miércoles, 30 de noviembre de 2016

Fatima Mernissi. Pionera del feminismo musulmán




Fátima Mernissi( Fez, 1940 - 30 de noviembre de 2015). Historiadora, escritora marroquí, ensayista, doctora en sociología y profesora en la Universidad Mohamed V de Rabat. Es una de las intelectuales marroquíes más conocidas en Europa. Destaca por su defensa de los derechos de la mujer y por  ser una autoridad mundial en estudios de El Corán.

Estudió Ciencias Políticas y fue becada por la Sorbona para un doctorado en la Universidad de Brandeis, Estados Unidos.


Mernisi fue una de las primeras autoras que estudiaron el papel de la mujer en la cultura musulmana y que denunciaron la deriva hacia el machismo y el consevadurismo. Defiende un concepto humanista donde las mujeres tienen que asumir su papel luchando con la palabra, el arma principal para lograr la igualdad y hacer la revolución. 




Entre sus obras destacan Sexo, ideología e Islam 1975, El harén político: el profeta y las mujeres, 1987, que es un estudio histórico donde narra el importante papel de las esposas de Mahoma, Sultanas olvidadas 1990, Marruecos a través de las mujeres 1991 consistente en una serie de entrevistas a campesinas, videntes, obreras y sirvientas, El hilo de Penélope 2004, donde nos muestra un Marruecos que avanza hacia la modernización, tanto tecnológica como social, sin olvidar sus costumbres ancestrales. 



Otras obras: El miedo a la modernidad: Islam y democracia 2007, obra en la que hace un penetrante análisis del nuevo orden mundial impuesto tras la Guerra del Golfo, Aixa y el hijo del rey o ¿quién puede más el hombre o la mujer? 1990, cuento popular marroquí en clave feminista; Sueños en el Umbral: Memorias de una niña del harén 1996, La mujer en la otra orilla  y El amor en el Islam 2008. 



En 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, junto a Susan Sontag

domingo, 27 de noviembre de 2016

Virginie Despentes: “Francia está en caída libre”




"Pasados los 40, todo el mundo parece una ciudad bombardeada”, reflexiona Vernon Subutex. Sobre las ruinas de este hombre de clase media que frisa la cincuentena y ha perdido, en este orden, su tienda de discos, su subsidio y su casa, ha construido Virginie Despentes (Nancy, 1969) la trilogía —acaba de editarse el primer volumen en castellano— que la ocupa desde 2013. “Esta crisis nos ha enseñado que nos puede pasar a nosotros y, sobre todo, que nos puede pasar a cualquier edad. Solo después de publicar la novela me he dado cuenta de que esto se ha convertido en un miedo colectivo que todos compartimos de manera racional o irracional”. Tras dos libros de ensayo, Teoría King Kong (Melusina, 2007) y Apocalypse bébé (2010), Despentes —que carga con la etiqueta de enfant terrible de las letras francesas desde su debut en la narrativa con Fóllame— se planteó Vernon Subutex (Literatura Random House) como una novela corta. Pero, unos meses de escritura después, se encontró con más de 1.000 páginas que la crítica de su país ha saludado como una ambiciosa radiografía de la sociedad francesa actual. “Esta primera parte es un retrato de personajes deprimidos porque así es como yo veo Francia: creo que ahora empe­zamos a despertar, pero nos está costando entrar en el presente, dejar atrás el siglo XX y entrar en el XXI. Se han destruido empleos, empresas, las universidades no son lo que eran… Es una caída libre y nos sentimos mal. Hemos perdido nuestra identidad. Atravesamos un episodio de nostalgia colectiva porque el siglo pasado fue el último en el que Francia moló como país”.

