domingo, 30 de abril de 2017

El sexismo que solo sufren las escritoras y que nunca cuentan en las entrevistas





Twitter visibiliza la realidad a la que solo se enfrentan las mujeres escritoras
Fotograma de 'Las horas', en la que Nicole Kidman interpreta a Virginia Woolf

Hay realidades que no caducan con el Día del Libro. Esta fecha hace justicia a las que ocupan menos espacio el resto del año, pero eso no las hace desaparecer cuando las casetas echan el cierre. Es un buen día para descubrir a voces jóvenes, atender a los "géneros menores" y conseguir paridad en las listas de sugerencias. Después, todo habrá pasado y volverán al cajón de las reivindicaciones hasta el año siguiente. 
Algunos profesionales de la industria se han negado a convertirse en un titular para el 23 de abril y se están tomando esa justicia por su cuenta. El hueco en los medios se vende caro, por lo que existen otras plataformas para denunciar. Así surgió hace una semana el hashtag en Twitter  
#ThingsOnlyWomenWritersHear (cosas que solo oyen las escritoras) para visibilizar una realidad constante. 
La escritora Joanne Harris lo empezó cuando se vio envuelta en una discusión sobre la conciliación familiar. Ella, autora del éxito de ventas Chocolat y principal fuente de ingresos de su casa, marido e hijos, aseguró en un hilo en la red social que las mujeres sacrifican más intereses por la familia que sus homólogos masculinos. Un libro es una inversión que requiere tiempo y dinero, por eso Harris mantuvo su trabajo de profesora a tiempo completo mientras escribía Chocolat y criaba a su hija de cuatro años.


jueves, 27 de abril de 2017

Las mujeres se llevan los Premios Gure Artea 2017




La escultora María Luisa Fernández por su trayectoria, el proyecto "Sra. Polaroiska", impulsado por Alaitz Arenzana y María Ibarretxe, y la iniciativa Azala son las tres ganadoras de los Premios Gure Artea 2017, que han ido a parar en su totalidad a mujeres y proyectos liderados por mujeres.
El viceconsejero de Cultura, Joxean Muñoz, ha anunciado las ganadoras en una rueda de prensa ofrecida en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.
En la modalidad destinada a premiar la trayectoria artística la ganadora ha sido María Luisa Fernández, por su "potencia deslumbrante" y la influencia que ha ejercido dentro de la nueva escultura vasca.
Fernández, nacida en León, estudió en la Universidad de País vasco junto a Txomin Badiola o José Luis Moraza, y allí desarrolló el proyecto de renovación conocido como CVA. Posteriormente se trasladó a Vigo, donde es profesora de escultura.
El reconocimiento a la labor creativa ha sido para el proyecto Sra. Polaroiska, de Alaitz Arenzana y María Ibarretxe. El jurado ha destacado su "contribución en el ámbito de la creación contemporánea" y ha valorado la diversidad de sus propuestas artísticas.
Por último, el proyecto Azala se ha impuesto en la modalidad que reconoce la labor realizada en el ámbito de las artes visuales. El jurado ha subrayado las oportunidades que el espacio Azala ofrece a los artistas, siendo un "lugar abierto donde estimular cualquier fase creativa en colaboración, donde se comparten los procesos de creación o investigación de cada creador, y también donde se aborda la formación continuada".
Las galardonadas -cada una de las tres modalidades está dotada con 18.000 euros- recibirán los premios en una gala que se celebrará en Tabakalera (San Sebastián) el próximo 15 de junio.

martes, 25 de abril de 2017

Siri Hustvedt: "Para los hombres no existimos"

