et la cousine belge d’une génération de cinéastes pressés, en combustion spontanée, dominée par Rainer Werner Fassbinder ou Philippe Garrel (autre rejeton godardien passé à la caméra au sortir de l’adolescence), dont les films brûlent la pellicule d’une matière ressassante, traumatique, foudroyée. D’un rapport à la folie aussi, une incapacité furieuse à supporter l’existence telle qu’elle est donnée bourgeoisement. Des films d’horreur et de colère illuminée. DansChantal Akerman autoportrait (Cahiers du cinéma, 2004), elle évoque ces phases d’«explosion, dans lesquels je ne suis jamais fatiguée, et je ne me couche jamais de bonne heure, d’ailleurs je ne me couche pas». Elle affirme écrire en quelques heures ou même secondes des textes et scénarios de films : «Je fais, fais, fais, jusqu’à ce que je m’écrase.» Elle parle aussi très librement du syndrome bipolaire qui l’affecte, lui fait alterner les moments d’exaltation et d’effondrement, et façonne le mouvement d’une filmographie faite de déplacements incessants entre les territoires, les genres, les formes et les formats - la fiction avec ou sans scénario et le documentaire - maison, l’art vidéo et la comédie musicale, l’adaptation littéraire, le portrait d’artiste et l’épistolaire filmé…

Emmerdeuse tourmentée

Par-delà les faits de gloire de pionnière et les très grands films (outre ceux déjà cités, il faut mentionner les Rendez-vous d’Anna, Golden Eighties, D’Est, Nuit et jour, la Captive d’après Proust…), Chantal Akerman aura aussi inventé un personnage sans équivalent de filmeuse affranchie, de pythie insatiable, d’emmerdeuse tourmentée et géniale, animée d’un élan aussi violemment vitaliste qu’ombrageux, avec l’aura et la musicalité croassante d’une Duras. De sa découverte primale des puissances du cinéma à 15 ans à sa disparition, il y a un demi-siècle qu’elle aura sillonné en aventurière, à la fois aux aguets des transformations du monde occidental de l’après-guerre, de Tel-Aviv à Monterrey, et rivée à l’obsession de faire le point, sur l’époque, l’intime, les angoisses du moment, l’histoire qui lestait son errance incessante, sur ce que l’on peut en définitive face à ce monstre qu’est le temps, sinon lui arracher quelques pans sublimables à la force consolatoire de la caméra.

martes, 6 de octubre de 2015

Tu Youyou: 'Es un honor para la medicina tradicional china'






Tu Youyourecién galardonada con el Premio Nobel de Medicina por descubrir una nueva terapia contra la malaria, compartió el mérito del galardón con su equipo y consideró que el premio es "un honor para la ciencia y la medicina tradicional china en su intento de tender la mano al mundo".
Tu se convirtió el lunes en la primera mujer china en ser distinguida con un Nobel en cualquiera de sus campos y en el primer ciudadano de esta nacionalidad en hacerlo en Medicina. Además, marcó un hito al haber basado sus investigaciones en la medicina tradicional china, una disciplina que no siempre es reconocida en Occidente debido a su base empírica.
La científica, de 84 años, descubrió la artemisinina en 1969, un tratamiento contra la malaria que ha salvado millones de vidas en el mundo. "La artemisinina es un regalo a la población mundial de la medicina tradicional china", destacó la doctora en Pekín el lunes por la tarde cuando representantes del Gobierno le visitaron para felicitarle, según publicó la agencia oficial Xinhua de madrugada.
De forma humilde, Tu precisó que "el descubrimiento" de ese tratamiento "es un ejemplo exitoso de una investigación colectiva en medicina tradicional china", compartiendo el mérito con sus compañeros después de que en el pasado algunos de ellos le hubieran criticado por "adueñarse" del logro.
El descubrimiento de Tu se remonta a investigaciones de la doctora en los 60 y 70, en plena Revolución Cultural, cuando los científicos eran considerados unos contrarrevolucionarios y no se les permitía que continuasen con sus investigaciones.
No obstante, el dictador Mao Zedong sí permitió a Tu investigar un tratamiento contra la malaria y ayudó a financiar su trabajo, debido al elevado número de muertes que esta enfermedad estaba causando en el sur del país. Tu dio con su descubrimiento gracias a un libro de 1.300 años de antigüedad que encontró en la isla sureña china de Hainan.
En base a la medicina tradicional china, centrada en el ensayo-error y en experiencias que se han ido guardando en libros a lo largo de la Historia, en aquel manuscrito de más de mil años de antigüedad se destacaba que el ajenjo chino (artemisia annua) era considerado por los habitantes de la zona como un buen remedio contra las fiebres, posible síntoma de la malaria.
Entonces, Tu, con tan sólo 39 años, consiguió aislar el principio activo de esa planta, la artemisinina.
"La inspiración de la medicina tradicional china" fue importante, señaló al respecto el presidente del Comité del Nobel de Medicina o Psicología, Juleen R. Zierath, en una entrevista exclusiva con Xinhua.
No obstante, remarcó que lo realmente importante fue que Tu "identificara el agente activo en el extracto de la planta" y resaltó el papel de la química moderna y la bioquímica para conseguir el nuevo fármaco.

jueves, 1 de octubre de 2015

Marriage Should Be About Giving Strength, Not Making Up For Weakness







Simone de Beauvoir (1908-1986) was a French author and existentialist philosopher. Her The Second Sex is one of the foundational texts of modern feminism and philosophy (as well as the source of the quote below). She was the partner of fellow philosopher Jean-Paul Sartre for nearly 50 years. They remain together today, at least in a manner of speaking.

Sartre and Beauvoir never married, nor did they ever establish a joint-household. Their relationship has been the subject of much scholarship and speculation. Today's words of wisdom feature Beauvoir's impression of one the major ills of marriage: that it's too often seen as two people completing each other rather than two people giving to each other:

"The curse which lies upon marriage is that too often the individuals are joined in their weakness rather than in their strength, each asking from the other instead of finding pleasure in giving."