Despentes escribió parte de la trilogía en Barcelona, donde vivió durante tres años. “Eran los años duros de la crisis y, obviamente, se han filtrado en la trilogía. Nunca se me olvidará: en una de mis primeras visitas a Madrid me crucé con una pequeña manifestación antidesahucios en la que todos tenían más de 70 años. Me impactó mucho. En la generación de mis padres, si habías trabajado toda tu vida, a los 60 podías considerarte a salvo”, relata. “Sin embargo, a mí en esa época me vino muy bien salir de Francia porque el país estaba sumido en un clima de depresión colectiva. Incluso los más privilegiados habían entrado en una espiral de no esperar nada, de no desear nada. En España se afrontaba la realidad con otra actitud, más positiva. En cambio en Francia no había optimismo para nadie”.
Quizás tan solo para Vernon Subutex. Todo se desmorona, pero él finge no enterarse de nada. Además, se consuela, conserva muchos y buenos amigos. “Yo trabajé en una tienda de discos y allí se congregaban perfiles muy distintos. Por primera vez me interesaba explorar en la ficción qué había sido de todas esas personas a las que en los ochenta había unido la pasión por la música y a la que la vida había llevado por caminos muy distintos, inimaginables cuando eran jóvenes y pertenecían a la escena underground”. A todos les va mejor que a Subutex, pero a ninguno le va demasiado bien. Y lo que poseen, subraya la autora en la novela, no suele ser fruto del esfuerzo. “Es lo que veo a mi alrededor. Solo en contadas ocasiones la riqueza procede del trabajo. En Francia, los que tienen dinero lo tienen de patrimonio. No he conseguido reunir ejemplos de lo contrario. Y conozco a mucha gente”. Tampoco ha conseguido comprender “el deseo de sangre” que, en su opinión, ciega a los poderosos. “Lo que más me desconcierta del ascenso de la extrema derecha en mi país es la fascinación que ejerce sobre los privilegiados. No soy capaz de entender esa rabia, esa frustración, ese odio hacia los más débiles”.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Por qué el día contra la violencia de género es el 25 de noviembre


Patria, Dedé y Minerva Mirabal, feministas dominicanas. Patria y Minerva fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960. FOTO: ARCHIVO FAMILIA MIRABAL / VÍDEO: GUERRILLA FILMMAKING
Desde 1981, Latinoamérica conmemora cada 25 de noviembre el día contra la violencia de género. Los movimientos feministas de la región, con una de las tasas más altas de violencia contra la mujer, acuñaron esa fecha en honor a las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, del que eran opositoras. Años más tarde, en 1999, la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró cada 25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en honor a las hermanas Mirabal.
“Cuando asesinaron a mi madre yo tenía cuatro años. Y también me asesinaron la posibilidad de conocerla”, cuenta Minou Tavárez Mirabal, la hija de Minerva, la más activa de las tres hermanas contra el dictador Trujillo. “Me he tenido que conformar con los recuerdos de otros y tal vez alguna pequeña cosa que yo creo que recuerdo, pero que no estoy segura de que sea del todo real: mi madre poniéndose una especie de traje miliar, con una boina; ella mirándose en un espejo, caminando por un pasillo; el día que a ella se la llevaron presa, que yo me aferré a su pierna y ella se molestó conmigo porque me eché a llorar... Yo creo que no quería verse débil frente a quienes se la llevaron”, rememora por teléfono desde República Dominicana Tavárez Mirabal.
Este viernes se cumplen 56 años de la muerte de Minerva, Patria y María Teresa. El 25 de noviembre de 1960, los cuerpos de las hermanas Mirabal eran hallados, destrozados, en el interior de un jeep hundido en un barranco, en Salcedo, al noreste de República Dominicana. Horas antes, las tres mujeres, activas militantes contra el régimen de Trujillo, habían sido asesinadas por un escuadrón enviado por el dictador. Los hombres del autócrata las mataron a golpes y las metieron dentro del vehículo para simular un accidente. Pero nunca hubo duda de que se trataba de un crimen. Y el asesinato de las hermanas Mirabal, conocidas como “las mariposas”, fue uno de los detonantes de la caída de Trujillo.
María Teresa, una de las hermanas Mirabal, asesinada el 25 de noviembre de 1960. ARCHIVO FAMILIA MIRABAL
"Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte", dijo en más de una ocasión, cuando ya se sabía amenazada, Minerva Mirabal, la más activa de las tres mariposas. Años más tarde, las hermanas Mirabal, nacidas en una familia acomodada de comerciantes, con carreras universitarias, casadas y con hijos, se convirtieron en un símbolo de la lucha contra la violencia de género. Una lacra global y multiforme de consecuencias devastadoras para el planeta. La trata, la violencia sexual, económica, psicológica, el acoso, la mutilación genital… son graves violaciones de los derechos humanos que afectan al 70% de las mujeres de todo el mundo.
“Una sociedad no puede llamarse democrática si tolera que a las mujeres se las está maltratando y asesinando. Y eso se produce, además, con mayor frecuencia, en los espacios donde deben estar más protegidas, sus hogares, su entorno, con las personas con las que se relacionan”, lamenta Minou Tavárez Mirabal, profesora universitaria y fundadora del partido Opción Democrática y que pese a que se siente orgullosa de que el legado de su madre y sus tías den nombre al día contra la violencia de género, lamenta que esta lacra aún sigue siendo un gravísimo problema en República Dominicana —donde se producen unos 200 asesinatos de mujeres por razón de género al año— y en toda la región, donde se registran una media de 12 al día.
Su madre, Minerva, que junto a su esposo, Manuel Tavárez —que más tarde también fue asesinado—, lideraba el Movimiento Patriótico 14 de Junio, ya había pasado por la cárcel por su oposición a Trujillo. También sus hermanas Patria y María Teresa. La más conocida era Minerva, pero las tres se habían destacado por su actividades revolucionarias. “Fue un crimen de carácter político. Las mataron porque llevaron adelante un movimiento de resistencia político, el más importante contra la dictadura de Trujillo. Y él se sentía impotente, pensaba que no lo podía doblegar, así que las mató. El dictador ya había dicho que sus principales problemas eran la iglesia católica y la familia Mirabal”, apunta la hija de Minerva. “Trujillo trataba de no nombrar a las hermanas Mirabal; y menos a Minerva, a quien tenía un odio especial, como si no mencionarlas les fuese a quitar fuerza”, añade.