En una ocasión un periodista le preguntó a Siri Hustvedt si todo lo que sabía de psicoanálisis se lo había enseñado su marido, el también escritor Paul Auster. Siri dijo que no. Pero el periodista insistió. El periodista le dijo que claramente ella sabía todo lo que sabía de neurociencia y, sí, psicoanálisis, porque vivía con Paul Auster y él debía ser el experto. Hustvedt sonrió e hizo lo que hace siempre en estas ocasiones. “No me lo tomé en serio”, recuerda. “Lo peor de este tipo de comentarios es tomártelos en serio. Por suerte tenemos la risa. Podemos y debemos reírnos de todo eso, porque si te lo tomas en serio, si te enfadas, la sensación es la de que ellos ganan”, dice.
¿Qué hizo? “Le dije, muy seria, que mi marido no tenía ni la más remota idea de neurociencia ni de psicoanálisis, y le detallé mis intereses, dejándole completamente fuera de juego, porque no iba a atreverse a dudar de algo que él también desconocía por completo”, contesta. “Aún me pregunto si su comentario pretendía hacerme daño, si estaba siendo verdaderamente cruel o simplemente inocente. Tal vez sólo quería creer que su escritor favorito era responsable de la educación de su mujer”. Sí, aquel comentario estaba precedido de otros muchos, y le siguieron, y le seguirán otros del mismo calibre. Pero Hustvedt, que además de una brillante novelista, es experta en neurociencia y psicoanálisis –“No dejo de leer artículos, ensayos, prácticamente leo durante cuatro horas al día, y todo lo que leo me afecta, cambia la manera en que pensaba hasta el momento en que he dado con lo que sea que esté leyendo”, confiesa–, no le teme al lobo feroz del prejuicio (machista), porque tiene, dice, su sonrisa, la ironía punzante que siempre, ríe la última y ríe mejor.
Y pese a ganar todos los combates sigue preguntándose por ello, ¿por qué los hombres siempre le explican cosas? ¿Lo hacen por verdadera descortesía? ¿Es una falta de respeto consciente o es algo que simplemente no pueden evitar hacer? En La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres (Seix Barral), su fascinante colección de ensayos –escritos entre 2011 y 2015– en la que la acompañamos al museo y la vemos contemplar cuadros de Picasso protagonizados por mujeres, devorar de forma compulsiva a Kierkegaard, obsesionarse con el sexo –y con cómo pensar en él– a la manera en que lo hizo Susan Sontag, detenerse en su admirada Louise Burgeois, visitar a su psicoanalista, y despedazar a Karl Ove Knausgard, el autor de Mi lucha, la vida del escritor que redefine su masculinidad en seis volúmenes y que lo hace a partir de viajes de ida y vuelta a la guardería, a fiestas de cumpleaños, a los recuerdos de cuando iba a la piscina con el gorro de baño de su madre siendo niño. Es decir, explotando su lado femenino. Pero avergonzándose por ello. “En serio, creo que si una mujer hubiera hecho algo así, habría pasado desapercibido. Habrían dicho: 'No es más que otra mujer hablando de ir a buscar los niños a la guardería'. Es francamente triste”, dice.
Parece relajada. Está sentada en una butaca. Es increíblemente alta, delgada. Sonríe a menudo. Habla de su hija Sophie. La actriz y cantante Sophie Auster. Dice que fueron juntas a la manifestación que se convocó en Washington D.C. Al día siguiente de la victoria de Donald Trump. No le gusta Donald Trump. Cree que su elección ha tenido mucho que ver con el miedo que los hombres tienen a las mujeres. Miedo a que el feminismo avance. “Es un intento de devolvernos al lugar del que no debimos haber salido”, dice. También dice que los hombres no quieren compartir ciertos espacios. Espacios que creen que las mujeres están invadiendo. Como si el hecho de que los invadieran significara que desaparecen. Se encoge de hombros. Sacude la cabeza.
¿De qué cree que tienen miedo?
La sensación que tengo es que temen perder su autonomía. No quieren volver a sentirse niños. Para ellos, un lugar ocupado por una mujer es un lugar en el que sentirse pequeños, dependientes. A las mujeres esto no nos ocurre. No vemos entrar a un hombre y nos decimos: 'Oh, no, ya no estamos solas. Esto era nuestro y ahora ya no lo es'. Porque no tenemos miedo a perder nuestra independencia porque haya un hombre con nosotras. En el caso de los hombres, la idea de la madre sigue siendo tan potente que no pueden evitar pensarlo. De ahí que se sientan tan incómodos cuando creen que ocupamos un espacio que era propio, un espacio en el que no había 'madres'.
¿Pero no es una reacción infantil?
Sí, aunque no de forma consciente. No sé si diría que es miedo, más bien diría que para los hombres, no existimos. Que sólo se sienten importantes ante la mirada de otro hombre. Que sólo actúan para otros hombres. No ven a las mujeres, para ellos no cuentan. De ahí que todo el asunto de Knausgard sea tan sintomático.
¿Sintomático?
En uno de los ensayos incluidos en el libro, cuento cómo, durante una charla en la que hice de su interlocutora, durante la presentación de uno de los volúmenes de 'Mi lucha' en Estados Unidos, se me ocurrió preguntarle, hacia el final de la entrevista – y no debemos olvidar que era una entrevista con público, y público mayoritariamente femenino –, por qué no había menciones a escritoras en sus novelas, y si es que no había habido en su formación como escritor demasiadas autoras. Me contestó que no, y me dio el nombre de una autora – Julia Kristeva – que, por lo que pude saber después, es la que todo el mundo lee por obligación en el instituto. Y cuando quise saber por qué, me contestó que porque las mujeres no son competencia. La charla se acabó ahí, y no tuve oportunidad de preguntarle a qué se refería exactamente.