Muchos cuentan que, además, Trujillo tenía marcada a Minerva Mirabal, a quien había intentado seducir sin ningún éxito una década antes. Se habla incluso de que la mujer le rechazó con un bofetón en un baile, organizado solamente para que Trujillo pudiese bailar con ella, que le dejó en mitad de la pista del evento al que fue, directamente conminada a asistir con amenazas a la familia. “Trujillo había intentado poseerla, como todo lo que había en este país, en esta isla que creía que era de su propiedad. Y ella se permitió el ‘atrevimiento de rechazarlo y de rechazar su acercamiento para conquistarla. Y le rechazó también de manera política. Y Trujillo lo sintió. Se cuenta que tras el bofetón, ella le dijo que no le gustaba su Gobierno”, dice Minou Tavarez, que ha crecido junto a sus primos, al cuidado de su abuela y de Dedé Mirabal, la única hermana que quedó con vida y que falleció hace dos años.
“Me siento orgullosa como hija, como mujer, como dominicana, de que la fecha del 25 de noviembre sirva para llevar adelante una campaña que es indispensable”, apunta Minou Tavárez. Sin embargo, advierte, no es suficiente con declarar el día contra la no violencia hacia la mujer. “El tema se ha introducido en los discursos como lo políticamente correcto, pero al mismo tiempo puedes apreciar la indiferencia con la que los mismos actores que pronuncian discursos contra la violencia de género, por la igualdad y no discriminación, cada 25 de noviembre u 8 de marzo no creen en lo que están diciendo; no tienen ningún compromiso. Sólo un día no sirve. Tienen que ser todos”.

Simone de Beauvoir











martes, 22 de noviembre de 2016

CELIA. Las hijas del carbón

Hablamos con varias abuelas sobre cómo era su vida sexual


Meryl Velasco y amigas
Ayudé a mi abuela Juana a ducharse. Para ella, todo lo que estaba entre las piernas, hacia delante y hacia detrás, se llamaba culo. Me giré, dándole intimidad para que se lo lavase. Entonces dijo, con aquella franqueza cómica con la que trataba los temas sexuales: "De tanto tener niños, ya no tengo agujeros separados. Creo que tengo un solo hoyo grande por el que sale todo junto. Que yo no sé muy bien lo que hay ahí, porque nunca me lo he visto".
Imaginaba a mi abuela, detrás de mí, con un pozo insondable entre las piernas. Ese pozo era, en realidad, una laguna de represión y desconocimiento. Mi abuela me dijo, en alguna ocasión, que ella "se lo pasaba muy bien" con mi abuelo. Aun así, muchos puntos de su vida se adscriben a la norma social de la época. El cuerpo como ente impuro, maldecido por las palabras de la Iglesia, la mirada de Cristo y de la sociedad siempre presentes, la mano que aparta la del novio, la virginidad, la sangre y la amenaza de pecado constante, todo ello confluyendo en ese agujero de misterio.
Ernesto García y Juana Rosa Hernández
LA PRIMERA DESGRACIA

Así llamó la madre de Angelita a la primera menstruación de su hija. Esta pacense de 90 años recuerda el olor de la habitación cuando su madre les prohibía lavarse durante esos días. "A veces, si había baile y estábamos con la sangre, no nos dejaba ir". La regla era el primer aviso de peligro. Tu cuerpo se volvía un templo que debías proteger. Pero, ¿cómo es posible ser guardiana de un templo si no sabes a qué tipo de peligros te enfrentas?
Carmen Baladrón, madrileña de 70 años, afirma: "Lo teníamos muy crudo, porque éramos muy ignorantes, esclavas del "ya te enterarás"". Como todo lo relacionado con los procesos del cuerpo, la menstruación era un tema de faldas para adentro. Meryl Velasco, donostiarra de 67 años, recuerda escenas que llenaron su infancia de misterio: "Mi tía le hizo una bata a mi madre y esta le dijo: "este color tan claro no me convence; se puede manchar, ya sabes de qué". Al ver que yo estaba escuchando, cortaron la conversación".
CHICOLEAR
Meryl Velasco en su boda
Ese verbo cargado de maldad, chicolear, fue el que usaron las monjas del colegio para informar al padre de Mari Carmen Grande de que su hija paseaba con chicos al salir del colegio. La Iglesia, guardiana de la moral en la España franquista, se ocupaba de poner el ojo en cada uno de sus fieles, aunque en este caso se tratase de una niña de doce años que aún no sabía de dónde venían los niños. Sin embargo, una especie de fuerza invisible hacía a las chicas temer el simple contacto. Meryl Velasco recuerda que de niña ni siquiera había tenido una conversación con un chico que no fuese de su familia. "Si un chico me agarraba de la mano, me daba hasta un mareo".
Carmen Baladrón saca a relucir el doble rasero de la Iglesia: "Un cura nos mandó a ir a su casa a recoger los resultados de un examen de religión. Mi padre, cuando se enteró, se vino conmigo. El cura se quedó pasmado al verlo. Fíjate, qué querría el cura si nos mandaba a ir a buscar los exámenes a su casa". La familia, sin saber que el cazador estaba tan cerca, formaba una jaula de protección y vigilancia alrededor de la pureza de la joven. "Justo antes de casarme -recuerda Meryl- fui una noche con mi prometido a preparar el piso que nos habíamos comprado. Al volver a casa, mi padre me montó una gordísima, y me llamó de puta para arriba".
La nonagenaria Angelita se ríe recordando su primer beso, que se lo dio al que fue su marido, fallecido hace ya 30 años. "No te lo creerás, pero fue el mismo día de la boda, delante de la familia. Pensé: qué morro más duro".
Teresa Plaza junto a un cura 
Teresa, treinta años más joven que Angelita, vivió una realidad más abierta de lo habitual. Se trasladó a Madrid desde su Soria natal, y compartía piso con amigos. Es la única de todas las entrevistadas que recuerda hablar con amigos de su vida sexual. Para el resto de entrevistadas, de una forma natural, el muro entre vida íntima y vida social quedaba claramente delimitado. Sobre todo en un tema tan delicado como 'la entrega de la flor'.
LA FLOR
Carmen Baladrón se ríe cuando le pregunto por su pérdida de la virginidad: "Mi marido decía de broma: "Hay quien se casa por haber jodido. Y yo me caso para joder, porque no me ha dejado mojar nada esta mujer"". Mari Carmen Grande coincide con ella: "Había que morir virgen y mártir. Y mi madre con eso era muy dura, de escopeta y perro, como digo yo".
Juana Rosa Hernández y su madre
Algunas había más informadas que otras, pero, para casi todas las entrevistadas, al casarse, el velo que ocultaba tanto misterio se descorría. La nonagenaria Angelita recuerda que, en el momento de la verdad, con su marido "yo cerraba las piernas fuerte. Pensaba que era imposible que aquello me cabiera. Yo nunca había metido ni un meñique ahí dentro, así que ya te puedes figurar al pensar en el miembro".
Tanto Meryl como Teresa coinciden en el shock que les produjo ver por primera vez un pene en erección. "Yo nunca había visto un pito tieso -reconoce Teresa- y recuerdo que no podía parar de reír". Meryl habla sin tapujos de su inocencia en aquel momento: "No sabía ni por dónde había que meter las cosas, para que me entiendas. Era todo muy confuso. Fue muy bonito igualmente. Al día siguiente nos fuimos de viaje de bodas a Canarias, y yo no podía mirar a nadie a la cara, porque me parecía que se me podía ver en los ojos que había follado".
UNA ASPIRINA 