¿Y a qué cree que se refería?
Me niego a creer que fuese a que para él Kristeva es la única autora que merece un respeto. Creo que lo que quería decir es que para él competir significa medirse con otros hombres, aunque luego opine que leer y escribir es cosa de mujeres, o que eso es lo que aún no puede evitar pensar. Y aunque su obra sea esencialmente femenina, porque se ocupa de aquello que entendemos por femenino, lo doméstico, los sentimientos.
Así, ¿diría que aunque Knausgard no considera a las mujeres competencia su obra es básicamente femenina? 
Sí. Opino que todos somos un poco hombres y un poco mujeres, y que la obra de una mujer puede ser mucho más masculina que la de un hombre –fijémonos en la de Louise Burgeois– y que la de un hombre puede ser femenina que la de una mujer, y aquí Knausgard sería el ejemplo más paradigmático. Y es apasionante porque estamos hablando de conceptos que nada tienen que ver con el sexo de su autor o su autora. Pero también podría explicar por qué se ha creado tanto revuelo alrededor de 'Mi lucha'. Después de todo no es más que un hombre escribiendo de lo que supuestamente escriben sólo las mujeres: sentimientos.
Recuerda en el libro cómo llevaba a su hija Sophie al colegio con trenzas y se pregunta si el peinado ha tenido o aún tiene mucho que ver en nuestra concepción de lo masculino y lo femenino, ¿lo tiene?
Creo que sí. Hay creencias arraigadas de las que no podemos desprendernos, y es curioso pero en este terreno podría decirse que las niñas tienen más margen para explorar las formas masculinas que al revés. Es decir, los niños no irán al colegio con trenzas ni con horquillas, pero las niñas si pueden cortarse el pelo como un chico y nadie va a reírse de ellas, de lo que se desprende que el poder contaminante de lo femenino para un niño es mayor que el de lo masculino para una niña.
Pero usted siempre ha llevado el pelo largo.
No siempre, pero nunca me he atrevido a raparme, hay algo en el pelo que tiene mucho que ver con nosotros mismos. Cortarlo equivale a cortar con un yo anterior.
Confiesa en el libro haberse psicoanalizado y seguir haciéndolo –dos veces por semana– y también que el psicoanálisis la ha hecho más libre.
Sí. Y aún sigue siendo un misterio cómo me ha hecho más libre. Y cómo me ha cambiado. Y en cierto sentido he llegado a la conclusión de que el psicoanálisis tiene mucho que ver con el arte. El hecho de crear. Funciona de forma intuitiva, como ocurre en el arte, y lo que se crea es a la persona que se psicoanaliza. Se la crea a partir del diálogo. Como en el arte, hay un yo creador y un yo imaginario. No sé, cuando escribo una novela siempre tengo la sensación de que desentierro recuerdos, y eso es un poco lo que haces en la consulta.
¿Su fascinación por la neurociencia partió del episodio que relata en La mujer temblorosa, de su crisis nerviosa?
No, es anterior. Empezó en la universidad. Me empezó a interesar el misticismo, y leyendo sobre él encontré la conexión con la ciencia a través de la epilepsia. Desde entonces podría decirse que ando buscando la pieza biológica que explica nuestros comportamientos.
¿Y de dónde viene su obsesión por Kierkegaard?
No lo sé. Quizá tenga algo que ver con el lugar en el que vivíamos cuando era niña. Más bien, con los vecinos que teníamos. Vivíamos en Northfield, en las afueras de Minnesota. Nuestros vecinos eran Edna y Howard Hong, y por entonces estaban traduciendo todos los libros de Kierkegaard para la edición que ahora tengo. Cada vez que iba a verlos veía a Kierkegaard como una montaña de papeles encima del escritorio de Edna. Recuerdo que me hacía pensar en un hombre gris y fantasmal, porque su nombre me recordaba a la palabra 'kirkegarden', que significa 'cementerio' en noruego. Lo que puedo decir de lo que pasó cuando lo leí por primera vez es que sentí toda esa pasión de la que hablaba.
¿Qué edad tenía?
15 años.
También fue a los 16 que empezó a leer a Freud.
Sí. Supongo que todo empezó en la adolescencia.
¿Habla de todo ello con su marido?
A él no le interesa tanto como a mí, al contrario de lo que pensaba aquel periodista que no dejaba de insistir en que era Paul quien me lo había enseñado todo, pero evidentemente, hablamos del tema.
Decía que fue a la manifestación de mujeres que se convocó después de la victoria de Donald Trump, ¿cree que lo que ocurra con Trump en el poder será en mucho sentidos irreversible?
Estoy aterrorizada. Pero por suerte, la democracia es un sistema lento. Por primera vez, me siento afortunada por el hecho de qu exista la burocracia. El sistema está diseñado para no ser eficiente, y eso puede ayudarnos a luchar contra Trump. Pero hay que salir a la calle y decir que no nos gusta. Y organizar una resistencia. Yo formo parte de ella. Recaudamos dinero para montar todo tipo de actividades. Que quede claro que no nos gusta lo que está pasando. Y para asegurarnos de que nuestro gobierno volverá, y que lo hará intacto. Después de todo, hay un completo incompetente al frente del país con el ejército más potente del mundo. Podría pasar cualquier cosa. Y no queremos que pase.