Este era, según Angelita, el método anticonceptivo: "Una aspirina bien apretada entre las rodillas. Y que no se te caiga". Cecilia Novella, cubana residente en Valencia, nacida el mismo día que comenzó la Segunda Guerra Mundial, llegó a España con 17 años a estudiar medicina. Procedente de un universo más liberal, observaba con curiosidad la represión española. Nunca se casó y tuvo una vida sexual libre, siendo una de las pioneras del DIU. Recuerda esa España oscura, en la que, en clase de Anatomía, el profesor anunció: "Mañana no vengan las chicas a clase, que vamos a impartir la lección del aparato sexual masculino".
Carmen Baladrón reconoce que la anticoncepción era un páramo de desconocimiento: "No usábamos nada, hasta que un amigo nos trajo de Francia unas pastillas que se metían por la vagina. Era muy incómodo, así que hacíamos la marcha atrás. Íbamos a ciegas".
Meryl Velasco y unas amigas en La Concha
Los embarazos no deseados fuera del matrimonio fueron un fantasma que planeaba por encima de los jóvenes. Teresa Plaza se estremece al recordar cuando acompañó a una amiga a abortar: "Era un piso normal, en medio de Madrid, donde una señora hacía abortos sin ninguna condición higiénica". Mari Carmen Grande recuerda a una compañera que se quedó embarazada de soltera. "La habían echado de casa, así que la acompañé a dar a luz. La vi absolutamente perdida, enloquecida por su situación. Eso te podía convertir en una paria social".
TU PLACER ES TUYO
Angelita se parte de risa cuando le comento esa frase feminista. "Antes se hacía el amor para hacer hijos o cuando se le antojase al marido. Ahora se dice que es muy importante que la mujer esté contenta. Yo no sé si he tenido el gusto del sexo, lo que se siente. Creo que alguna vez sí".
Meryl recuerda las primeras sensaciones de aquellos años: "Había veces, antes de casarte, que te besabas y te hacías arrumacos con tu novio, y sabías que si seguías por ahí te iba a fulminar un rayo: por un lado, en la cabeza por mala, y en el bajo vientre porque, si seguías, eso era lo que te iba a pasar". Y rememora con una sonrisa el largo camino recorrido: "Éramos autodidactas. No hemos salido mal para la poca idea que teníamos". Teresa está de acuerdo, pero recalca un dato, fundamental para ella: "Nuestra libertad, casi todo el tiempo, consistía en saber mentir, incluso a veces a ti misma. Aprendías a mentir a los diez años y ya no parabas. Era nuestra única arma".