martes, 11 de abril de 2017

Sabrina González, la joven con un cerebro estratosférico que se rifan la NASA y Amazon




De niña soñaba con naves espaciales que volaban a mundos desconocidos y de adulta dice que su sueño sería tripular una de esas naves, diseñada por ella, para llevar a la gente de visita a Marte. Con esa idea, no es de extrañar que el dueño de Amazon, Jeff Bezos, el hombre que creó Blue Origin con el propósito de vender viajes comerciales al espacio, lleve tiempo intentando echar el guante a esta joven de 23 años llamada Sabrina González Pasterski. Una estudiante que soporta con sorprendente naturalidad la etiqueta de ‘la nueva Einstein’ que le han colocado los medios, según informa Ideal.es
Sabrina González Pasterski (Chicago, 1993) ha demostrado ser una mujer con una cabeza privilegiada. Sus límites aún están por explorar, pero en solo 23 años ya ha dejado muestras de un potencial estratosférico. Con nueve o diez años recibió su primera lección de vuelo, una sensación tan «maravillosa y agradable» que le llevó a presumir delante de un profesor. Su maestro miró a aquella niña y le dijo: «Está muy bien, ¿pero qué más has hecho últimamente?». Aquella frase, además de hacerle recapacitar sobre la conveniencia de perseguir constantemente nuevos retos, se convirtió en el Norte de su brújula.
La espoleta prendió la ambición de esa niña especial y en marzo de 2006, con 12 años, la edad a la que muchos chavales ni siquiera harían volar un avión de papel, Sabrina decidió construir una avioneta con sus propias manos. En octubre de 2007, solo diecinueve meses después, tras pasar casi todo su tiempo libre dentro del garaje de casa –qué sería de los estadounidenses sin uno, un rutilante avión rojo estaba listo para despegar. El 11 de enero de 2008 recibió un certificado como aeronavegable y el 15 ya surcaba el cielo.
La pequeña ingeniera autodidacta tuvo que esperar al siguiente verano para tripular su avión y el 24 de agosto de 2009 planeó por la orilla del lago Michigan. La imagen de una niña de pelo enmarañado saliendo de la cabina de su avioneta saltó a la portada del ‘Chicago Tribune’. Estaba claro: no era una persona corriente.
Aquella nave le abrió las puertas del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde inicialmente la habían rechazado. Sabrina presume de sus orígenes, de ser la primera generación de una familia cubano-estadounidense, de haber crecido en los suburbios de Chicago y de haber estudiado en las escuelas públicas. Un vídeo sobre la construcción de aquel avión de un solo motor dejó boquiabierto al profesorado del MIT, que ya no dudó en concederle una plaza.
No se equivocaron con ella. González Pasterski (hereda los apellidos de su madre cubana, María González, y de su padre estadounidense, Mark Pasterski) se graduó con una nota de 5,00 –la máxima calificación posible–, la primera mujer en lograrlo en dos décadas. Ahora, tras mutar su interés por la ingeniería a la física, se encuentra preparando un doctorado en Harvard, a la vez que multiplica su fama.
Cada día está un poco más cerca de convertirse en una celebridad. Y al mismo tiempo que entre los eruditos de Harvard maravillan sus artículos sobre los agujeros negros, la gravedad y la relación espacio-tiempo, sale peinada y maquillada en revistas como ‘Vogue’, ‘People’, ‘Marie Claire’... Hace un año, en abril, conoció a Stephen Hawking y en su cuenta han ingresado decenas de miles de dólares en becas entidades como la Fundación Hertz (solamente ésta ya le concedió 250.000 dólares), la Fundación Smith y la Fundación Nacional de Ciencia.
No es una joven al uso. No maneja ‘smartphone’, pasa por completo de las redes sociales y jura no haber bebido ni fumado en su vida. No toma ni cafeína. Y solo se le conoce un vicio, el chocolate. También tiene una puerta entreabierta al mundo: su página web, llamada physicsgirl.com, donde incorpora todos sus logros, los reportajes que le dedican o novedades como «la detección de la elegancia dentro del caos». Porque ella cree que la Física es algo elegante y útil.
Jeff Bezos sigue esperando y la NASA también coquetea con ella.Sabrina, mientras, se centra en su doctorado y dedica el tiempo libre a volar y a montar en moto. «Todo físico debería aprender a llevar una: te proporciona una intuición física; como las avionetas». Su popularidad crece y cada día hay más gente que mira con curiosidad a la chica conocida como ‘la nueva Einstein’. Pero, como explicó en una entrevista con el ‘Tribune’, no teme a las expectativas. «Soy más dura conmigo misma de lo que pueda ser cualquiera. Siento que me queda mucho por hacer y espero tener razón sobre alguna sensación que tengo de algo que puede ser bastante grande en algún momento».