domingo, 20 de noviembre de 2016

Sackville-West: mujer sobre mujer








La vida y la personalidad de Vita Sackville-West (1892-1962) fueron extraordinarias, y estamos de enhorabuena, aunque sólo en parte, porque disponemos de varios libros en castellano para conocerlas muy bien. No podemos decir lo mismo respecto a su obra, pues, lamentable e incomprensiblemente, ahora mismo, y tras la nueva edición por Alfaguara de Toda pasión apagada (1931), sólo podemos acceder con comodidad a su novela anterior, Los eduardianos (1930), que publicó Espasa, a su increíble libro de viajes Pasajera a Teherán (1926) y a un par de sus biografías.
Una de estas biografías es Juana de Arco (1936), editada por Siruela, pero no tenemos disponible The Eagle and the Dove (1943), su libro sobre Santa Teresa de Jesús y Santa Teresita de Lisieux.
La otra biografía es Pepita (1937), publicada por Tusquets, y nos permite entrar de lleno, a través de su abuela y de su madre, en la vida de la escritora, hija del tercer barón de Sackville-West, nacida en la aristocrática casa de campo familiar de Knole, en el condado de Kent, una mansión construida en el siglo XV con 365 habitaciones, 12 puertas, 52 escaleras y siete patios.
¿Pepita? Vita Sackville-West fue nieta de la bailarina gitana malagueña Josefa Durán (1830-1871), de origen muy humilde, conocida en media Europa como Pepita de Oliva y La Estrella de Andalucía. Pepita, que estaba casada, se lió en Berlín con el diplomático inglés Lionel Sackville-West, con quien llegó a tener siete hijos sin contraer matrimonio, uno de ellos la madre de Vita. ¿Confusión con el mismo apellido? No. Victoria, hija de Lionel y Pepita, se casó con su primo, Edward Sackville-West, sobrino de Lionel, y de esa unión nació Vita, que, sí, fue una Sackville-West por partida doble. En la todavía victoriana sociedad inglesa, el escándalo persiguió a Vita antes de nacer, por los amores adulterinos de sus abuelos, el origen extramatrimonial de su madre y la boda de ésta con su primo carnal.
Vita tuvo su primera relación lésbica a los 11 años, con Rosamund Grosvenor, una compañera de colegio, y su amor duró primordialmente hasta 1913, cuando la ya escritora (poetisa, de momento) se casó con quien llegaría a ser Sir Harold Nicolson, muy relevante diplomático, escritor y político inglés, a quien acompañó en sus destinos en Estambul y Teherán y con quien tuvo dos hijos, Nigel y Benedict.
Nigel Nicolson cuenta espléndidamente en Retrato de un matrimonio (Lumen) las características de las sólidas, amorosas, largas e inquebrantables relaciones de sus padres, pactadas abiertamente para dar espacio y tiempo a su bisexualidad. Su padre, Harold, fue amante durante años del escritor Raymond Mortimer, amigo de Vita, quien, a su vez, fue amante de numerosas mujeres, entre ellas, su cuñada, Gwen St. Aubin, Hilda Matheson, alta directiva de la BBC, y Mary Garman, esposa del poeta e hispanista Roy Campbell y madre de sus dos hijos.
Pero Nigel, que reproduce en su libro numerosas páginas de un diario inédito de Vita, aborda principalmente los dos grandes amores de su madre: las escritorasViolet Trefusis y Virginia Woolf. A la segunda Nigel le dedicó una biografía aparte, que está editada por Mondadori. 
La relevancia literaria de Virginia Woolf ha dado mayor publicidad a su relación con Vita, pero la pasión entre Violet y Vita fue más larga, intensa y compleja, como puede comprobarse en el libro de Trefusis Cartas de amor a Vita, que publicó Grijalbo.
Vita, colateral al grupo de Bloomsbury, conoció a Virginia a fines de 1922. Vita, una mujer alta y robusta, de largas piernas blancas y nariz prominente, no gustó en principio a Virginia, pero luego iniciaron una relación sexual, que se prolongó en amistosa hasta el suicidio en 1941 de la autora de Las olas (1931).
Vita publicó en Hogarth Press, la editorial de Virginia y de su marido Leonard Woolf, e inspiró decisivamente, al igual que su casa de Knole, el personaje central de Orlando (1928), quien pasa de ser hombre a ser mujer a lo largo de cinco siglos de vida. Vita se consideraba a sí misma, en lo físico y en lo psicológico, un ser andrógino.
Vita y Violet Trefusis, que era hija de una amante notoria del rey Eduardo VII, se conocieron siendo niñas y su relación se intensificó a partir de 1918, cuando Violet todavía no se había casado con Denys Trefusis. Su relación, con idas y venidas, altos y bajos y escapadas a Francia, fue más pasional, tumultuosa y duradera que la de Vita y Virginia, y llegó a inquietar a sus respectivos maridos. Todavía en los años 40 continuaban escribiéndose. Violet, que enviudó en 1929, novelista reconocida, murió en 1972, 10 años después de Vita, quien, a su vez, murió seis años antes que su marido.
En el interesantísimo y muy informativo prólogo a Los eduardianos, novela que retrata magníficamente el reinado de Eduardo VII, su traductor, el novelista y memorialista Jesús Pardo, rastrea en las vidas de Vita, Virginia y Violet y señala los parecidos de las tres mujeres con algunos personajes del libro. En Orlando también asoma la figura de Violet.
Poetisa, novelista, biógrafa y ensayista, a Vita Sackville-West le gustaba ser apreciada por su condición de jardinera, actividad que reflejó durante años en una columna semanal en The Observer. Y es que Vita y Harold, su marido, adquirieron en 1930 el abandonado castillo de Sissinghurst, en el que murieron ambos. Lo restauraron como residencia y construyeron en él un hermosísimo jardín, que puede visitarse, como la casa de Knole, actualmente, y que es uno de los mejores de Inglaterra.
Toda pasión apagada cuenta, con brillantísima perspicacia psicológica, la peripecia de libertad de una fantástica anciana que acaba de quedar viuda de un destacado hombre de Estado y que, frente a sus seis muy maduros hijos, opta por abordar un camino muy personal, eligiendo las compañías de su predilección, que no son, ni de lejos, las que sus vástagos esperan.