martes, 4 de abril de 2017

Hasta una marxista y ultrafeminista como Lidia Falcón ve que los vientres de alquiler son una práctica mafiosa




Lidia Falcón, impulsora del Partido Feminista de España.
Impulsora del Partido Feminista de España en 1975. Una formación marxista-leninista, que no pudo ser registrada hasta 1981, y que en la actualidad forma parte de la comunista Izquierda Unida que lidera Alberto Garzón.
Lidia Falcón (Madrid, 1935) es una veterana política y escritora de izquierda, con dilatada trayectoria de activista. Licenciada en Derecho, Arte Dramático y Periodismo y doctora en Filosofía, es conocida por su defensa del feminismo en España, especialmente durante la época de la Transición.
Congreso del Partido Feminista

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La activista se ha mostrado en reiteradas ocasiones contraria a los vientres de alquiler.Tanto es así que el pasado mes de febrero escribió una carta abierta al dirigente de Podemos,Íñigo Errejón, titulada “Las mujeres no somos vientres de alquiler”.
Esto se produjo tras la palabras del actual responsable de Análisis Estratégico y Gobernanza de la formación morada, que se pronunció a favor de permitir los vientres de la mujer para satisfacer los deseos de aquellos que quieren tener hijos fabricados con su propio semen.
Sin embargo, la lucha de Falcón para que no se legalice la maternidad subrogada en España no cesa. Con motivo del Día Internacional de la Mujer en un artículo en el diario PúblicoFalcón volvió a denunciar esta práctica de explotación de la mujer. “Cuando aún no hemos logrado abolir la prostitución y situarnos entre los países avanzados moralmente, nos encontramos con que unos sectores del movimiento LGTB defienden legalizar “los vientres de alquiler”. Es decir, la mercantilización más absoluta del cuerpo de la mujer“, sentenció la feminista.
Actuall ha recogido los contundentes argumentos que dio Falcón a Errejón:

1. “Las mujeres no son vasijas, ni probetas, ni conejillos de indias”

La feminista asegura que las mujeres “no son vasijas, ni probetas, ni conejillos de indias para hacer experimentos con nosotras ni tenemos nuestros vientres únicamente como fábrica de niños”.
Al igual que indica que “los hombres tampoco son sementales”.

2. No se puede “disponer” del cuerpo de una mujer por dinero

“El derecho a la paternidad no significa que para ejercerlo se pueda disponer del cuerpo de una mujer, bombardeándolo con hormonas, insertándole un óvulo –propio o ajeno- fertilizado, y esperando que la gestación llegue a término para arrebatarle después el hijo, irreversiblemente. Y todo ello por dinero”, sentencia.

3. Es un drama para las mujeres pobres

Falcón insiste en que “la libertad de uno acaba donde comienza la de los demás” y añade que los vientres de alquiler son “un drama que asedia a las mujeres pobres de varias áreas del mundo”.
La India es la capital mundial del alquiler de vientres.
La India es la capital mundial del alquiler de vientres.
Asimismo, explica que se da especialmente en aquellas áreas “gobernadas por políticos que se han puesto al servicio de las grandes compañías farmacéuticas, de las agencias que buscan muchachas en las zonas rurales de la India, Pakistán, Bangladesh, Ucrania, para contratar, por una aportación miserable que le entregan la familia, sus ovarios, su matriz, su resistencia física; despreciando su dignidad humana como ser humano, sus sentimientos y emociones; de los machitos que quieren ser padre a costa de arrancarle el hijo a la mujer que lo ha gestado y parido”.

4. La adopción como alternativa

Falcón recuerda que “ser padre o madre, es un derecho pero no es una necesidad”. Además, señala que hay “millones de hombres y mujeres que no tienen hijos por diversas circunstancias”.
La presidenta del Partido Feminista de España apela a los hombres a que “no deben aprovecharse de la miseria, de la indefensión, de la inmadurez de pobres muchachitas para satisfacer ese supuesto deseo de paternidad”.
En este sentido, anima a los varones que quieran tener hijos a adoptar: “Si realmente lo que les impulsa es la generosidad de cuidar a un niño, en el mundo existen millones de criaturas que necesitan padres y madres”.
“Manipular el cuerpo femenino para fertilizarlo, embarazarlo y después sustraerle el ‘producto’ como si se tratara de que hubiera fabricado unos zapatos es infame”

5Un nuevo modelo de esclavitud

“De la misma manera que en la esclavitud no solamente se utiliza la capacidad laboral del trabajador sino la persona misma, y por eso es infame, manipular el cuerpo femenino para fertilizarlo, embarazarlo y después sustraerle el ‘producto’ como si se tratara de que hubiera fabricado unos zapatos es también infame”.
Y espeta que las mujeres durante el embarazo “invierten sentimientos y emociones, esperanzas y temores, alegrías y miedos” ya que se trata “de una etapa trascendental en la vida”.

6. Los niños gestados nunca conocerán sus orígenes

“Esas criaturas fabricadas a petición de los padres no tendrán nunca conocimiento de sus raíces, de sus antecesores, de la historia, de la cultura, de la biografía de su madre y de la familia de su madre”, recuerda la feminista.
Además, subraya que a esos nuevos hombres y mujeres “se les priva del conocimiento de la comunidad humana de la que vienen. Fabricados como el mostrado de Frankenstein para dar satisfacción al deseo de quienes pueden pagarlo”.

The Women of the Bauhaus School


  • The male icons of the early-20th-century Bauhaus school, like Josef Albers,László Moholy-Nagy, and Paul Klee, are some of the most celebrated pioneers of modern art. But the women artists who taught, studied, and made groundbreaking work with them are often remembered in history books as wives of their male counterparts or, worse, not at all.
    While women were allowed into the German school—and its manifesto stated that it welcomed “any person of good repute, without regard to age or sex”—a strong gender bias still informed its structure. Female students, for instance, were encouraged to pursue weaving rather than male-dominated mediums like painting, carving, and architecture. Bauhaus founder Walter Gropius encouraged this distinction through his vocal belief that men thought in three dimensions, while women could only handle two.
    The year 2019 will mark the 100th birthday of the Bauhaus. As that date approaches, this bias toward the school’s male students is being revised, and its many integral female members recognized by scholarship and institutional exhibitions. Weavers, industrial designers, photographers, and architects like Anni Albers, Marianne Brandt, and Gertrud Arndt not only advanced the school’s historic marriage of art and function; they were also essential in laying the groundwork for centuries of art and design innovation to come after them.
    Below, we highlight 10 female Bauhaus members who contributed fundamental work, instruction, and innovation to the school over the course of its relatively short existence, between 1919 and 1933, and bolstered its lasting legacy.

    Anni Albers

    B. 1899, BERLIN, GERMANY

    D. 1994, ORANGE, CONNECTICUT

    Albers arrived at the Bauhaus in 1922, with the hope of continuing the painting studies that she had begun at the School of Arts and Crafts in Hamburg. By 1923, however, she was spending most of her time in the school’s weaving workshop, where she became a quick master of the loom. Influenced by Paul Klee and “what he did with a line, a point or a stroke of the paintbrush,” Albers used weaving to develop a signature visual vocabulary of hard-edged patterns. Her early tapestries would go on to have a considerable impact on the development of geometric abstraction in the visual arts, along with the work of several of her Bauhaus peers, including her husband, Josef Albers, who she met at the school.
    Albers explored the functional possibilities of textiles with focus and passion; in 1930, she designed a cotton and cellophane curtain that simultaneously absorbed sound and reflected light. In 1931, she was appointed to helm the weaving workshop and became one of the first women at the Bauhaus to assume a leadership role. Several years after immigrating to the U.S. in 1933, she began to teach at the influentialBlack Mountain College in North Carolina. Albers became famous for the fabrics she crafted for large-scale companies like Knoll. She was also the first female textile artist to have a solo exhibition at the Museum of Modern Art in New York, in 1949.

    Marianne Brandt

    B. 1893, CHEMNITZ, GERMANY

    D. 1983, KIRCHBERG, SAXONY

    Brandt’s early work so impressed László Moholy-Nagy that, in 1924, he opened a space for her in the metal workshop, a discipline that women had previously been barred from. She went on to design some of the most iconic works associated with the Bauhaus. These include an ashtray that resembles a halved metal ball, an edition of which is housed in MoMA’s collection, and a silver tea infuser and strainer, which was her first student design and today is owned by both the Met and the British Museum, among other institutions.
    During her years at the Bauhaus, Brandt became one of Germany’s most celebrated industrial designers. And after Moholy-Nagy stepped down as head of the metal workshop in 1928, it was Brandt who replaced him, beating out her male counterparts for the position. During the same year, she developed one of the most commercially successful objects to come out of the school: the best-selling Kandem bedside table lamp. After leaving the Bauhaus in 1929, Brandt became director of the design department for the metalware company Ruppelwerk Metallwarenfabrik GmbH.