Kate Schatz publica 'Mujeres radicales de todo el mundo', un libro ilustrado en el que explora los perfiles de las artistas, piratas y punks que dieron forma a la realidad actual












Kate Schatz es la autora del libro Rad American Women A-Z ('Mujeres radicales americanas de la A a la Z').
Este proyecto, orientado a un público infantil e ilustrado por Miriam Klein Stahl, fue un auténtico superventas: estuvo durante 11 meses en la lista de los más vendidos del New York Times.
Esto no dejaba de resultar curioso, dado que era un proyecto que combinaba una parte más amable con un fuerte contenido reivindicativo. En cualquier caso, a niños y adultos les encantó esa mezcla.
Ahora, Schatz ha decidido continuar la serie con un nuevo títuloRad Women Worldwide: Artists and Athletes, Pirates and Punks, and Other Revolutionaries Who Shaped History ('Mujeres radicales de todo el mundo: las artistas y atletas, las piratas y punkis y demás revolucionarias que dieron forma a la historia').
En él, reúne un amplio abanico de casi 300 mujeres que han sido fundamentales en campos como la poesía, la piratería, la igualdad de género o el espionaje.
Personas que no solo se negaron a aceptar los roles que la sociedad les imponía, sino que devolvieron el golpe en diversas formas.
Aunque al final del libro se ofrece un listado de 250 personalidades, el grueso de Rad Women Worldwide lo conforman las breves biografías de 40 mujeres de 31 países distintos que van desde Junko Tabei, la primera mujer que escaló el Everest, hasta Bastardilla, la grafitera colombiana que ha llenado Bogotá de murales en los que trata de cambiar la manera en que las mujeres son percibidas en la sociedad latinoamericana.
Algunas de las integrantes del libro son más obvias, como puede ser el caso de la pintora Frida Kahlo y de la activista y Premio Nobel paquistaní Malala.
Pero muchas de las personas que aparecen son descubrimientos muy interesantes: la princesa y poeta sumeria Enheduanna, la heroína feminista china Qiu Jin, o la estudiante Sophie Scholl, que fue miembro de la resistencia alemana frente a los nazis, son algunos nombres más o menos desconocidos que se recuperan en Rad Women Worldwide.
Esta es una pequeña selección de algunas de esas heroínas y antiheroínas, que no siempre cambiaron el mundo pero trataron de adaptarlo a su medida.
1. Liliʻuokalani, Reina de Hawái
Fue la última reina de Hawai, una reconocida escritora de canciones tradicionales hawaianas y autora de un famoso libro de memorias, La historia de Hawai por una Reina de Hawai
La derrocó el gobierno de Estados Unidos debido a los intereses del gobierno en las plantaciones de azúcar de las islas. Cuando le ofrecieron una especie de monarquía honorífica, se negó diciendo que lo que quería era decapitar a los culpables de su deshonra. Un tribunal extranjero la condenó a 5 años de trabajos forzados e instauró una república.
Murió en 1917 como ciudadana anónima y hoy está en el Hall of Fame de la música hawaiana.
2. Chimamanda Ngozi Adichie
Chimamanda Ngozi Adichie es una joven dramaturga y novelista nigeriana que ha revolucionado el mundo de las letras africanas.
En 2014 ganó el Premio Nacional de la Crítica de EEUU por su novelaAmericanah, lo que venía a confirmar su larga trayectoria como escritora capaz de aunar los mundos de la literatura anglosajona y de la literatura nigeriana, que aprendió del creador de la literatura moderna afriacana, Chinua Achebe.
Su afán por crear un relato verdaderamente radicado en la realidad africana con el que explicarse esta la está confirmando como uno de los valores más potentes de la narrativa actual.
3. Enheduanna
Enheduanna, princesa, escritora, legisladora, astrónoma y sacerdotisa sumeria del siglo 23 antes de Cristo, es posiblemente el poeta —de cualquier género— más antiguo cuyo nombre se ha conservado en la historia.
Compuso 42 himnos dirigidos a templos de toda Sumeria, y estos constituyen para muchos estudiosos el primer intento registrado de crear una teología sistematizada.
En algún momento de su vida cayó en desgracia y fue exiliada, pero consiguió recuperar su posición política y llegó a convertirse en una figura mitológica de la cultura sumeria.