    Gertrud Arndt

    B. 1903, RACIBÓRZ, POLAND

    D. 2000, DARMSTADT, GERMANY

    Arndt’s ambition was to become an architect, but it was only after she landed at the Bauhaus in 1923 that she realized architecture classes were not yet available at the school. She ended up crafting geometrically patterned rugs in the weaving workshop. One of these textiles famously decorated the floor of Bauhaus founder Walter Gropius’s office. But despite Arndt’s success at the loom, it was her photography practice, which she honed outside of the structured Bauhaus workshops, that would become most influential to modern and contemporary artists.
    As a self-taught photographer, Arndt began by shooting the buildings and urban landscapes around her. She also assisted her husband’s architecture firm by photographing their construction sites and buildings. It was Arndt’s series of imaginative self-portraits titled “Mask Portraits,” however, that ultimately shaped her legacy. The series—which shows Arndt performing a range of traditional female roles, and wearing a profusion of veils, lace, and hats—is now seen as an important precursor to feminist artists like Cindy Sherman.

    Gunta Stölzl

    B. 1897, MUNICH, GERMANY

    D. 1983, ZURICH, SWITZERLAND

    Gunta Stölzl, Textile Sample for Curtain, c. 1927. © 2017 Artists Rights Society (ARS), New York / VG Bild-Kunst, Bonn. Courtesy of The Museum of Modern Art, NY.

    • Gunta Stölzl, Wall Hanging, 1924. © 2017 Artists Rights Society (ARS), New York / VG Bild-Kunst, Bonn. Courtesy of The Museum of Modern Art, NY.
    Stölzl was one of the earliest Bauhaus members, arriving at the school in 1919 at the age of 22. The same year, she penned confident diary entries that would foreshadow her success as a leading designer of the era. “Nothing hinders me in my outward life, I can shape it as I will,” one reads. “A new beginning. A new life begins,” goes another. While she experimented with a diverse range of disciplines at the Bauhaus, Stölzl focused on weaving, a department that she helmed from 1926 to 1931. There, she was known for complex patchworks of patterns, composed of undulating lines that melt into kaleidoscopic mosaics of colored squares. They took the form of rugs, wall tapestries, and coverings for Marcel Breuer’s chairs.
    After being driven from Germany by the Nazi regime for marrying a Jewish man, fellow Bauhaus student Arieh Sharon, Stölzl established the hand-weaving company S-P-H-Stoffe in Zurich with former Bauhaus peers Gertrud Preiswerk and Heinrich-Otto Hürlimann. She ran the company until 1967 and designed countless popular carpets and woven textiles. “We wanted to create living things with contemporary relevance, suitable for a new style of life,” she once said. “It was essential to define our imaginary world, to shape our experiences through material, rhythm, proportion, color and form.”

    Benita Koch-Otte

    B. 1892, STUTTGART, GERMANY

    D. 1976, BIELEFELD, GERMANY

    • Benita Koch-Otte, Woven Wall Hanging, 1923-24. Manufactured by Bauhaus Weaving Workshops, Weimar. Courtesy of The Museum of Modern Art, NY.
    Koch-Otte had already taught drawing and handicraft at a girls’ secondary school for five years before she joined the Bauhaus, shifting her focus to her own studies. There, with fellow weaver and painter Stölzl, Koch-Otte used textiles to explore new approaches to abstraction. To further develop their skills, the two also took classes at the nearby Dyeing Technical School and the Textile Technical School.
    Koch-Otte married the director of the Bauhaus photography department, Heinrich Koch, in 1929. Together, they relocated to Prague when the Nazi regime rose to power. After her husband’s unexpected death, however, Koch-Otte returned to Germany. There, she became director of a textile mill, and continued to teach until the very end of her life—and her fabrics are still in production today.

    Otti Berger

    B. 1898, ZMAJEVAC, CROATIA

    D. 1944, AUSCHWITZ, POLAND

    • Courtesy of Rogers Fund, by exchange, 1955
    • Courtesy of Rogers Fund, by exchange, 1955.
    Berger was one of the most creative members of the weaving workshop, with a more expressive and conceptual approach than that of many of her contemporaries. After Stölzl abdicated her seat as head of the department in 1931, Berger assumed the position and established her own curriculum, but remained there only until 1932, when she set out on her own.
    Berger went on to open her own textile atelier in Berlin, and began the process of applying for a visa, with the goal of relocating to the U.S. There, she planned to join Moholy-Nagy’s New Bauhaus school in Chicago and escape Hitler’s regime (she was Jewish), but her application stalled. While waiting for approval, she returned to Croatia, where she was arrested by the Nazis and taken to Auschwitz. She died there in 1944, but her fabrics live on in collections from the Met to the Art Institute of Chicago.

    Ilse Fehling

    B. 1896, DANZIG-LANGFUHR, GERMANY

    D. 1982, MUNICH, GERMANY

    Fehling had a natural talent for creating sculptural forms and theater designs, skills that she honed further while at the Bauhaus. There, she took classes with painter Paul Klee and sculptor Oskar Schlemmer, among others, between 1920 to 1923. Her objects and theater sets married whimsy and function; in 1922, she patented a rotating round stage for stick puppets.
    After leaving the Bauhaus, she moved to Berlin and established a multifaceted freelance practice, splitting her time between concocting costume and stage designs and sculptures, the latter of which were celebrated in a solo show at Fritz Gurlitt Gallery in 1927. After studying in Rome in the early 1930s, Fehling returned to Germany, where her sculptures—forged in metal and stone and fusing cubism and corporeality—were deemed “degenerate.” She pushed on, continuing to develop her diverse oeuvre throughout her long life.

    Alma Siedhoff-Buscher

    B. 1899, KREUZTAL, GERMANY

    D. 1944, BUCHSCHLAG, GERMANY

    • Alma Siedhoff-Buscher. © Klassik Stiftung Weimar.
    • Alma Siedhoff-Buscher. © Klassik Stiftung Weimar.
    Siedhoff-Buscher was one of the Bauhaus’s few women to switch from the weaving workshop to the male-dominated wood-sculpture department. There, she invented a number of successful toy and furniture designs, including her “small ship-building game,” which remains in production today. The game manifested Bauhaus’s central tenets: its 22 blocks, forged in primary colors, could be constructed into the shape of a boat, but could also be rearranged to allow for creative experimentation. The toy could also be easily reproduced.
    Siedhoff-Buscher also became known for the cut-out kits and coloring books she designed for publisher Verlag Otto Maier Ravensburg. But her most pioneering work proved to be the interior she designed for a children’s room at “Haus am Horn,” a home designed by Bauhaus members that exemplified the movement’s aesthetic. Siedhoff-Buscher filled it with modular, washable white furniture. She designed each piece to “grow” with the child: a puppet theater could be transformed into bookshelves, a changing table into a desk.

    Margarete Heymann

    B. 1899, COLOGNE, GERMANY

    D. 1990, LONDON, ENGLAND

    • Margarete Heymann-Marks, Kandinsky Inspired Teacup, 1929. Courtesy of The Ellen Palevsky Cup Collection, Gift of Max Palevsky. Courtesy of Los Angeles County Museum of Art.
    • Margarete Heymann-Marks, Haël Werkstätten, Disk Handle Teacup and Saucer, 1930. Courtesy of The Ellen Palevsky Cup Collection, Gift of Max Palevsky. Courtesy of Los Angeles County Museum of Art.
    At just 21 years old, Heymann refused to follow the majority of her female peers into the Bauhaus’s weaving workshop, convincing Gropius to open up a place for her in ceramics. There, the young, free-thinking artist began to create angular objects, composed of triangles and circles and spangled with constructivist patterns and colorful glazes. She left just a year later, though, after butting heads with her teacher Gerhard Marcks.
    Heymann and her husband went on to establish a workshop, Haël-Werkstätten, that produced her designs. They were a quick hit, selling at chic shops in Europe, Britain, and the U.S. alike, but Heymann was forced to sell the company in 1934. As European political conflict stirred, Heymann, who was Jewish, fled to England to escape persecution. There, she established a new company, Greta pottery, and would later devote her days to painting.

    Lou Scheper-Berkenkamp

    B. 1901, WESEL, GERMANY

    D. 1976, BERLIN, GERMANY

    Like many of her Bauhaus contemporaries, Scheper-Berkenkamp was a passionate colorist, an interest she pushed in the school’s mural painting workshop, where she was one of only several women. Her work took her to Moscow with her husband, Bauhaus peer Hinnerk Scheper, where the couple established an “Advisory Centre for Colour in Architecture and the Cityscape,” and concocted color schemes for the exteriors and interiors of buildings across the Russian capital.
    After the Bauhaus shuttered in 1933, Scheper-Berkenkamp worked as a freelance painter in Berlin and published a number of whimsical children’s books, coming-of-age narratives told through the lens of fantastical adventures. Tales like “The Stories of Jan and Jon and their Pilot Fish” (1947) are today considered part of the children’s book canon. They were some of the first to pair surrealistic drawings with outlandish plots; two of the books have recently been re-released by the Bauhaus Archive in Berlin. 
    After her husband’s death, Scheper-Berkenkamp took over his color design business, spearheading the schemes for Hans Scharoun’s Philharmonie building in Berlin, the Egyptian Museum in Berlin, and the Berlin Tegel airport building, among others.